Babalawo y masón cubano Juan Blanco Alzola: "Sí, hay motivos para tener esperanzas"

Babalawo y masón cubano Juan Blanco Alzola, junto a la publicación La Cadena, que acaba de estrenarse este jueves. © Cedidas
Babalawo y masón cubano Juan Blanco Alzola, junto a la publicación La Cadena, que acaba de estrenarse este jueves. Foto © Cedidas

Juan Antonio Blanco Alzola es babalawo y masón cubano, residente en Nueva York y vinculado profesionalmente al Departamento de Transporte del Estado de Massachusetts como arquitecto de Ingeniería de Redes. También es responsable de una nueva publicación, La Cadena, dirigida a la masonería, con el ánimo de rescatar su historia y las voces dispersas por todas partes del mundo. Además, forma parte de la Comisión Organizadora de la Letra del Año de la Asociación Miguel Febles (los yorubas independientes de Cuba).

La revista, estrenada este jueves, reúne a colaboradores de varios países y está pensada como un punto de intercambio de experiencias entre masones. CiberCuba entrevistó a Blanco Alzola a través de un cuestionario para saber qué hay detrás de este proyecto; por qué surge ahora, qué pretende aportar y cuál es el camino que sus impulsores esperan recorrer. Esta plataforma también le pidió al sacerdote de Ifá un mensaje de esperanza y el suyo fue rotundo: hay motivos para tenerla, pero hay que trabajar para construir ese futuro con el que soñamos.

Este jueves se presenta oficialmente La Cadena. ¿Qué significado tiene para usted?

Llegar al lanzamiento oficial de La Cadena representa para mí una combinación de alegría, responsabilidad, gratitud y profundo compromiso. No se trata solamente de presentar una revista digital. Se trata de ver materializada una idea que nació del deseo de preservar nuestra historia, reconocer el trabajo de quienes nos antecedieron y crear un espacio donde diferentes generaciones de masones puedan compartir conocimientos, experiencias y reflexiones.

Han sido muchas horas de investigación, redacción, diseño, revisión y coordinación con hermanos de diferentes lugares. Por eso, llegar a este momento significa comprobar que, cuando se trabaja con perseverancia, disciplina y una visión clara, una idea puede convertirse en una obra concreta.

También significa asumir una responsabilidad mayor. El lanzamiento no representa el final del trabajo, sino el comienzo de una nueva etapa. Como siempre decimos: la obra continúa.

Detrás de cada proyecto hay una historia. ¿En qué momento pensó: «Hace falta una publicación como esta»?

La idea surgió mientras trabajaba en la investigación histórica de La Fraternidad Lodge No. 387, una logia fundada en Nueva York en 1855 por el destacado masón cubano Andrés Cassard. Durante ese proceso pude comprobar que una parte importante de nuestra historia masónica se encontraba dispersa en archivos, libros, actas, fotografías, bibliotecas y recuerdos personales. También comprendí que muchas historias valiosas podían desaparecer si no hacíamos un esfuerzo organizado para preservarlas.

En ese momento pensé que hacía falta algo más que una recopilación de documentos. Era necesario crear un espacio vivo, accesible y atractivo, donde la historia pudiera encontrarse con el presente. Así nació La Cadena: de la necesidad de investigar, documentar y compartir, pero también de conectar personas, logias, países y generaciones.

La publicación lleva ese nombre porque una cadena está compuesta por eslabones. Cada hermano, cada testimonio, cada documento y cada generación representa uno de esos eslabones. Separados podemos hacer cosas importantes; unidos podemos construir un legado mucho más fuerte.

Hoy existe una enorme cantidad de información en internet. ¿Por qué consideró que era necesario lanzar una revista masónica digital precisamente ahora?

