
La cercanía del nuevo curso escolar vuelve a colocar a muchas familias cubanas ante una pregunta angustiosa: cómo conseguir mochila, zapatos, uniforme y hasta una merienda básica para sus hijos en medio de la escasez y los altos precios.
La preocupación salió a la luz en una publicación anónima compartida en el grupo Facebook “Madres Cubanas Luchadoras” 2, donde una madre resumió el drama cotidiano de muchas mujeres en Cuba: «Hola, ¿qué nos vamos hacer las mamitas que no pueden comprarle la mochila y los zapatos a nuestros hijos y qué me dicen de la merienda que ni pan con aceite porque no hay ni para comer, qué dejaremos para comprar las cosas de la escuela?».
Las reacciones no tardaron en multiplicarse y dejaron al descubierto una mezcla de angustia, resignación y enojo.
«Es triste lo que estamos viviendo», escribió una persona. Otra fue más tajante: «No es fácil».
Varias madres aseguraron que ni siquiera han podido comprar lo más elemental. «Yo tengo dos estudiantes y no pude ni comprar mochila ni zapatos», lamentó una usuaria, mientras otra admitió que sus hijos tendrán que ir «con lo mismo del curso pasado» porque no puede costear cosas nuevas.
Buena parte de los comentarios coincidió en que el problema ya no se limita a útiles o calzado, sino que alcanza la comida diaria. «No es solo la mochila y zapatos... Es la falta de alimentación y la mala noche», señaló una de las participantes.
Otra mujer comentó que intenta garantizar al menos la comida de sus hijos, pero no sabe cómo resolver lo demás: «De la escuela que se encargue el gobierno este, que ahorita salen a decir que todo está preparado y meten tremendo 'paripé'».
También aparecieron posturas más radicales. Algunas madres dijeron que prefieren no mandar a sus hijos a clases antes que exponerlos a más carencias.
«Mientras sigamos mandando a nuestros hijos a la escuela ellos van a seguir abusando. No mandarlos a la escuela es la mejor opción», escribió una internauta.
Otra expresó: «La verdad, yo no los llevo a la escuela porque después de pasar mala noche con calor, con mosquitos y encima de eso con hambre, y ver cómo otros niños comen, no».
Otras opiniones reflejaron la falta de alternativas reales para quienes trabajan y no tienen con quién dejar a sus hijos. «La mía va con lo que tiene porque tengo que trabajar», comentó una madre.
El malestar se produce en un contexto en el que crecen las dudas sobre qué podrán llevar los niños de merienda a la escuela, una inquietud marcada por el alza de precios incluso de opciones tan humildes como el pan con aceite.
A eso se suma la crisis con los uniformes, visible en casos como el de Ciego de Ávila, donde solo se priorizarán para preescolar, quinto y séptimo grado, dejando fuera a numerosos estudiantes de años continuantes.
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