Teniente Coronel (r) Máximo Omar Ruiz Matoses Foto © Cortesía entrevistado

La mayoría de militares padecen la misma pobreza que los cubanos, advierte ex teniente coronel Ruiz Matoses

Máximo Omar Ruiz Matoses (Guantánamo, 1945): Ex teniente coronel de las FAR y el MININT cubanos, cumplió casi veinte años de prisión, en condiciones de aislamiento, y acaba de firmar una carta de varios exmilitares a sus compañeros de armas en Cuba exhortándolos a que no participen en la represión de protestas populares.

Nacido pocos meses después de finalizar la II Guerra Mundial, pasó su niñez en Santiago de Cuba y en 1959 llegó a La Habana, coincidiendo con el triunfo de la revolución cubana, a la que sirvió como militar graduado en la URSS con notas sobresalientes y con amplios conocimientos técnicos, que puso al servicio del Gobierno cubano, pero que luego le sirvieron para trabajar en el destierro forzoso en España.

Su sentencia es un canto a la arbitrariedad jurídica: Condenado por deserción, pero lo detienen en su despacho de trabajo y portando su arma reglamentaria; salida ilegal del país, nunca lo intentó, pese a viajar a varios países en misiones oficiales y nunca haberse quedado; espionaje, nunca se le pudo probar, y fue el designado para instalar un sistema de comunicación audiovisual en el despacho del entonces Comandante en Jefe; conducta deshonrosa, pero en su expediente militar no hay un solo señalamiento previo y desacato, pese a que propuso la jubilación de Fidel y Raúl Castro Ruz en una reunión convocada por el alto mando para analizar la situación de Cuba. 

Apunta al coronel Alejandro Castro Espín como supuesto responsable de los ataques sónicos contra diplomáticos de Canadá y Estados Unidos en La Habana, con una técnica del GRU soviético y cuenta una anécdota desternillante de una pareja de ingleses perdidos en las inmediaciones del río Almendares.

Guarda gratitud al fallecido cardenal Jaime Ortega Alamino, a Elizardo Sánchez Santacruz y a la diplomacia española que agilizó su nacionalidad y viaje a la tierra de sus ancestros, donde vive semijubilado, pero conservando la disciplina y el rigor de toda su vida y ese dictum criollo que se mete una y otra vez en la conversación, al son de su afectuosa advertencia: Ponte cubano a pensar...

Junto a otros militares cubanos retirados has promovido una carta pública a miembros del ejército castrista en activo para que no participen en la represión de las protestas populares. ¿Cómo se gestó? ¿Cuántos exmiembros de la FAR y el MININT respaldan vuestra iniciativa?

Hay datos sobre la participación de otros compañeros de armas en activo que no podemos suministrar, por razones obvias, y nuestra iniciativa se gestó por nuestra preocupación, compartida por muchos compañeros militares, por la crisis que afecta a nuestra patria.

¿Consideras a los militares cubanos un bloque monolítico que respalda a Raúl Castro Ruz, como proclama La Habana, o hay reformistas y disidentes de la línea oficial entre los jefes y oficiales del ejército y el MININT?

Es un hecho que hay muchas grietas en el entramado supuestamente monolítico de las fuerzas militares de la dictadura cubana que el gobierno pretende presentar como tal. La realidad es otra. El exiguo presupuesto para elevarles el nivel de vida a los oficiales FAR y MININT es incapaz de crear una barrera castrense entre los militares y la población.

En cualquier barrio de Cuba, miras a la izquierda o a la derecha y te encontrarás una familia de militar, sujeta a las mismas privaciones de las familias aledañas. Ponte cubano a pensar que ese militar podrá tener algún que otro electrodoméstico más que su vecino, pero en la concreta, cuando se va la corriente (el apagón) se le va a la cuadra completa y entonces surge la pregunta: ¿Qué mas da que el Capitán o el Mayor, o el Teniente Coronel tengan un ventilador más que el civil vecino, o un refrigerador último modelo?