Precisamente porque existe tanta información, se necesita mayor responsabilidad para identificar, organizar y presentar contenidos que sean serios, verificables y verdaderamente útiles. Internet nos ofrece un acceso extraordinario al conocimiento, pero también contiene información fragmentada, repetida, descontextualizada o, en algunos casos, incorrecta. La Cadena busca contribuir de una manera diferente: investigando, consultando fuentes, preservando documentos y presentando los temas con claridad y respeto.

El formato digital nos permite llegar a hermanos de numerosos países sin las limitaciones económicas y geográficas de una publicación exclusivamente impresa. También facilita que la revista pueda ser consultada, compartida y conservada por futuras generaciones. Este era el momento adecuado porque la tecnología nos permite crear puentes que antes eran mucho más difíciles de construir. Sin embargo, queremos utilizar esa tecnología no para producir información apresurada, sino para preservar memoria, promover educación masónica y fortalecer la fraternidad. Nuestra filosofía es muy sencilla: calidad, no cantidad.

La Cadena se define como una publicación independiente. ¿Qué quiere decir exactamente esa independencia?

La independencia significa que La Cadena no es el órgano oficial de una Gran Logia, logia, partido político, gobierno ni institución religiosa. Es una iniciativa editorial personal y colaborativa que respeta profundamente la regularidad masónica, las autoridades de cada jurisdicción y la autonomía de todas las instituciones, pero que mantiene su propia identidad y criterio editorial.

Esa independencia nos permite incluir voces de diferentes países, culturas, generaciones y experiencias, siempre dentro de un marco de respeto, fraternidad y responsabilidad. No buscamos intervenir en asuntos internos de ninguna jurisdicción ni convertir la revista en un espacio de confrontación. Tampoco pretendemos hablar en nombre de toda la masonería. Nuestra línea editorial estará centrada en la historia, la cultura, la educación masónica, la investigación, la memoria institucional, las actividades fraternales y las contribuciones que puedan ayudar a construir un mejor entendimiento entre los hermanos.

La independencia no significa ausencia de principios. Por el contrario, significa que debemos ser aún más rigurosos, equilibrados y responsables con cada contenido que publiquemos.

Uno de los aspectos que más llama la atención es la participación de autores de distintos países. ¿Cómo ha conseguido reunir voces tan diversas en torno a un mismo proyecto?

Ha sido posible gracias a la confianza, la amistad y los vínculos fraternales construidos a lo largo de muchos años. Cuando expliqué la misión de La Cadena, muchos hermanos comprendieron inmediatamente que no se trataba de promover a una sola persona, logia o país. Se trata de crear un espacio donde cada participante pudiera aportar una parte de su historia y de su experiencia. La masonería tiene una extraordinaria diversidad cultural. Cada país, cada jurisdicción y cada logia posee historias, tradiciones y protagonistas que merecen ser conocidos.

Lo que ha unido a todas estas voces es una idea común: la historia masónica debe conservarse y compartirse con las futuras generaciones. Estoy profundamente agradecido con los Grandes Maestros, Pasados Grandes Maestros, dignatarios, investigadores, escritores y hermanos que depositaron su confianza en este primer volumen. Cada colaboración representa un eslabón de la cadena.

Aunque el lanzamiento es ahora, imagino que el proyecto ya ha despertado expectación. ¿Qué respuesta ha recibido hasta el momento por parte de la comunidad masónica?

La respuesta inicial ha sido mucho más amplia y positiva de lo que imaginé. Antes del lanzamiento público compartimos ejemplares de presentación con determinadas personas que colaboraron o apoyaron el proyecto. Hemos recibido mensajes de hermanos de diferentes países, felicitaciones, observaciones constructivas y, sobre todo, un gran interés por participar en futuras ediciones.

