
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos estaría intentando explorar divisiones en la cúpula del régimen cubano a través de un grupo de trabajo creado para dedicarse exclusivamente a la isla, según reveló este miércoles The New York Times citando fuentes cercanas a la operación.
El mandato del grupo, según esas fuentes, es «crear fisuras entre la élite política cubana, con la esperanza de presionar a los cubanos para que reemplacen a los considerados intransigentes antiestadounidenses por líderes más pragmáticos y más receptivos a las exigencias» del presidente Donald Trump.
El equipo ya ha comenzado a incorporar oficiales especializados en reclutamiento de espías, analistas de inteligencia, expertos en operaciones cibernéticas y especialistas en operaciones de influencia encubiertas, subraya el rotativo.
La CIA, consultada por el diario neoyorquino, declinó hacer comentarios.
A diferencia del grupo de trabajo que la agencia constituyó en 1960 —cuyos miembros supervisaron la fallida invasión de Bahía de Cochinos al año siguiente—, la nueva unidad no cuenta con socios cubanos organizados ni está autorizada a facilitar operaciones letales. Sin embargo, por su naturaleza flexible, el presidente puede modificar esas autoridades en cualquier momento.
La creación del grupo se inscribe en una escalada más amplia. La administración Trump revisó recientemente su Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia (NIPF) para situar a Cuba en la categoría de «Prioridad 1», al mismo nivel que China, Irán y Rusia.
Como consecuencia, agencias como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial han comenzado a redirigir satélites y otros recursos de recopilación hacia la isla. Esa nueva inteligencia también servirá al ejército estadounidense para actualizar sus opciones ante una eventual acción militar.
Uno de los movimientos más llamativos de esta ofensiva fue la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana el 14 de mayo, donde se reunió con el ministro del Interior Lázaro Álvarez Casas y con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo», nieto de Raúl Castro y coronel del MININT.
Ratcliffe transmitió un doble mensaje: reconoció a los servicios de inteligencia cubanos como «adversarios dignos y potenciales socios futuros», pero advirtió que se les acababa el tiempo para acometer los cambios que exige Trump, insinuando que Cuba podría convertirse en «la próxima Venezuela».
La referencia a Venezuela no era casual. La rapidez con que Trump logró la captura de Nicolás Maduro, en enero de este año, llevó a los asesores más belicistas de la administración a calcular que el régimen cubano podría desaparecer antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
No obstante, esos mismos halcones reconocen en privado que una acción decisiva contra La Habana «probablemente solo sucederá una vez que la guerra en Irán haya concluido definitivamente», según el diario.
Entre las herramientas que la CIA podría activar figura la divulgación pública de información sobre flujos de dinero y negocios de líderes cubanos dentro y fuera de la isla, con el fin de erosionar su imagen ante la opinión pública, una táctica que la agencia ya ha empleado contra Rusia.
El día anterior a la publicación del Times, Politico había reportado que Washington había enviado más activos de inteligencia a Cuba. Desde febrero, aeronaves de reconocimiento como el P-8A Poseidon, el RC-135V Rivet Joint y el MQ-4C Triton han acumulado más de 150 horas de misiones alrededor de la isla.
Los halcones anticubanos que rodean a Trump «aún creen que la administración finalmente dedicará los recursos y la atención necesarios para derrocar al gobierno cubano», concluye el Times, aunque el calendario depende, en buena medida, de lo que ocurra en el frente iraní.
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