El apagón es implacable y afecta tanto al civil como a al militar. El suministro de agua potable a la población es la misma historia, así como la cuota que recibe cada familia por la mal llamada "Libreta de Abastecimientos". ¡Cuántas veces, el militar, madrugador por excelencia, debe escuchar a la esposa decirle que, si quiere tomar el buchito de café, tendrá que hacerlo en su unidad militar porque el suministrado por la libreta se acabó?

El militar de filas de nuestras fuerzas armadas es de origen popular y nuestros compañeros de armas, en general, no viven en barrios exclusivos, salvo una pequeña nomenclatura de privilegiados que, sí verdaderamente, viven a espaldas del pueblo.

Pregúntenle a Raúl (Castro) sobre el sistema de alarma instalado en “La Rinconada” (mansión del aludido en el oeste de La Habana), a finales de la década de los ochenta que costó poco más de 126 mil dólares dólares; ¿de dónde los sacó? Porque, en primer lugar, es su vivienda privada y, en segundo lugar, el salario de Raúl no es en dólares.

Al militar de filas, salvo gente como un López-Callejas (General y Presidente del monopolio militar-empresarial GAESA), perrón de Raúl e impresentable que fue ascendiendo hasta llegar a General por el solo hecho de estar casado con una hija del entonces ministro de las FAR, no puede poseer dólares, so pena de ser castigado por las ordenanzas de las Fuerzas Armada, ni puede tener nexo alguno con familiares en el exilio porque de hacerlo, violaría la Orden 1 del Comandante en Jefe, en sus órdenes Decimotercero y Decimocuarto.

También sabemos que Raúl (Castro) tiene una mansión en el Segundo Frente a toda leche, donde seguramente quiere vivir sus últimos días y, por supuesto, toda la partida de oportunistas de sus familias tanto el hijo tuerto coronel, por obra y gracia del nepotismo que siempre practicó Raúl en las FAR y en la vida civil, como muestra su hijita Mariela moco pegao y su nietecito, clásico guapo de barrio, a lo Bernabé, por supuesto...

En vuestra carta, piden que GAESA deje de seguir teniendo el monopolio del sector exterior de la economía cubana, ¿por qué? ¿Qué opinión te merece que uno de los argumentos usados en las Causas 1 y 2 de 1989 es que los uniformados no debían hacer negocios y ahora los mayores negociantes son el General de Brigada Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y sus subordinados?

GAESA comienza a extenderse bajo el mandato del General de Cuerpo de Ejercito Julio Casas Regueiro y por indicaciones expresas de Raúl Castro, a su entonces yerno y capitán Lopez-Callejas, se lo clavan al entonces Viceministro para que fuera asumiendo las funciones de Casas Regueiro, que ya descollaba como futuro Ministro de las FAR cuando Raúl relevara al coma-andante.

GAESA creció como la espuma y absorbió rápidamente a Gaviota, Aero Gaviota, etcétera, etc. y se convirtió en la principal fuerza en el país en el manejo de divisas. Ya el MININT estaba defenestrado, poco antes de la extraña muerte de el General de División José Abrantes Fernández, en la tristemente célebre Área Especial de la prisión de Guanajay. Hasta el truene de Abrantes, era la jefatura del MININT quien poseían el control de las divisas que entraban o salían de Cuba, incumpliendo la Orden 1 de Fidel Castro, aún en vigencia, pero para los oficiales de filas no para los de GAESA.

Algunos oficiales han sido premiados por este sistema implantado por Raúl Castro y el tal López-Callejas, que se sustenta en un nepotismo puro y duro, pero a la mayoría de los oficiales de las FAR se les aplica el Plan Camarioca: "Hay, pero no te toca".

Parte sentencia contra Ruiz Matoses / Foto: Cortesía entrevistado

Cumpliste 20 años de cárcel por pedir -en una reunión del alto mando- la jubilación de Fidel y Raúl Castro Ruz; ¿cómo fue aquella reunión, cómo reaccionaron tus compañeros?

