El economista cubano Orlando Plá Tomás propone una metáfora radical para describir la situación de Cuba: la isla es una empresa en quiebra, y quien absorbe los riesgos y aporta los recursos debe tomar el control, igual que ocurre en cualquier fusión corporativa. La tesis la expuso en una entrevista con la periodista Tania Costa para CiberCuba, en la que analizó las posibles salidas a la crisis económica cubana.
Plá, radicado en México y especialista en política fiscal y administración tributaria, planteó el argumento sin rodeos: «(Cuba) es una empresa en quiebra y hay que pensar si se toma o no se toma». Pidió dejar las emociones a un lado —«con dolor de todos los cubanos y que nadie saque sus emociones»— para evaluar el país con objetividad.
Para ilustrar su razonamiento, el economista recurrió al ejemplo de un cliente cuya empresa fue adquirida por American Express. Según relató, la compañía llegó, tomó el control y determinó qué directivos podían continuar y cuáles debían marcharse por no tener capacidad de adaptarse a la nueva dirección. «American Express llega, toma la empresa y dice aquí pueden funcionar este y este directivo y el resto se van porque no tienen capacidad para integrarse a la nueva línea de trabajo que vamos a implementar», describió.
Trasladando ese esquema a Cuba, Plá planteó que el proceso no requiere necesariamente una anexión política formal (a Estados Unidos). Bastaría, dijo, con un escenario estrictamente económico. «También es posible que por ejemplo Estados Unidos diga: oye, tú si quieres quédate ahí y aparece cuando se pueda en televisión, pero de ahora en adelante no toman absolutamente ninguna decisión económica ni tienen el control del Banco Nacional ni tienen los controles de la estructura económica y financiera del país».
Para el economista, ese escenario de control económico externo —sin desplazamiento político formal— abriría posibilidades reales: «Si eso ocurre, habría opciones de solución».
El análisis se produce en un momento de profunda crisis. La CEPAL proyectó a inicios de año una caída del PIB cubano de 6,5% en 2026, con una contracción acumulada de alrededor de 26% desde 2020. El Food Monitor Program reportó que casi el 97% de los encuestados en la isla no tenía acceso adecuado a alimentos.
En ese contexto, la Asamblea Nacional aprobó en junio un paquete de 176 medidas económicas y sociales, presentado por el primer ministro Manuel Marrero Cruz como el intento de reforma más ambicioso desde el Período Especial. Las medidas incluyen autorización de banca privada, eliminación del tope de trabajadores para las mipymes y la posibilidad de quiebra de empresas estatales.
Sin embargo, el economista Pedro Monreal calificó ese paquete de «monstruo» o «híbrido deforme» por no reconocer sustantivamente el derecho a la propiedad privada ni establecer un eje de estabilización macroeconómica. Plá comparte ese escepticismo: en la entrevista más amplia sostiene que toda la infraestructura política y económica del régimen «está diseñada y construida, por cierto, muy bien, para mantener el poder. Ese es el único objetivo y es el único propósito».
En paralelo, las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos no muestran avances sustanciales, según reconoció el propio canciller Bruno Rodríguez en junio. Washington condiciona cualquier progreso a reformas estructurales profundas y a un giro real hacia una economía de mercado, precisamente el tipo de cambio que Plá considera imprescindible pero que el régimen, según su diagnóstico, es incapaz de ejecutar desde adentro.
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