
El presidente y consejero delegado de Meliá Hotels International, Gabriel Escarrer, quitó hierro al impacto financiero que ha supuesto el abandono definitivo de Cuba, al presentar los resultados del primer semestre de 2026, según recoge el portal turístico Reportur.
Escarrer subrayó que «la evolución positiva del negocio subyacente refuerza nuestra convicción de que se trata de un impacto puntual y sin afectación a la caja», y defendió una estrategia comercial centrada «en el valor más que en el volumen», apoyada en un mayor peso de los segmentos premium y lujo.
Un golpe contable que no refleja la salud del negocio
Los números del semestre presentan una imagen aparentemente contradictoria: el beneficio neto consolidado se desplomó hasta los 4,1 millones de euros, como consecuencia de una provisión extraordinaria de 79,4 millones registrada para cubrir saldos y activos vinculados a la isla cuya recuperación la compañía considera incierta.
Sin ese ajuste excepcional, el resultado neto de actividades continuadas habría alcanzado 83,4 millones de euros, en línea con ejercicios anteriores.
La dirección del grupo lo encuadró como una decisión de prudencia: «La opción de provisionar de forma conservadora la totalidad de saldos y activos de Cuba cuya recuperación resulta hoy difícilmente predecible tiene un impacto relevante en las cuentas del ejercicio, pero contribuye a reforzar la solidez, transparencia y credibilidad del balance del grupo».
El negocio operativo, en forma
Más allá del impacto cubano, los indicadores operativos muestran una cadena en expansión: los ingresos consolidados crecieron un 7.1 %, hasta los 1.047,4 millones de euros, y el EBITDA subió un 2.5 %, hasta los 244,7 millones.
El ingreso medio por habitación disponible (RevPAR) se disparó un 11.7 % en el semestre y un 14.2 % solo en el segundo trimestre, mientras las ventas por canal directo avanzaron un 12 %.
Las reservas para el segundo semestre superan en doble dígito las del año anterior, lo que lleva a la compañía a mantener su previsión de un EBITDA mínimo de 565 millones de euros en 2026, con al menos 40 nuevas firmas hoteleras y unas 30 aperturas previstas.
El fin de 36 años en Cuba
La salida de Cuba fue un proceso escalonado que culminó el 24 de julio con el cierre de los 34 hoteles que la cadena gestionaba en la isla a través de su filial portuguesa Ilha Bela Gestão e Turismo, poniendo fin a 36 años de presencia ininterrumpida.
El proceso arrancó cuando la Orden Ejecutiva 14404 firmada por el presidente estadounidense Donald Trump el 1 de mayo de 2026 designó al conglomerado militar cubano GAESA como entidad sancionada.
El 13 de julio, la administración Trump amplió las sanciones al Ministerio de Turismo de Cuba y a nueve entidades estatales adicionales, eliminando cualquier margen legal para continuar operando.
Meliá no fue la única en marcharse: Iberostar, Barceló y Blue Diamond Resorts también abandonaron Cuba en ese período. Las cadenas que se fueron controlaban más de 30,000 de las 86,559 habitaciones disponibles en la isla, un 35 % del total, y las pérdidas de empresas españolas se estiman entre 80 y 100 millones de euros.
Los mercados, aliviados
Los mercados financieros recibieron la salida con alivio. El Banco Sabadell había calificado la presencia en Cuba como «un foco de incertidumbre que llevaba años penalizando al grupo», y Deutsche Bank mantiene a Meliá como su única recomendación de compra entre las hoteleras europeas, con precio objetivo de 13 euros por acción.
Escarrer no cerró la puerta a un eventual retorno. Al preguntársele sobre si Cuba tiene futuro turístico, respondió con rotundidad: «Yo creo que sí, sin lugar a dudas».
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