Viendo el estado de cosas reinante en Cuba y ante los acontecimientos nefastos de 1989-90, cuando fusilan al General de División Arnaldo Ochoa Sánchez y otros tres compañeros de infortunio, para -claramente- tapar la participación de Fidel y Raúl Castro Ruz en el narcotráfico, como máximos responsables, solicité el retiro, disgustado por la situación reinante y por saber a ciencia cierta que, los mismos que pedían la pena capital para estos compañeros de armas, eran los principales responsables de que Cuba fuera el eje de la droga que entraba en Estados Unidos desde Suramérica.

Me consta que, a pedido del coronel Carreño, entonces Jefe del CIMEQ (hospital del MININT) a mediados de los ochenta se me ordena poner un sistema de alarma infalible en los frigoríficos de este exclusivo centro, donde lo mismo se atendía Daniel Ortega que los terroristas colombianos de las FARC y, cuál no sería mi sorpresa cuando, al enseñarles el manejo del sistema, constato que los almacenes refrigerados están hasta los topes de bolsas de cocaína, todo ello, dicho claramente por estos funcionarios del MININT, que la droga almacenada allí pertenecía al mismísimo Comandante en Jefe.

Con estos conocimientos y otros de menor cuantía, cuando fusilan a estos compatriotas, monté en cólera, pues yo estaba consciente que los principales culpables eran Fidel y Raúl Castro y solicité el pase a retiro.

Me reuní con la mandancia, que era reacia a concederme el retiro y me alegan que aún no tenía los 25 años cumplidos y que me faltaban unos meses, hasta diciembre. Yo les explico que aguantaría hasta diciembre de 1989 y que, en cualquier lugar donde me destinaran, el 27 de ese mes saldría por la puerta de la unidad a como diera lugar. Hasta aquella reunión, fungía como jefe del Grupo especial de desarrollo técnico de la Contrainteligencia y los muy cabrones me envían a Guardafronteras de Occidente, donde estaban fondeadas, en el pequeño puerto de ese destacamento, todas las cigarretas decomisadas a narcotraficantes.

Lógicamente, me estaban tendiendo una trampa. Yo estaba fuera de mí pues sabía que el asesinato de Ochoa, más que fusilamiento, era para salvarle el culo al coma-andante, delante de los americanos, además, había escuchado horas de conversaciones de Lancheros en la Radio Contra Inteligencia, unidad que estaba a mi cargo en el MININT, y supe cómo trabajaban, dónde se hospedaban en Santa María del Mar y Boca Ciega.

En espera del retiro en esa unidad de guardafronteras, realmente dondequiera metía una trova a mis compañeros de armas y, para sorpresa mía, ninguno me rebatía acerbamente, e incluso muchos se solidarizaron conmigo. Esto, claro está, lo sabía la Contrainteligencia y parece que el colofón fue cuando se celebró una Asamblea del Partido Comunista de Cuba (PCC) para analizar los acuerdos de su IV congreso y yo dije, en aquella reunión, que los problemas de Cuba no se solucionaban con un Plan alimentario, como planteaba Fidel, sino que el problema eran Raúl y Fidel y que debían renunciar y nombrar, en su lugar, un gobierno tecnócrata que pudiera sacar a Cuba de la miseria en que se encontraba.

Colomé (Abelardo), y los otros generales de la tribuna, dijeron que aquello era democracia, pero dando la reunión por finalizada. Lo interesante es que no hubo mitin de repudio a mi persona y, muy al contrario, recibí muchas muestras de solidaridad y comentarios hilarantes de mis compañeros de armas.

El 16 de noviembre de 1990, un mes después de aquella asamblea, me detienen en mi oficina, me retiran la pistola y, aislado totalmente, me recluyen en una casa operativa en La Coronela; aquello me dio mala espina porque yo sabía que a Ochoa así lo trataron para después fusilarlo. En el primer interrogatorio con un Mayor, Orlando, de la Contrainteligencia Militar, le dije claramente que el socialismo había fracasado y que había que buscar otras vías, etcétera, etc.