Me ha emocionado especialmente comprobar que hermanos con muchos años de experiencia y también masones más jóvenes han encontrado algo con lo que pueden identificarse. Algunos valoran principalmente la investigación histórica. Otros destacan la presentación visual, la diversidad internacional o la oportunidad de conocer el trabajo realizado en otras jurisdicciones. También estamos preparados para recibir críticas. Todo proyecto nuevo puede ser mejorado. Las críticas respetuosas, específicas y constructivas serán siempre bienvenidas porque pueden ayudarnos a crecer. Lo verdaderamente importante es no perder la misión original ni permitir que los elogios o las críticas nos aparten del propósito de la publicación.

La revista nace con una clara vocación de investigación y divulgación. ¿Qué tipo de colaboraciones buscan y cómo puede participar cualquier masón que tenga algo valioso que aportar?

Buscamos colaboraciones relacionadas con la historia masónica, biografías de hermanos destacados, investigaciones documentales, historia de logias, preservación de archivos, educación masónica, experiencias fraternales, cultura, filosofía y actividades que representen un aporte positivo para la comunidad. También nos interesan fotografías históricas, actas, cartas, certificados, objetos, testimonios y documentos que puedan ser estudiados y preservados adecuadamente.

Cualquier hermano que considere que posee una historia o información valiosa puede comunicarse con el equipo editorial de La Cadena. No es necesario ser un escritor profesional. Lo más importante es la autenticidad del testimonio, el valor del contenido y la disposición para colaborar en su verificación y presentación. Nuestro equipo puede ayudar a organizar, editar y dar forma al material, respetando siempre la voz y la intención del autor. Deseamos abrir las puertas, pero también mantener estándares editoriales. Cada colaboración será revisada para comprobar su relevancia, sus fuentes y su coherencia con la misión de la publicación.

Mirando al futuro, ¿cómo imagina La Cadena dentro de unos años? ¿Qué metas se ha marcado como editor?

Imagino a La Cadena convertida en un archivo digital de referencia, compuesto por numerosos volúmenes que documenten diferentes aspectos de la historia y la vida masónica. Mi aspiración es que cada edición conserve su propia identidad y que, al mismo tiempo, forme parte de una obra mayor. Deseo que podamos continuar incorporando autores de diversos países, rescatar documentos que nunca hayan sido publicados, reconocer a hermanos cuyo trabajo merece ser recordado y crear ediciones temáticas dedicadas a figuras, instituciones y acontecimientos históricos.

También me gustaría que, con el tiempo, la publicación desarrollara un archivo digital organizado, índices de búsqueda y posiblemente ediciones impresas especiales para bibliotecas, investigadores y coleccionistas. Sin embargo, no deseo que el crecimiento ocurra a costa de la calidad. Prefiero publicar menos y hacerlo correctamente, antes que producir mucho contenido sin profundidad. La meta principal no es alcanzar un determinado número de lectores. La verdadera meta es construir algo que conserve valor con el paso del tiempo.

Para terminar esta primera parte, si pudiera enviar un mensaje a los masones de cualquier parte del mundo que descubran la revista por primera vez, ¿cuál sería?

Les diría que reciban La Cadena como una invitación. Una invitación a conocer nuestra historia, a preservar los documentos de sus logias, a escuchar a los hermanos de mayor experiencia y a dar oportunidades a las nuevas generaciones. También es una invitación a mirar más allá de nuestras diferencias de idioma, nacionalidad o cultura. La masonería universal posee muchas expresiones, pero comparte principios capaces de acercarnos. La Cadena no pretende tener todas las respuestas ni representar a todos. Solamente desea aportar un espacio serio y fraternal para aprender, recordar y construir. A cada hermano que descubra la publicación le diría: esta cadena también puede tener un eslabón con su historia, su trabajo y su voz.

¿Cómo cree que será recibida La Cadena por los masones cubanos?

Espero que sea recibida con afecto, curiosidad y sentido de pertenencia. Cuba posee una extraordinaria tradición masónica. Su historia está vinculada a hombres que contribuyeron al pensamiento, la educación, la cultura y la formación de la nación cubana. Para los masones cubanos, dentro y fuera de la isla, La Cadena puede representar un puente. No un puente político, sino histórico, cultural y fraternal.

