
Mayumis Núñez tiene 44 años, vive en Centro Habana y duerme en una cama improvisada en la acera frente al edificio donde residía, declarado inhabitable tras su colapso. Cada mañana sube a las ruinas de su apartamento para bañarse, si hay agua, y luego se marcha a trabajar.
Su historia, recogida por la agencia AFP, es la imagen más concreta de lo que significa «resolver» en Cuba cuando no existe ninguna solución real.
La población de la isla está agotada de improvisar salidas ante la escasez, los apagones y el deterioro material. El estrés y el sufrimiento acumulados preocupan a los especialistas en salud mental en la Isla.
Tania Peón, directora de Salud Mental de La Habana, lo describe sin rodeos: «Es un estrés sobre el estrés». Según ella, «buena parte de la población vive en un estado permanente de alerta» porque «las personas están en función de resolver necesidades básicas durante todo el tiempo», sin margen para el descanso emocional.
La señal más grave que lanzó Peón apunta a los más jóvenes: «En el primer semestre de este año hemos estado observando un incremento de la conducta suicida de nuestros adolescentes» en La Habana.
Los datos científicos respaldan esa percepción clínica. Un estudio publicado en Social Science & Medicine —basado en una encuesta a 415 adultos cubanos realizada entre julio y noviembre de 2025— encontró niveles devastadores de malestar psicológico: 55,4% con depresión extremadamente severa, 66% con ansiedad severa y 65,8% con estrés extremo.
Los investigadores subrayan que el factor más dañino no es la duración de los apagones en sí, sino su impacto funcional en la interrupción de rutinas tan básicas como cocinar, dormir, trabajar o estudiar. Los adultos más jóvenes resultaron ser el grupo con mayor vulnerabilidad tanto al estrés como a los síntomas depresivos.
A ese análisis se suma la escasez de medicamentos psiquiátricos. En 2026, en el país solo el 30% del cuadro básico de medicamentos está cubierto. Entre las medicinas en falta están los psicofármacos.
El contexto habitacional agrava la situación. Miles de familias conviven en apartamentos diminutos y en edificios en mal estado constructivo, con carencia de agua potable y apagones continuos.
En La Habana se registran alrededor de 1,000 edificaciones colapsadas al año. El déficit de viviendas en Cuba superaba las 929,000 unidades según estimaciones de 2026. El Estado terminó apenas 5,493 viviendas en 2025 frente a un plan de 10,795, según cifras oficiales.
Es en ese marco donde se inscribe el caso de Mayumis Núñez: no es una excepción, sino una de las decenas de familias que permanecen a la intemperie sin que el régimen ofrezca respuesta.
Durante décadas, «resolver» fue una idea presentada por el régimen como una virtud cubana, prueba de resiliencia y creatividad popular. Lo que el deterioro acumulado de 67 años de dictadura deja ver ahora es otra cosa: una población sometida a una presión permanente, que no descansa. Eso está dejando huella en la salud mental de adultos, jóvenes y adolescentes.
Preguntas frecuentes sobre la crisis de salud mental en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es el impacto de la crisis en Cuba sobre la salud mental de su población?
La crisis en Cuba ha generado niveles extremadamente severos de depresión, ansiedad y estrés en la población. Un estudio publicado en 2026 reveló que el 55,4% de los adultos sufre depresión extremadamente severa, el 66% padece ansiedad severa y el 65,8% está afectado por un estrés extremo. Estos problemas se ven agravados por la falta de soluciones estructurales y la escasez de medicamentos psiquiátricos.
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¿Cómo afectan los apagones a la vida diaria y la salud mental de los cubanos?
Los apagones en Cuba interrumpen rutinas diarias básicas como cocinar, dormir y trabajar, lo que provoca un impacto funcional significativo en la vida cotidiana. Esta disrupción genera un estrés crónico en la población, y es uno de los principales factores que contribuyen a los altos niveles de depresión y ansiedad reportados en el país. La incertidumbre sobre cuándo habrá electricidad agrava aún más la situación psicológica de los cubanos.
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¿Qué consecuencias tiene la escasez de medicamentos psiquiátricos en Cuba?
La escasez de medicamentos psiquiátricos en Cuba complica el tratamiento de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad. En 2026, solo el 30% del cuadro básico de medicamentos estaba cubierto, lo que incluye una falta crítica de psicofármacos. Esta carencia impide que muchas personas reciban la atención adecuada, exacerbando la crisis de salud mental en la isla.
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¿Qué impacto tiene la situación habitacional en la salud mental de los cubanos?
El deterioro de las condiciones habitacionales en Cuba contribuye al estrés continuo que vive la población. Miles de familias residen en apartamentos en mal estado, sin agua potable y con apagones constantes. Este entorno, junto con el déficit habitacional que supera las 929,000 unidades, agrava la situación de salud mental, especialmente en los más jóvenes que enfrentan un aumento de conductas suicidas.
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