
Una frase escuchada de alguien cercano bastó para que Arnoldo Fernández, escritor, periodista e historiador radicado en Contramaestre, Santiago de Cuba, construyera una de las radiografías más desgarradoras sobre el hambre en Cuba. Su publicación en Facebook, titulada «Cuba: el país donde el hambre aprendió a hablar de comida», resonó esta semana entre cubanos dentro y fuera de la isla.
Todo parte de una frase que alguien a quien Fernández dice amar y respetar le dijo en algún momento: «Los cubanos vivimos para comer. No comemos para vivir».
A partir de ahí, el autor despliega un ensayo íntimo que no es una denuncia política, sino una autopsia emocional de la escasez crónica.
«En Cuba hablar de comida no es una conversación cualquiera. Es una forma de contar el día. Es preguntar qué apareció, qué falta, qué se consiguió, qué se perdió, qué se puede inventar con lo poco que queda», escribe Fernández.
La reflexión avanza hacia algo más profundo: la manera en que el hambre coloniza el pensamiento, los sueños y hasta el lenguaje de un pueblo entero.
«Se nos va la vida pensando qué vamos a comer. Y eso, aunque parezca una costumbre doméstica, es una de las formas más silenciosas que tiene el hambre de entrar en una sociedad», señala el autor.
Fernández describe cómo los cubanos han aprendido a imaginar sabores que nunca han probado, a celebrar como banquete lo que en cualquier otro lugar sería una comida ordinaria.
«Hay sabores que existen para nosotros como existen algunos países: sabemos que están ahí, pero no los conocemos», escribe con una precisión que duele.
El texto también retrata al cubano que emigra y queda desconcertado ante la abundancia: no solo por lo que ve en los mercados, sino por todo lo que descubre que existe y que durante años perteneció únicamente a su imaginación.
Para Fernández, esa obsesión colectiva con la comida no revela un pueblo glotón, sino uno que ha pasado demasiado tiempo con hambre.
«El hambre no siempre tiene la cara del que no ha comido nada. A veces tiene la cara del que come, pero no puede escoger. Del que llena el plato, pero piensa en mañana», apunta.
Su conclusión es tan sencilla como demoledora: «Hablar de comida todos los días no significa necesariamente amar demasiado la comida. A veces significa que nos ha faltado demasiado».
La reflexión de Fernández no es una percepción aislada. Los datos confirman que la crisis alimentaria cubana es la más grave en décadas. Según la encuesta «En Cuba Hay Hambre 2025», elaborada por el Food Monitor Program y Cuido60 con más de 2,500 respuestas de las 16 provincias, el 33,9% de los hogares reportó que al menos un miembro se fue a dormir sin comer en los 30 días previos, nueve puntos más que en 2024.
El 79,4% de las familias destinaba el 80% o más de sus ingresos únicamente a alimentarse, y el 40,6% gastaba todo lo que ganaba solo en comida.
La producción nacional se ha desplomado entre 2018 y 2023: 95% en cerdo, 87% en arroz, 70% en frijoles y 58% en leche, mientras Cuba importa alrededor del 80% de los alimentos que consume a un costo anual de aproximadamente 2,400 millones de dólares.
El impacto va más allá del estómago. Un estudio publicado en Social Science & Medicine encontró que el 55,4% de los adultos cubanos encuestados padecía depresión extremadamente severa, el 66% ansiedad severa y el 65,8% estrés extremo.
Testimonios recogidos en agosto describen la rutina diaria de «resolver» comida como una «tortura psicológica constante» y un «desgaste físico y emocional» sin tregua.
El 80% de los cubanos considera que la crisis actual es peor que el Período Especial de los años 90, según un sondeo de marzo de este año.
Fernández cierra su texto con una reformulación de la frase que lo disparó todo: «Quizás no vivimos para comer. Quizás llevamos demasiado tiempo viviendo alrededor del hambre. Y cuando el hambre se vuelve costumbre, termina ocupándolo todo: la conversación, los recuerdos, los sueños, las preocupaciones, las visitas, las celebraciones. Hasta el lenguaje».
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis Alimentaria y Social en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la situación actual de la crisis alimentaria en Cuba?
La crisis alimentaria en Cuba es la más grave en décadas, con un 33,9% de los hogares reportando que al menos un miembro se ha ido a dormir sin comer en los últimos 30 días. La producción nacional se ha desplomado y el país importa alrededor del 80% de los alimentos que consume, lo que agrava la inseguridad alimentaria.
Publicidad
¿Cómo afecta el hambre y la escasez al pueblo cubano en su vida diaria?
El hambre y la escasez en Cuba han colonizado el pensamiento y la vida cotidiana de los cubanos, quienes viven en una lucha constante por conseguir comida. La falta de alimentos afecta no solo el bienestar físico, sino también la salud mental, aumentando los niveles de estrés, ansiedad y depresión.
Publicidad
¿Qué impacto tiene la crisis en la emigración cubana?
La crisis económica y alimentaria ha impulsado un éxodo masivo de cubanos, con más de un millón de personas abandonando la isla desde 2021. La falta de un futuro viable y las condiciones de vida insostenibles son factores determinantes que llevan a las familias a emigrar en busca de mejores oportunidades.
Publicidad
¿Cuáles son las principales críticas al régimen cubano en relación con la crisis actual?
Las críticas al régimen cubano se centran en su incapacidad para garantizar lo básico a la población, como alimentos y electricidad. La narrativa oficial de "resistencia" es vista como una burla por muchos cubanos, quienes consideran que las autoridades no enfrentan las mismas carencias y no ofrecen soluciones reales.
Publicidad
Vídeos relacionados:
Archivado en: