
La peor crisis energética que ha vivido Cuba en décadas ha obligado a miles de familias a reinventar su vida cotidiana. Apagones de casi todo el día, escasez de combustible, dificultades para cocinar, transportar alimentos o acceder al agua forman parte de una realidad que los ciudadanos enfrentan recurriendo a soluciones propias.
El escenario de la crisis en Cuba refleja la capacidad de los cubanos para adaptarse a condiciones cada vez más adversas mientras el Estado continúa sin ofrecer respuestas estructurales.
Un amplio reportaje publicado este 27 de julio por The New York Times, elaborado tras una semana de trabajo de sus periodistas en La Habana y otras zonas del país, sostiene que, pese a la presión ejercida por la Administración de Donald Trump sobre las importaciones de petróleo de Cuba, la isla "se las arregla para sobrevivir".
Sin embargo, los ejemplos recogidos por el diario estadounidense muestran que esa supervivencia descansa, sobre todo, en el ingenio y el esfuerzo de la población.
Entre los casos citados por el periódico figura el creciente reemplazo de los antiguos automóviles estadounidenses de los años cincuenta, de elevado consumo de gasolina, por motocicletas y mototaxis eléctricos de fabricación china.
También destaca la importación de baterías de litio para mantener encendidos ventiladores, televisores y otros equipos durante los prolongados cortes eléctricos, así como la instalación de paneles solares en viviendas e incluso en algunos vehículos.
El reportaje menciona además que numerosos cubanos han improvisado generadores adaptados para funcionar con gas natural, un combustible accesible en determinadas zonas del país. Todas esas iniciativas han terminado conformando una especie de red energética paralela, impulsada por los propios ciudadanos para compensar la falta de electricidad y la escasez de combustible.
Uno de los testimonios que recoge The New York Times es el de Humberto Palmero, agricultor de 55 años residente en Pinar del Río. Tras conocer las nuevas restricciones al suministro de petróleo, aprendió mediante videos de YouTube a destilar plástico desechado para obtener gasolina y diésel de forma artesanal.
Gracias a ese conocimiento, el cubano construyó una pequeña instalación en el patio de su casa para producir combustible destinado a su motocicleta y a su cocina. "Buscamos soluciones", afirmó Palmero.
Los periodistas también describen escenas que ilustran el deterioro de las condiciones de vida: familias que caminan durante horas para conseguir agua porque las bombas dejaron de funcionar por falta de diésel; mujeres obligadas a cocinar con leña en plena calle; refrigeradores convertidos en simples alacenas debido a los apagones, y carreteras llenas de personas esperando transporte tras la reducción del servicio de autobuses.
Más allá de la conclusión del diario estadounidense de que Cuba continúa resistiendo, el propio reportaje deja claro que esa resistencia tiene como principal protagonista al pueblo cubano.
La mayoría de las soluciones descritas no provienen de nuevas políticas públicas ni de mejoras en la infraestructura estatal, sino de ciudadanos que improvisan alternativas para sobrellevar una crisis que sigue marcando su vida diaria.
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