
El presidente Donald Trump proclamó el martes que la industria automotriz estadounidense ha resurgido como resultado directo de su política arancelaria, durante una visita al complejo de pruebas de General Motors en Milford, Michigan, donde se dirigió a trabajadores y directivos de la armadora.
Según un reporte de La Jornada, Trump atribuyó el movimiento de líneas de producción desde México hacia territorio estadounidense al arancel del 25% que su administración aplica a los vehículos fabricados fuera del país, vigente desde el 2 de abril de 2025.
«Durante años, vieron cómo las empresas trasladaban la producción de Estados Unidos a México, pero ahora están regresando, y la producción se está moviendo desde México», afirmó el mandatario ante los presentes en el acto.
Trump citó a Toyota, Hyundai y Ford como ejemplos de fabricantes que reubican operaciones dentro de EE.UU., y señaló que Ford destina 3,000 millones de dólares para producir piezas de una nueva camioneta en el centro de Michigan.
Respecto a General Motors, el presidente destacó que la empresa incrementó un 20% su producción de camionetas y vehículos utilitarios durante 2026 y que ha destinado 9,000 millones de dólares en los dos últimos años para ampliar sus operaciones en suelo estadounidense.
La lógica de su política comercial, según explicó Trump, es simple: «Si fabricas tu camioneta o tu automóvil en un país extranjero, tienes que pagar por el privilegio de enviarlo a nuestro mercado, pero si construyes en una fábrica en Michigan o en algún lugar de nuestro país, pagas cero aranceles».
La Casa Blanca publicó un comunicado titulado «Made in Michigan Again» en el que atribuye estas inversiones directamente a la agenda comercial del presidente, e indica que GM está invirtiendo 6,000 millones de dólares en manufactura en EE.UU., incluyendo la planta de Orion Township.
Sin embargo, medios especializados señalaron que algunos de esos planes de inversión fueron concebidos antes del regreso de Trump a la Casa Blanca, y que los aranceles podrían costarle a GM hasta 3,500 millones de dólares, mientras Ford y Stellantis esperan costos superiores a 1,000 millones de dólares cada una.
Durante el mismo discurso, Trump hizo referencia a México con un tono burlesco, imitando la pronunciación de la presidenta Claudia Sheinbaum al decir «Me-hee-ho» y amenazando con detener toda la inversión automotriz estadounidense en ese país. Sheinbaum había declarado el 23 de julio que ninguna automotriz le había informado planes de salida de México.
No obstante, Toyota sí anunció en julio una inversión de 3,600 millones de dólares para trasladar gradualmente parte de la producción de la Tacoma desde Tijuana, Baja California, hacia San Antonio, Texas, en un proceso que se extendería hasta 2030. Autoridades mexicanas aclararon que la planta de Guanajuato permanece activa y que no se trata de una salida total del país.
En paralelo, el representante comercial Jamieson Greer declaró que los nuevos aranceles del 10% o 12.5% impuestos a 60 países por supuestas prácticas de trabajo forzoso tendrían poco impacto económico, dado que sus tasas son similares a medidas arancelarias ya adoptadas a escala global.
«Hoy, me enorgullece decir que la industria automotriz está de vuelta, y Estados Unidos está de vuelta», concluyó Trump ante los trabajadores de GM en Michigan.
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