Sé que algunos hermanos podrán tener opiniones diferentes sobre determinados temas o sobre la manera en que se presentan. Eso es natural. La diversidad de criterios forma parte de toda comunidad viva. Lo importante será que comprendan que la publicación nace desde el respeto y desde el deseo de reconocer la contribución de la masonería cubana a la historia universal de la institución. Como cubano y como masón, esa conexión representa para mí una responsabilidad muy especial.

¿Cree que es posible enviar un mensaje de esperanza a los masones cubanos en estos momentos?

Sí. Siempre es posible y necesario ofrecer un mensaje de esperanza, pero debe ser una esperanza responsable, no una promesa vacía. A los masones cubanos les diría que su historia, su sacrificio y su trabajo no han sido olvidados. A pesar de las dificultades, continúan existiendo hermanos que sostienen sus logias, preservan sus templos, educan a las nuevas generaciones y mantienen viva una tradición de gran importancia para Cuba.

La esperanza también significa mantener abiertos los puentes entre los masones cubanos que viven en la isla y los que residen en otros países. Podemos encontrarnos en el respeto a nuestra historia, en el amor por nuestras raíces y en los principios que compartimos.

Las circunstancias materiales pueden ser difíciles, pero mientras existan hombres dispuestos a trabajar con dignidad, fraternidad y perseverancia, siempre habrá motivos para mantener la esperanza. La historia demuestra que ninguna noche es eterna. Pero la luz no llega solamente esperando: también se construye mediante el conocimiento, la unidad y el trabajo.

Juan A. Blanco Alzola no solo es masón. También es babalawo. ¿Cómo ve el futuro de Cuba? ¿Hay motivos para tener esperanzas?

Como cubano, masón y babalawo, contemplo el futuro de Cuba desde tres dimensiones que para mí no están enfrentadas: la razón, la experiencia y la espiritualidad. No considero responsable presentarme como alguien capaz de predecir exactamente el futuro de una nación. La religión yoruba nos enseña a observar, reflexionar, corregir conductas y comprender que toda acción produce consecuencias.

Mi esperanza en Cuba no está basada en una profecía ni en una consigna política. Está basada en su pueblo, en su historia, en su capacidad de resistir y en el talento de los cubanos que viven dentro y fuera de la isla.

Cuba necesita reconciliación, entendimiento, respeto entre sus hijos y la capacidad de poner el bienestar común por encima de los resentimientos, las diferencias personales y los intereses particulares.

La verdadera esperanza requiere cambios de actitud. Requiere escuchar, reconocer errores, respetar la dignidad humana y comprender que ningún sector posee por sí solo todas las soluciones.

Desde mi fe, pido a Olodumare y a los Orishas sabiduría, salud, protección y claridad para el pueblo cubano.

Desde mi condición de masón, creo en la educación, la tolerancia, la libertad de conciencia, el diálogo y el trabajo como instrumentos de construcción.

Y desde mi condición de cubano, deseo que algún día todos podamos mirar nuestra patria sin odio y sin divisiones, entendiendo que Cuba es mayor que cualquiera de nosotros.

Sí, hay motivos para tener esperanza. Pero debemos comprender que la esperanza no consiste solamente en desear un futuro mejor. Consiste en trabajar responsablemente para construirlo.

Solos podemos ser eslabones aislados; unidos podemos convertirnos en una cadena fuerte.

Hágase la Luz.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Dirigió el periódico El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de edición murciana de 20 minutos, asesora en Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España); prensa en Grupo Mixto Asamblea de Melilla y gerente en Museo Casa Pintada. Periodista en La Verdad y SER






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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Dirigió el periódico El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de edición murciana de 20 minutos, asesora en Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España); prensa en Grupo Mixto Asamblea de Melilla y gerente en Museo Casa Pintada. Periodista en La Verdad y SER

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