En un descuido mío, me provocaron un fuerte dolor de cabeza y después me ofrecieron cordialmente una aspirina. Mentira, fue droga para llevarme a un estado de indefensión total. Sufrí varios interrogatorios y, posteriormente, me trasladan a la prisión de La Condesa que -hasta ese momento- servía como tránsito para los excluibles.

Dices un descuido, pero dolores de cabeza fueron uno de los síntomas de diplomáticos de Estados Unidos y Canadá, afectados por ataques sónicos en La Habana, ¿podrías afirmar que te sometieron a alguna técnica para provocarte cefalea?

Probablemente fuera alguna aplicación de la Técnica Operativa (TO) que es sabido que en cada casa de los diplomáticos de Estados Unidos en la Habana están cribadas de micrófonos y visires ópticos. En una ocasión a unos "turistas" ingleses, un matrimonio, al parecer, estaban rondando por el parque Almendares, de noche y muy cerca del Puesto Central de Mando (PCM, soterrado) se les aplicó una técnica infrarroja llamada Kustarnik, suministrada por el GRU (Departamento Central de Inteligencia Militar soviética) y fue tal la intensidad del flujo de emisiones infrarrojas, que aquellos ingleses empezaron a rascarse hasta el culo. No se aplicó más. Yo, en lo personal, desautoricé el uso de esa técnica.

A mí me parece que el tuerto Alejandro (Castro Espín) hijo de Raúl, en su afán por destacarse, mandó a experimentar con alguna técnica de nueva adquisición en estas viviendas de diplomáticos canadienses y de Estados Unidos y se produjo este desenlace.

Puede haber sido un flujo muy intenso de Ondas Electromagnéticas (OEM). Te cuento que cuando se comienzan a desplegar los radares en la URSS y después en Cuba, como el P-35.PRB-11, de elevada potencia , 6 magnetrones de 1 Mw cada uno en SHF , en pleno invierno ruso, los operadores se acostaban frente a las antenas de estos potentes aparatos para calentarse pero con -20 grados centígrados; pronto muchos de ellos se quedaron impotentes o estériles y comenzaron a padecer frecuentes dolores de cabeza. En Cuba, las dotaciones rusas hacían lo mismo y después nos enteramos de que les pasó lo mismo.

Nos habíamos quedado en el interrogatorio con el Mayor Orlando, de la CIM, al que dijiste que el socialismo era un fracaso...

Tras unos días en aquella casa de seguridad en La Coronela, me trasladan a la cárcel de La Condesa, entonces habilitada para los excluibles (cubanos emigrados a Estados Unidos por Mariel y devueltos por las autoridades norteamericanas). Primero estuve en la enfermería, en celda en solitario, desde noviembre de 1990 hasta enero de 1991, que es cuando me anuncian un juicio ejemplarizante pero, sorpresivamente, en febrero me dicen que no, que sería un juicio en la Sala de delitos contra la Seguridad del Estado, sino por: intento de salida ilegal del país, desacato a las figuras de Fidel y Raúl Castro, por decir que estaban locos e iban a embarcar a Cuba; deserción, por si hubiera conseguido escaparme, espionaje porque, si me iba de Cuba pondría en conocimiento del "también traidor del Pino" (General Rafael) y por conducta deshonrosa, por la actitud de un primer oficial de querer traicionar la confianza depositada en mí.

Me celebraron juicio en abril de 1991, en la sala del Tribunal Territorial Militar de Occidente y me condenaron a 29 años de privación de libertad que, en sanción conjunta, se quedó en 20 años, que entonces era la pena máxima de cárcel. Estuve 13 años y medio en solitario en el área especial de la prisión de Guanajay (al oeste de La Habana) con visitas, en ocasiones cada dos meses y solo con mi esposa y mis hijos, sin derecho a pabellón conyugal, y en un régimen de seguridad de la puta de su madre.

