
La escritora y editora cubana Dulce María Sotolongo publicó este sábado un mensaje en Facebook en el que denuncia que su hijo lleva tres años encarcelado en Cuba sin que se le haya celebrado un juicio, en lo que ella describe como una negación sistemática del debido proceso.
«Mi hijo que ya lleva tres años preso sin juicio y a quien se le niega el debido proceso constantemente, como si hubiera matado a alguien o cometido un delito contra la seguridad del estado, ha visto en ese tiempo a su abogado, tal vez una vez y apurado», escribió Sotolongo.
El abogado contratado por la familia no solo ha visitado al joven en contadas ocasiones, sino que tampoco intervino el día en que el juicio fue suspendido.
«El día del juicio que se suspendió, no escuché su voz. Pudo decir que mi hijo tenía una menor a su cargo o que su conducta en la prisión era buena o quien sabe cuántos vericuetos legales para por lo menos sacarlo de ahí», lamentó la madre.
Con una ironía amarga, Sotolongo señala que fue una abogada de oficio —no el letrado pagado— quien logró detener temporalmente el proceso al detectar un tecnicismo derivado de un mal trabajo de la fiscalía.
«Dios Bendiga a los abogados de oficio. Ellos no tienen nada que perder y uno solo de ellos, una muchacha fue capaz de detener un juicio por un tecnicismo, mal trabajo de la fiscalía, pero ahora los que están pagando son los que tenían desde el inicio de su proceso un abogado», escribió.
Sotolongo, con casi cuatro décadas de trayectoria como editora, traza un paralelo entre su vida profesional y la angustia que vive como madre.
«Como editora, jamás en casi cuarenta años de profesión me he ofendido cuando un escritor de manera correcta me llama para preguntar algo, sé la ansiedad que provoca publicar un libro pero no es vital. La libertad de un ser humano, sí. Un día en la cárcel, cuenta», afirmó.
La escritora describe el agotamiento de una espera sin fin: intenta no importunar al abogado, se mantiene alejada de periodistas y siente que las autoridades la ignoran por completo.
«Ya no me importa si un día me desaparecen o me amenazan, cosas que nunca ha pasado. Claro, me ignoran. No existo», escribió.
El caso se enmarca en un patrón de detenciones prolongadas sin proceso judicial que organizaciones de derechos humanos han documentado ampliamente en Cuba.
Justicia 11J denunció en abril de 2026 que 775 personas permanecían como presas políticas en la isla, 338 de ellas vinculadas a las protestas del 11 de julio de 2021.
Prisoners Defenders documentó en mayo de 2026 un récord absoluto de 1,260 prisioneros políticos y de conciencia en Cuba, con denuncias de torturas, agresiones y amenazas de muerte.
Sotolongo cierra su mensaje con una referencia al escritor y exprisionero político Ángel Santiesteban-Prats, sometido en junio de 2026 a reclusión domiciliaria como medida cautelar por cargos que él rechaza.
«Que mal estoy. Realmente al borde del abismo. Pero confío en Dios. Libertad para mi hijo y sus compañeros de causa y para todos los presos a los que no se les ha seguido el debido proceso. Dichosas las que lloramos Santiesteban, como dice tu libro», concluyó.
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