
El escritor y activista de Santiago de Cuba Yasser Sosa Tamayo cuestionó este viernes el costo de los apagones en Cuba y sostuvo que su impacto más profundo no se mide en megawatts, sino en las horas de vida que los ciudadanos pierden al intentar resolver necesidades básicas.
En una publicación en Facebook, Sosa escribió que "el apagón no solamente interrumpe la electricidad. Interrumpe la vida", una reflexión que recibió decenas de comentarios de personas que aseguraron sentirse identificadas con su planteamiento.
El autor sostuvo que la crisis eléctrica obliga a millones de cubanos a dedicar buena parte de sus jornadas a buscar agua, conservar alimentos, cocinar o soportar el calor, tareas que desplazan actividades como trabajar, estudiar, crear, descansar y cuidar a otras personas.
"Cuando un país obliga a millones de personas a dedicar una parte enorme de su día a resolver lo elemental, no solamente les está quitando recursos. Les está quitando tiempo", escribió.
Sosa subrayó que esas horas no pueden recuperarse una vez restablecido el servicio. "La electricidad puede volver a las ocho de la noche. Las ocho horas perdidas no vuelven", afirmó.
La publicación también planteó una interrogante sobre las consecuencias de una crisis que, según el escritor, deja cada vez menos espacio para pensar en el futuro. "¿Qué futuro puede construir un pueblo al que le están consumiendo el presente?", preguntó.
Los comentarios reflejaron experiencias de cubanos afectados por prolongados cortes eléctricos. Una ciudadana relató jornadas de 26 horas sin electricidad seguidas de apenas una hora de servicio y describió las noches de oscuridad, hambre, calor y mosquitos como una situación que lleva a los cubanos "de a pie" al límite de lo soportable.
Otra persona resumió su percepción de la crisis con la frase "Ya no es un problema de horas, dejó de serlo, ahora es cuánta vida perdemos cada día". Un tercer comentario expresó una idea similar al afirmar que "en esa pérdida de tiempo, estamos perdiendo la vida".
El propio Sosa amplió su reflexión en los comentarios y preguntó a sus seguidores cuántas horas de sus vidas habían perdido esperando la electricidad, buscando agua, intentando conservar comida o resolviendo "algo que debería ser básico".
"No hablo solamente de la corriente. Hablo de ese tiempo que nadie nos devuelve", escribió.
"No les alcanza otra vida para pagar o resarcir todo el daño que han causado", escribió una cubana en los comentarios, en referencia a la pésima gestión gubernamental con respecto al tema energético.
La publicación llega en un momento en que la crisis energética en Santiago de Cuba alcanza niveles extremos. En lo que va de año el Sistema Eléctrico Nacional ha colapsado en varias ocasiones, al tiempo que persisten apagones por más de 24 continuas en numerosas localidades del país.
En junio, la Empresa Eléctrica de Santiago admitió que no podía garantizar ni dos horas de corriente al día, tras reorganizar los cortes en nueve bloques.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció a fines de julio ante la Asamblea Nacional que hay comunidades con hasta 105 días consecutivos sin electricidad, al tiempo que atribuyó parte del problema al robo de aceite dieléctrico de transformadores.
En la oriental urbe, incluso las luminarias fotovoltaicas instaladas como medida paliativa fueron robadas días después de su colocación en avenidas principales.
No es la primera vez que Sosa aborda el tema con esta profundidad. A fines de julio, sostuvo que "lo más grave que le pasó a Cuba no fueron los apagones. Fue que un día dejamos de preguntarnos si esto era vida", en un texto que se difundió ampliamente en redes sociales y acumuló cientos de reacciones.
En abril relató el caso de un adolescente de 14 años que vendía polvorones en un parque de Santiago de Cuba para ayudar a su madre.
En mayo encontró a una abuela de 77 años que recorre casi 15 kilómetros de madrugada empujando una carretilla para vender quimbombós y sobrevivir.
Para el activista, todas esas historias forman parte del mismo fenómeno que denuncia en sus reflexiones, un "apagón" que no solo afecta al sistema eléctrico, sino también a la dignidad y a la capacidad de una sociedad para rechazar como normal una realidad marcada por la supervivencia cotidiana.
Preguntas frecuentes sobre los apagones en Cuba y su impacto en la vida diaria
CiberCuba te lo explica:
¿Cuáles son las consecuencias de los apagones en la vida diaria de los cubanos?
Los apagones en Cuba interrumpen no solo el suministro eléctrico, sino también la vida cotidiana, obligando a los ciudadanos a dedicar gran parte de su tiempo a resolver necesidades básicas como buscar agua, conservar alimentos y soportar el calor. Esto desplaza actividades esenciales como trabajar, estudiar, descansar y cuidar de otros, impactando directamente en la calidad de vida.
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¿Cómo afecta la crisis eléctrica al futuro de la sociedad cubana?
Según el escritor Yasser Sosa Tamayo, la crisis eléctrica en Cuba consume el presente de los ciudadanos, dejando menos espacio para pensar en el futuro. La constante lucha por satisfacer necesidades básicas afecta la capacidad de la sociedad para planificar y construir un futuro mejor, lo que genera una sensación de estancamiento y desesperanza.
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¿Qué ha reconocido el gobierno cubano sobre la crisis eléctrica?
El gobierno cubano ha admitido la gravedad de la crisis eléctrica, reconociendo que hay comunidades que han estado hasta 105 días consecutivos sin electricidad. Además, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, ha señalado problemas como el robo de aceite dieléctrico y la falta de combustible como contribuyentes a la situación actual.
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¿Cómo han reaccionado los ciudadanos cubanos ante los apagones?
Los ciudadanos cubanos han expresado su frustración y agotamiento a través de redes sociales y protestas. Testimonios de personas que han pasado horas sin electricidad, agua y alimentos reflejan una realidad insostenible que ha llevado a muchos al límite de lo soportable. Las manifestaciones públicas, como cacerolazos y bloqueos de calles, evidencian el descontento generalizado.
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