
Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y sobrino-nieto de Raúl y el dictador Fidel Castro, apareció este domingo en una jornada de «trabajo voluntario» en El Vedado, apenas dos días después de que The New York Times lo identificara como la figura que el régimen estaría posicionando para un eventual escenario de transición.
La actividad fue documentada en Facebook por Roilán Rodríguez Barbán, primer secretario del Partido Comunista en el municipio Plaza de la Revolución, quien publicó que «compartimos la jornada de trabajo con el viceprimer ministro Oscar y la miembro del Buró Político y secretaria de la FMC, compañera Teresa Amarelle».
La lectura de la aparición es transparente: el régimen necesita construir una imagen de Pérez-Oliva Fraga como cuadro cercano al pueblo, con los pies en la tierra, capaz de arremangarse junto a los vecinos de un barrio habanero. El contraste con su perfil habitual —reuniones en Kazajistán, encuentros con el canciller español en Madrid, entrevistas en CNN Español— no podría ser más calculado.
El análisis del New York Times del 8 de agosto, que identificó al funcionario como posible figura de recambio, también advirtió que sería «casi con seguridad inaceptable» para Washington. Esa etiqueta no ha frenado al régimen, sino que parece haberlo acelerado en su campaña de relaciones públicas internas.
Pérez-Oliva Fraga es hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, hermana mayor de Fidel y Raúl, lo que lo convierte en el heredero dinástico más visible de la nomenclatura. Fue promovido a viceprimer ministro en octubre de 2025, acumulando ese cargo al de ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera.
El mismo acto de trabajo voluntario fue escenario de la arenga de Rodríguez Barbán, quien proclamó ante una audiencia de apenas una decena de personas que «¡Nada es imposible!». «Los revolucionarios de corazón siempre sabemos que no hay nada imposible», declaró megáfono en mano.
El contexto político inmediato tampoco ayuda a la credibilidad del ejercicio, pero la aparición de Pérez-Oliva Fraga barriendo una calle del Vedado junto a Amarelle —miembro del Buró Político— funciona como un intento de refrescar la imagen de una cúpula que acumula décadas de promesas incumplidas.
La presencia del sobrino-nieto de los Castro en un acto de escoba y consignas, rodeado de hashtags revolucionarios, resume con precisión la estrategia del régimen: cuando la realidad no cambia, se cambia la foto.
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