¿Quo vadis Demócratas?

El Partido Demócrata debe decidir si quiere recuperar su tradición moderada. © José Daniel Ferrer.
El Partido Demócrata debe decidir si quiere recuperar su tradición moderada. Foto © José Daniel Ferrer.

El Partido Demócrata de Estados Unidos se encuentra cada vez más inclinado hacia posiciones de extrema izquierda y esto debería preocupar seriamente a todos los estadounidenses, independientemente de su filiación política. La mejor evidencia no está solamente en los discursos de sus figuras más radicales, en las campañas contra la empresa privada o en la creciente hostilidad hacia determinados valores tradicionales de la nación. También se encuentra en el escaso respaldo recibido por una reciente declaración de principios denominada “Promise to America”, o “Promesa a Estados Unidos”.

El documento, promovido por los congresistas demócratas Tom Suozzi y Adam Gray, contiene afirmaciones que, hasta hace pocos años, habrían sido consideradas completamente normales dentro de cualquiera de los dos grandes partidos estadounidenses. Sus firmantes declaran que son capitalistas, no socialistas; que desean seguridad, no anarquía; que creen en la responsabilidad, no en la imprudencia; que quieren un gobierno que resuelva problemas en lugar de crearlos; que son moderados, no extremistas, y que se sienten orgullosos de Estados Unidos, no avergonzados de su país.

¿Qué demócrata sensato podría rechazar semejantes principios?

No se trata de una plataforma extremista ni de una declaración partidista radical. Por el contrario, es un conjunto de ideas coherentes, positivas y profundamente vinculadas con los valores que hicieron grande a Estados Unidos: libertad económica, responsabilidad individual, respeto a la ley, moderación política, patriotismo y confianza en las instituciones democráticas.

Sin embargo, la declaración apenas ha sido respaldada públicamente por quince figuras demócratas: diez miembros de la Cámara de Representantes y cinco candidatos al Congreso. Es una cifra increíblemente baja para un partido que cuenta con centenares de legisladores, gobernadores, alcaldes, candidatos y dirigentes nacionales.

La inmensa mayoría de los políticos demócratas debería haber firmado inmediatamente un documento semejante. El problema no es únicamente que muchos no lo hayan hecho, sino lo que ese silencio puede significar. ¿Les resulta incómodo declararse capitalistas? ¿Temen afirmar públicamente que están orgullosos de Estados Unidos? ¿Consideran controvertido defender la seguridad, el orden, la responsabilidad fiscal y la moderación?

No firmar el documento no significa necesariamente que cada dirigente demócrata rechace todos sus principios. Algunos pueden alegar razones tácticas, desconocimiento de la iniciativa o desacuerdos con alguna formulación. Pero cuando una declaración tan elemental recibe un apoyo tan limitado, resulta inevitable preguntarse hacia dónde se dirige el partido: ¿Quo vadis Demócratas?

Durante las últimas décadas, sectores cada vez más influyentes del Partido Demócrata han sustituido el liberalismo democrático tradicional por un discurso que presenta al capitalismo como una forma de opresión; a la policía como enemiga de la sociedad, a las fronteras como algo moralmente cuestionable y al patriotismo estadounidense como una expresión de arrogancia o intolerancia.

 Esas posiciones ya no se encuentran solamente en pequeños grupos universitarios. Han penetrado en campañas electorales, organizaciones políticas, medios de comunicación y estructuras partidistas.

Estados Unidos necesita un Partido Demócrata fuerte, democrático y responsable. Una gran nación no se beneficia cuando uno de sus dos principales partidos se desplaza hacia los extremos. La democracia requiere alternativas políticas, debate y equilibrio, pero también necesita un compromiso común con los fundamentos esenciales del sistema.

El capitalismo estadounidense, con sus defectos y con la necesidad permanente de corregir errores, ha generado prosperidad, innovación y oportunidades como ningún sistema socialista ha conseguido hacerlo y ni lo hará nunca. La seguridad pública protege principalmente a los más vulnerables. El orgullo nacional no significa negar los errores históricos, sino reconocer que Estados Unidos sigue siendo una nación excepcional por su Constitución, sus libertades y su capacidad de renovación.

Que solamente quince figuras demócratas hayan firmado públicamente esta declaración constituye una señal de alarma. El problema no es que existan diferencias entre republicanos y demócratas. Eso es natural y saludable. Lo preocupante es que principios fundamentales de la nación parezcan haberse convertido en asuntos incómodos o controversiales dentro de uno de sus principales partidos.

El Partido Demócrata debe decidir si quiere recuperar su tradición moderada y patriótica o continuar avanzando hacia una izquierda radical que podría alejarlo de millones de estadounidenses. Lo que está en juego no es solamente el futuro de una organización política. También está en juego la estabilidad, la prosperidad y la grandeza de Estados Unidos.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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