Por la intersección del Papa Juan Pablo II y del expresidente norteamericano James Carter, me pasan a un régimen menos severo en la granja- prisión del MININT, en Guaicanamar (Boyeros) donde mismo estuvieron presos Luis Orlando Domínguez y otros personajes del régimen que fueron defenestrados. También se interesaron por mi libertad y situación carcelaria Bill Clinton, el Rey de España, Juan Carlos I, pero todas fueron negadas por el coma-andante Castro.

A mi trama la llamaron Operación Personaje. ¡Qué comemierdas! En Guaicanamar estuve también solo, pero podía coger el sol que quisiera y vivía en un cercado en esa Granja-prisión, controlada por un Capitán del MININT, de nombre Pedro Estupiñán. ¡Un buen tipo! Solo te diré que cuando me liberaron, en abril de 2008, a los pocos meses el hombre se retira. Ya murió pero fue un gran tipo y siempre me decía: ¡Qué clase de mierda le hicieron a usted!

Parte sentencia contra Ruiz Matoses / Foto: Cortesía entrevistado

¿Por qué crees que no te fusilaron?

A mí me parece, por comentarios de algunas compañeras que trabajaban en el cuarto piso de Raúl Castro (sede del despacho del entonces ministro) que en un Consejo Superior de las FAR con los principales jefes militares y algunos miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), generales de Cuerpo Ejército y de División, y el propio Raúl se opusieron a que me pasaran por el palito, contradiciendo al mismísimo coma-andante y así salvé la pelleja.

Recuerdo que en el juicio a puertas cerradas con mi esposa y un hermano solamente presentes, cuando me dieron la sentencia de 20 años, en el mismo día, tenía ganas de reír y recuerdo que mi esposa, sentada detrás de mí, me espetó: ¡No quiero una lagrimita carajo! Yo después le dije que yo lo que tenía era ganas de gritar de alegría porque viviría.

En la prisión recibí visitas de los generales Colomé Ibarra, Fernández Gondín, Sixto Batista y otros jerifaltes de la CIM... yo era muy popular en las FAR porque debo haber arreglado la mitad de los televisores de las casas de jefes y compañeros, gracias a mis conocimientos técnicos.

¿Cómo es esa área especial de la cárcel de Guanajay para presos ilustres del castrismo?

Como te dije la estancia en "el tanque" fue casi todo el tiempo en solitario. Resulta que cuando me trasladaron al Área Especial en Guanajay y me vi en aquel lugar, realmente se me erizaron los pelos. Alambradas, luz mortecina, cámaras por doquier, tropas de prevención FAR como carceleros y a pesar que ya estaba juzgado pensé en una sola palabra ¡KAPUT! 

Ya Abrantes había fallecido ese mismo año, en enero, y yo llegué en diciembre. El nivel elevado de seguridad interna era debido a que esta área se construyó para las Causas 1 y 2 (1989) y temían que los rescataran. Dicen las malas lenguas que un pasadizo subterráneo estaba minado por tropas de Prevención. Recuerdo que mi esposa llegó, el mismo día del traslado, no sé cómo lo averiguó y nunca en mi vida se me olvidarán los grandes ojos verdes aquellos desencajados. Parece que ella pensó que aquello era el fin y tuve que sacar fuerzas para consolarla.

Después de casi 10 años en solitario y después de haber destrozado la técnica microfónica que había en mi celda y las del Solarium con unos barrotes de acero, ¡que pa' qué le cuento!, trajeron a los presos militares, algunos de la Condesa a esta área, donde por vez primera, aunque nunca estuvimos juntos conversé con algunos de estos presos entre los cuales habían algunos por intento de salida ilegal del país (SIP) y, lógicamente, sus chivatos (llamados Z), a los que bauticé como Damas de compañía, mientras los veía deambular cerca de área fingiendo que recogían colillas de cigarros y otras actividades.

Dos de los exmilitares firmantes de este comunicado dirigido a nuestros compañeros de armas en Cuba, los conocí en la prisión de Guanajuay. 

¿Qué recuerdos guardas del fusilado Arnaldo Ochoa Sánchez, del fallecido Julio Casas Regueiro, de Ulises Rosales del Toro, Ramón Espinosa Martín y Leopoldo Cintras Frías?

