Alejandro Betancourt: el 'bolichico' investigado que se convirtió en el socio petrolero de Trump en Venezuela

Alejandro Betancourt López © alejandrobetancourtlopez.news
Alejandro Betancourt López Foto © alejandrobetancourtlopez.news

Alejandro Betancourt López, empresario venezolano de 46 años con causas abiertas por presunto blanqueo de capitales en España y Suiza, es hoy el hombre clave del acuerdo petrolero más ambicioso anunciado por la administración Trump.

Su empresa, North American Blue Energy Partners (NABEP), se ha hecho con el control operativo de 17 campos venezolanos con reservas estimadas en más de 65,000 millones de barriles.

El ascenso resulta tan vertiginoso como revelador. Hasta mayo de este año, Betancourt tenía prohibido salir del Reino Unido mientras combatía una solicitud de extradición suiza por presunto lavado de dinero.

Tres meses después, según una investigación del Financial Times, es el socio comercial del gobierno estadounidense en lo que Trump describió como «el mayor acuerdo petrolero de la historia».

Detrás de ese giro hay una intervención directa de Washington. Según The Washington Post, altos funcionarios de la administración Trump —incluidos la entonces fiscal general Pam Bondi y su adjunto Todd Blanche— contactaron a los fiscales suizos en relación con la investigación contra Betancourt.

En mayo, Suiza retiró la solicitud de extradición. Fuentes diplomáticas citadas por El País confirman que detrás de esa decisión está el influjo de Washington.

Mauricio Claver-Carone, hasta hace poco emisario informal del secretario de Estado Marco Rubio para Venezuela, reconoció ante Reuters que él y otros funcionarios estadounidenses usaron a Betancourt como intermediario entre la administración Trump y el gobierno de Delcy Rodríguez.

«Es una pieza de Estados Unidos y la usan. Betancourt se ha sabido vender y los americanos son compradores», resumió una fuente diplomática.

El arquetipo del bolichico

Hijo de un músico y una diseñadora de joyas, Betancourt estudió economía en la Universidad Suffolk de Boston y regresó a Venezuela para convertirse en el arquetipo del bolichico: joven empresario sin experiencia previa que amasó una fortuna extraordinaria a la sombra del chavismo.

Su empresa Derwick Associates obtuvo entre 2009 y 2011 al menos 11 contratos sin licitación por unos 5,000 millones de dólares para construir plantas termoeléctricas durante la emergencia eléctrica decretada por Hugo Chávez.

Acorde a una investigación de Armando Info, la organización Transparencia Venezuela estimó que los sobreprecios rondaron los 2,900 millones de dólares. Varias de esas plantas nunca funcionaron como se prometió.

De los contratos eléctricos saltó al petróleo. En 2011 entró en Petrozamora, empresa mixta con PDVSA y el banco ruso Gazprombank. Fue desplazado en 2022 durante la gestión del ministro Tareck El Aissami, pero recuperó el control en 2024 tras el arresto de este último.

Bajo su gestión, la producción del campo pasó de 20,000 a 200,000 barriles diarios, lo que terminó atrayendo la atención de Washington.

Paralelamente construyó un perfil de inversor en Europa: es propietario mayoritario de la marca española de gafas Hawkers —en la que puso 50 millones de euros en 2016— y tiene participaciones en Jobandtalent, Playtomic y Auro.

Investigaciones sin imputación formal

Su trayectoria carga con el peso de múltiples investigaciones. Según una pesquisa de Armando.info, cuatro empresas en Luxemburgo controladas por Betancourt están vinculadas a compañías investigadas por lavado de dinero en Estados Unidos.

El Miami Herald reveló en 2019 que era el «Conspirador 2» en la operación Money Flight, relacionada con el blanqueo de 1,200 millones de dólares desviados de PDVSA.

Por su parte, la Audiencia Nacional española reabrió en junio de 2026 una causa por blanqueo y delito fiscal en la que se le acusa de sobornar a tres funcionarios de PDVSA con 42 millones de dólares para defraudar 4,850 millones en operaciones de divisas.

Betancourt nunca ha sido formalmente imputado en ninguna jurisdicción. Su consejera general en NABEP, Sara Chouraqui —ex jefa de la división de fraude y corrupción de la Serious Fraud Office británica—, lo defiende con claridad: «El señor Betancourt nunca ha sido acusado de ningún delito en ninguna jurisdicción. Está dedicado a servir al pueblo de Venezuela impulsando la reactivación económica del país».

Las voces críticas son igualmente contundentes. «Es un operador hábil y sin escrúpulos», afirmó el periodista venezolano César Batiz, quien lo ha investigado durante años. Un ejecutivo petrolero con base en Caracas sintetizó el momento con una frase que circula en el sector: «Betancourt va a ser el nuevo virrey del petróleo en este hemisferio».

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