
En Cuba, un apagón ya no determina únicamente cuándo se enciende una bombilla. También puede decidir a qué hora se cocina, se lava, se carga un teléfono, se toma una ducha, se descansa e incluso cuándo una pareja puede tener un momento de intimidad.
Esa es la realidad cotidiana que el escritor cubano Yasser Sosa Tamayo convirtió en una suerte de «manual» para vivir en la isla.
El también activista compartió este jueves en Facebook su reflexión: «Hay países donde la electricidad enciende la casa. Aquí, a veces, decide cuándo puedes vivirla», escribió.
Sosa enumeró algunas de esas rutinas condicionadas por la disponibilidad de corriente: lavar, cocinar, cargar el teléfono o bañarse, pero llevó la reflexión todavía más lejos al terreno de la intimidad.
«Porque el cubano, aunque esté cansado, aunque tenga el bolsillo vacío, sigue teniendo ganas de vivir. Y también de hacer el amor», señaló.
El problema, añadió, es intentar hacerlo con temperaturas superiores a los 30 °C, en una habitación pequeña, sin ventilador, con un niño durmiendo cerca y con el agua que debe reservarse para el día siguiente.
«Entonces hasta el deseo hace cuentas», resumió.
Para el escritor, los cortes eléctricos terminan afectando mucho más que los electrodomésticos. Una llamada, una visita, una película, una conversación, una cerveza fría o una noche de intimidad pueden quedar aplazadas simplemente porque no hay electricidad.
«Parece poca cosa. Pero una vida está hecha precisamente de esas cosas», apuntó.
Su reflexión pone el foco precisamente en esas pequeñas renuncias que no suelen aparecer en las estadísticas: noches sin dormir, duchas apresuradas, cumpleaños sin celebración, conversaciones interrumpidas, planes pospuestos y momentos afectivos que deben esperar.
«Eso no aparece en ninguna estadística. Pero el cuerpo lo sabe», afirmó.
Según Sosa, la adaptación permanente a la escasez obliga a los cubanos a ir acomodando «el sueño, el hambre, el bolsillo, el deseo, los planes», hasta llegar a una conclusión que resume el sentido de su texto: «estamos aprendiendo a vivir con menos vida».
El escritor aclaró que no estaba hablando de lujos, sino de acciones tan elementales como comer sin tener que calcular cada gasto, dormir sin soportar el calor o compartir con una pareja sin estar pendiente de cuándo regresará el servicio eléctrico.
«Tener un martes que sea solamente martes», escribió.
Su reflexión concluye con una pregunta: «¿Cuánta vida puede irse dejando para después antes de que 'después' se convierta en una forma de morir lentamente?».
El planteamiento coincide con testimonios recientes sobre cómo la crisis ha reducido cada vez más la vida cotidiana a una sucesión de cálculos y estrategias de supervivencia.
Este mismo jueves, una cubana estimó en más de 200,000 pesos mensuales los gastos de una familia pequeña en La Habana, incluyendo alimentos, higiene, medicamentos, transporte y servicios, pero dejando incluso varios productos fuera de la cuenta.
Y aunque pueda parecer un aspecto ajeno a lo que describe Sosa, la preocupación constante por cubrir necesidades básicas también termina afectando la vida en pareja, al sumar tensión, agotamiento y desgaste emocional a la convivencia cotidiana.
Además, no es la primera vez que Sosa utiliza escenas de la vida cotidiana para describir el efecto de la crisis.
En julio sostuvo que el verdadero «apagón» de Cuba era haber dejado de preguntarse si las condiciones actuales podían considerarse vida, y cuestionó la normalización de privaciones cada vez mayores.
Un mes después volvió sobre el tema y advirtió que los apagones no solo privan de electricidad, sino también de horas de vida, al obligar a las personas a dedicar buena parte del día a conseguir agua, cocinar, conservar alimentos o simplemente esperar el regreso de la corriente.
El impacto de los cortes eléctricos tampoco se limita a testimonios personales: una investigación publicada en Social Science & Medicine, basada en una encuesta en línea realizada a 415 adultos cubanos entre julio y noviembre de 2025, encontró una asociación entre los apagones prolongados, la alteración de la vida cotidiana y niveles muy severos de estrés, ansiedad y depresión dentro de la muestra estudiada.
Impacto de los apaganes en la vida cotidiana de los cubanos
CiberCuba te lo explica:
¿Cómo afectan los apagones a la intimidad de las parejas en Cuba?
Los apagones en Cuba afectan significativamente la intimidad de las parejas al crear un ambiente incómodo y estresante, con altas temperaturas y falta de privacidad, lo que hace difícil disfrutar de momentos de cercanía sin electricidad. Además, estos cortes eléctricos interrumpen rutinas básicas y generan un desgaste emocional que puede repercutir en la vida de pareja.
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¿Cuáles son las actividades cotidianas más afectadas por los apagones?
Los apagones afectan actividades cotidianas esenciales como cocinar, lavar, cargar dispositivos electrónicos y bañarse. La falta de electricidad obliga a los cubanos a adaptar sus rutinas diarias, lo que genera estrés y afecta la calidad de vida al tener que planificar en torno a la disponibilidad de corriente eléctrica.
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¿Cuál es el impacto psicológico de los apagones prolongados en los cubanos?
Un estudio reveló que los apagones prolongados están asociados con altos niveles de estrés, ansiedad y depresión entre los cubanos. La incertidumbre constante y la interrupción de la vida cotidiana afectan gravemente la salud mental, especialmente en los adultos más jóvenes, que son el grupo más vulnerable a estas condiciones.
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¿Cómo se relacionan los apagones con la crisis económica en Cuba?
Los apagones agravan la crisis económica en Cuba al aumentar las dificultades para conservar alimentos, acceder al agua y mantener la productividad laboral. La falta de electricidad incrementa el costo de vida y obliga a las familias a dedicar más tiempo y recursos a cubrir necesidades básicas, sumando estrés y desgaste emocional a la población.
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