Militar cubano pidió la renuncia de Fidel y Raúl Castro en una reunión y lo condenaron a 20 años de cárcel

Máximo Omar Ruiz Matoses, en entrevista con CiberCuba. Foto © CiberCuba.

Un exteniente coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) cubanas relató cómo se levantó ante la plana mayor del Ejército en una reunión militar y exigió públicamente la renuncia de Fidel y Raúl Castro, un acto de valentía que le costó casi dos décadas de prisión. Máximo Omar Ruiz Matoses, ingeniero en radares y telecomunicaciones, narró el episodio en una entrevista con Tania Costa, en CiberCuba.

Corría el año 1990. La reunión había sido convocada para revisar los acuerdos del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, convocado por Raúl Castro en marzo de ese año, en pleno Período Especial. En la tribuna, la cúpula militar exponía el llamado «plan alimentario» que Fidel Castro pretendía implantar. Fue entonces cuando Ruiz Matoses tomó la palabra.

«Los problemas de Cuba no se resuelven con planes alimentarios. Los problemas de Cuba se resuelven con la renuncia del comandante», declaró ante sus compañeros de armas, según relata en la entrevista.

El jefe de la dirección política le preguntó si se refería también al hermano. La respuesta fue directa: «Los dos. Y el hermanito también. Para sus casas, que nadie los toque, para poner un gobierno tecnócrata que dirija el país. Gente que sepa de verdad. Porque hasta ahora ha sido un fiasco».

La reunión se disolvió de inmediato. Sin embargo, lo que más llama la atención del relato de Ruiz Matoses es la reacción de sus compañeros: ninguno lo denunció. «Se acabó la reunión como la fiesta del guatao. Pero nadie en esa reunión se paró a incriminarme», afirmó.

Las reacciones oscilaron entre la preocupación y la complicidad silenciosa. «Lo único que me decían: Matoses, estás loco. Otros me decían: Matoses, te embarcaste. Otros me miraban, me daban dos palmaditas en el hombro, pero ninguno me dijo: Matoses, sé que tú eres un traidor», recordó el exoficial.

Ese silencio colectivo, según Ruiz Matoses, reflejaba el descontento generalizado que existía entre los mandos militares cubanos en aquella época, aunque nadie se atrevía a expresarlo abiertamente. Muchos de esos que ya estaban descontentos en los 90, han seguido escalando posiciones dentro de la nomenklatura.

El exteniente coronel también conecta su historia con la de su amigo personal, el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, fusilado el 13 de julio de 1989 tras la Causa 1 de 1989, el proceso que analistas y testimonios como el suyo describen como una purga política orquestada por el régimen para eliminar figuras incómodas dentro de las FAR y el Minint.

Ruiz Matoses recuerda que hasta el último momento estuvo convencido de que Ochoa no sería ejecutado. Estaba en la barbería cuando el barbero le preguntó si creía que lo fusilarían. «En mi cabeza no cabía que fueran a fusilar al general, el más grande guerrero de las Fuerzas Armadas», dijo. Critica con dureza al fiscal del juicio: «Lo mandó a matar y Escalona, como un perrito faldero, cumpliendo todo lo que le decían».

Por su intervención en la reunión, Ruiz Matoses fue condenado a 29 años de privación de libertad, pena que en acumulación quedó en 20 años —el máximo carcelario de entonces—. Para él fue un alivio escuchar esa condena porque llegó a temer que lo fusilaran como a Ochoa. Los cargos incluyeron deserción, salida ilegal del país y espionaje, todos los cuales negó. Cumplió casi dos décadas en condiciones de aislamiento, parte de ellas en la prisión de Guanajay, donde también estuvo recluido José Abrantes, exministro del Interior condenado en la Causa 2 de 1989.

Tras cumplir su condena, Ruiz Matoses se exilió en España y se integró al Movimiento Cubano de Militares Objetores de Conciencia, grupo de exoficiales que desde el exilio pide a los militares activos no reprimir a la población cubana. En enero de 2024 firmó una carta colectiva dirigida a sus excompañeros en activo.

Su testimonio llega días después de que la periodista Tania Costa entrevistara en CiberCuba a Ileana de la Guardia, hija del coronel Tony de la Guardia, fusilado junto a Ochoa aquel 13 de julio de 1989.

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