Mi apreciación sobre Ochoa es buena. Era claramente el general más aguerrido de las fuerzas armadas cubanas y despertaba envidia en otros generales casi analfabetos como los Pardo Guerra y Senén Casas y otros brutos como verdaderas acémilas. El coma-andante le cogió miedo a que asumiera la jefatura del Ejército Occidental, el más poderoso en fuerzas y medios de Cuba y yo creo realmente que si se hubiera dado este cambio , hace rato en Cuba existiera otro sistema social.

Yo hablé con el general Ochoa, una semana antes que cayera preso. Fíjate si le temían que lo citaron para el Consejo de Estado de civil para recibir nuevas órdenes y allí fue Ochoa y -lógicamente- tenía que subir desarmado. No le dieron chance y ahí mismo le pusieron las esposas. El juicio, una verdadera farsa, pues lo conoces: Guillermo García Frías se opuso, al principio al fusilamiento, pero después que habló con el coma-andante se convenció.

Otros generales como Sergio del Valle, Furry ColoméAldo Santamaría y otros, no pidieron en ningún momento la pena capital, salvo Senén Casas Regueiro un tipo endiosado, prepotente y altanero, rayano en lo absurdo. Su hermano, Julio era la antítesis. Yo tenía excelentes relaciones con Julio, Colomé, Polito (Cintras Frías) y otros generales y creo, según me contaron, se opusieron a los tenebrosos designios del coma-andante contra mí.

Ulises Rosales era el presidente del Consejo Científico de las FAR de la cual yo era miembro y teníamos excelentes relaciones, así como con Espinosa Martín.

¿Cómo llegaste a España y cómo es tu vida aquí?

A España llegué, después de haberme negado la visa los Estados Unidos, por alegar que yo no había demostrado fehacientemente que no había actuado contra los Derechos Humanos en Cuba. Parece que influyó en esta decisión la era Obama. El entrevistador de la oficina diplomática norteamericana en La Habana era un negro americano viejo que no sabía ni jota de español.

Jaime Ortega, como siempre, me apoyó y me entrevisté por segunda vez con los españoles, en la embajada y el Consejero Político me preguntó si yo tenía algún familiar español y esa fue la clave; mi abuelo, que fue soldado del ejército español en Cuba. Rápidamente se hicieron los trámites, siempre bajo la sombra protectora de Jaime y el consejero español y, en diciembre de 2010 me citaron a la embajada y me entregaron el pasaporte.

La comisión para la tortura y (no recuerdo sus siglas completas) de la ONU me remitió el billete hasta Madrid y un dinero adicional para gastos, a través de Elizardo Sánchez Santa Cruz y desembarqué en Barajas en abril de 2011, aupado por la familia y por la CIM que me aconsejaron irme para España.

Como yo había visitado España, así como el Japón y otros, en gestiones para la compra de componentes electrónicos de última generación para el desarrollo de algunos proyectos que dirigía con mi grupo de desarrollo técnico en las FAR, pues conocí a algunos españoles empresarios que se alegraron mucho de verme vivo y me ayudaron dándome hospedaje y trabajo en la fábrica de antenas Lambda, en Madrid, donde fui director durante siete años, hasta que mis viejas dolencias me jugaron una mala pasada y tuve que aminorar el ritmo de trabajo y dejar Madrid por el frío, dedicándome entonces a atender una fábrica en Brasil que pertenece al dueño de Lambda.

Compré un piso en la Comunidad Valenciana, lo reparé y este es ahora mi pequeño mundo. No me desligué de la fábrica y los asesoro y gano algo para los frijoles, amén de una pensión, que recibo de esta región española.

Ruiz Matoses con su hija Omaris y su entonces esposa / Foto: Cortesía entrevistado

Eres el padre de Omara y Ariel Ruiz Urquiola, ¿a quién salieron esos valientes jóvenes?

Poco engorrosa pregunta. Dicen que los hijos son más de los tiempos que de los padres.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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