El empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas, presidente del Cuba Study Group, fue categórico al evaluar las perspectivas de inversión en Cuba: sin transformaciones políticas de fondo, ninguna reforma económica tendrá credibilidad, advirtió en una extensa entrevista concedida al diario El País.
«Sin cambios políticos no hay seriedad ni credibilidad de las medidas. El año pasado le incautaron todas las cuentas bancarias en moneda extranjera a los vietnamitas, a sus socios privilegiados. ¿Qué credibilidad puede tener este gobierno? Ninguna», afirmó Saladrigas desde Miami.
El empresario respondió así al ser interrogado sobre si el paquete de 176 transformaciones económicas y sociales presentado por el régimen en junio representaba una apertura real al capitalismo.
Aunque reconoció que muchas de las medidas son necesarias y debieron adoptarse hace 20 o 30 años, su veredicto fue directo: «Las medidas están destinadas a fracasar», porque el gobierno pretende mantener el control sobre todo y no ha modificado las estructuras políticas fundamentales.
Saladrigas identificó como garantías indispensables para cualquier inversión seria un clima macroeconómico estable, un sistema bancario confiable, una moneda sólida, leyes que respeten la propiedad privada y un poder judicial verdaderamente independiente.
También reclamó cambios constitucionales que pongan fin al monopolio de un solo partido y el levantamiento de las sanciones económicas estadounidenses.
Sobre las garantías actuales para un inversor, fue igualmente tajante: «Prácticamente nada».
El empresario propone un «Plan Marshall» para Cuba basado en un pacto mediante el cual Washington elimine todas las sanciones por orden ejecutiva durante dos o tres años, mientras La Habana implementa reformas estructurales.
En paralelo, Cuba recibiría préstamos a muy largo plazo —que podrían ser pagados posteriormente o incluso perdonados— para restaurar la red eléctrica, sostener escuelas y hospitales, preservar el orden público y sentar las bases de una economía de mercado.
En una entrevista anterior, Saladrigas estimó entre 6,000 y 10,000 millones de dólares el costo de la primera fase de estabilización, con una duración de entre dos y cuatro años.
Según su propuesta, el financiamiento recaería principalmente sobre la diáspora cubana y el gobierno de Estados Unidos, con aportes menores de Europa y América Latina.
Sobre la Administración Trump, Saladrigas adoptó una posición ambivalente. Aplaudió la presión ejercida sobre el régimen, pero expresó profunda preocupación por las declaraciones en las que el presidente estadounidense afirmó que tendría «el honor de tomar Cuba» y que podría «hacer cualquier cosa» con la isla.
Al referirse a esa retórica, Saladrigas mencionó expresiones como «yo voy a ser el presidente de Cuba» o «Cuba es mía cuando yo quiera».
«Esas cosas me llegan hasta lo más profundo de mi corazón. Me duele escucharlas. Yo no quiero que Washington sea el que solucione los problemas cubanos. Lo tenemos que solucionar nosotros, en pleno ejercicio de nuestra autonomía», afirmó.
El empresario también cuestionó la falta de claridad de la Administración Trump sobre sus expectativas y acusó al régimen cubano de estar «jugando un jueguito de tratar de hacer lo menos posible o lo menos importante», mientras espera que las elecciones estadounidenses de noviembre y la guerra con Irán desvíen la atención.
En cuanto al papel del exilio, Saladrigas lo considera una fuerza motriz fundamental de la recuperación económica cubana, aunque advirtió que la generación con mayor capacidad financiera y vínculo emocional con Cuba ya tiene un horizonte de inversión limitado.
«Ya no veo las inversiones mías allí a largo plazo, porque en algún punto no voy a estar», reconoció.
Saladrigas también advirtió en junio de 2026 que los inversores no acudirán a Cuba mientras no haya transformaciones políticas, posición que reiteró ahora.
Su diagnóstico sobre el modelo cubano fue demoledor: «Cuba ha sido muy eficiente y muy buena en la distribución de la pobreza, pero ha sido desastrosa en la creación de la riqueza, y si no hay riqueza, no se puede resolver la pobreza».
Saladrigas llegó a Florida en agosto de 1961, a los 12 años, como parte de la Operación Pedro Pan, que trasladó a Estados Unidos a unos 14,000 menores cubanos no acompañados.
Décadas después, cofundó en 1984 The Vincam Group, empresa pionera en la administración de recursos humanos que llegó a ser considerada la mayor compañía hispana de su tipo en Estados Unidos y fue adquirida por ADP en el año 2000.
También cofundó el Cuba Study Group, organización dedicada a promover el desarrollo del sector privado en la isla.
Preguntas frecuentes sobre las propuestas de Carlos Saladrigas para Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué Carlos Saladrigas considera que las reformas económicas en Cuba fracasarán sin cambios políticos?
Saladrigas argumenta que sin transformaciones políticas de fondo, las reformas económicas carecerán de credibilidad y seriedad. Según el empresario, sin un poder judicial independiente y el fin del monopolio del partido único, los inversores no confiarán en el régimen cubano, lo que impedirá cualquier inversión seria en la isla.
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¿Qué condiciones propone Saladrigas para una inversión seria en Cuba?
Saladrigas establece tres condiciones para una inversión seria: un poder judicial independiente, cambios constitucionales que eliminen el monopolio del partido único, y el levantamiento de sanciones estadounidenses. Sin estas condiciones, sostiene que no hay garantías para los inversores y la economía cubana no podrá prosperar.
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¿En qué consiste el "Plan Marshall" propuesto por Saladrigas para Cuba?
El "Plan Marshall" propuesto por Saladrigas es una iniciativa para que Estados Unidos y la diáspora cubana financien la transición económica de Cuba. Consiste en levantar temporalmente las sanciones mientras Cuba implementa reformas estructurales y recibe préstamos a largo plazo para restaurar la infraestructura del país.
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¿Qué papel desempeñaría la diáspora cubana en la recuperación económica de la isla según Saladrigas?
Según Saladrigas, la diáspora cubana es fundamental para la recuperación económica de Cuba. Proyecta que la diáspora proporcionará capital semilla para impulsar las mipymes y jugará un papel crucial en las inversiones necesarias para la estabilización y reconstrucción económica de la isla.
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