Tras nueve meses paralizado por la crisis energética, el Combinado Yumurí de Matanzas (fábrica de galletas conocida popularmente como «la Chichí»), reanudó la producción de galletas de sal con paquetes de 500 gramos y un kilogramo, los cuales saldrán a la venta a 500 y 1,000 pesos, respectivamente.
La entidad, perteneciente a la Unidad Empresarial de Base de Alimentos Matanzas, se paralizó el 26 de diciembre pasado cuando los apagones prolongados hicieron inviable su operación.
Según explicó el telecentro TV Yumurí, la reactivación fue posible gracias a la instalación de un sistema de energía solar fotovoltaica compuesto por 256 paneles solares, baterías con capacidad de almacenamiento de hasta 260 kWh y cuatro inversores de 50 kW, con una potencia de generación de aproximadamente 161 kW.

La obra la ejecutó el Proyecto de Desarrollo Local Enerza Villa Clara con la cooperación de Copextel Matanzas bajo un contrato llave en mano, y mantiene el vínculo laboral de 45 trabajadores.
Según directivos de la empresa citados en el video de TV Yumurí, el alza en los precios responde al encarecimiento de las materias primas: «Según sube el mercado mundial el precio de los productos, cambia el costo de la materia prima y hay que realizar una ficha de costo nueva y eso da el cambio del precio del producto».
Los mismos directivos prometieron una distribución ordenada: «Esto va a llegar a cada núcleo familiar en una distribución que se va a realizar a la población por todos los consejos populares en la venta donde se le vende el punto de pan de nuestras unidades».
También anunciaron producciones diferenciadas para la canasta básica y casos sociales o vulnerables, así como la posibilidad de pago electrónico.
El objetivo es alcanzar dos toneladas diarias de galletas, y el sistema solar permitiría un ahorro de aproximadamente 18,000 litros de petróleo al mes.
Sin embargo, el anuncio desató una ola de escepticismo entre los matanceros, que ponen en duda que el producto llegue realmente a la población.
«Muchas fotos y ¿las galletas dónde están?», preguntó una internauta en la publicación en Facebook del telecentro.
Otro fue más directo sobre los precios: «A 500 se va mejorando... con el único detalle que hay que ser millonario».
Un tercer comentario apuntó a la situación de los jubilados: «Si las galletas valen 2,000 y el jubilado gana 3,000, ¿cuántas puede comprar?».
Varios usuarios denunciaron además que los revendedores ya se adelantaron: «Ya las empezaron a vender por la calle los revendedores a 2,000 pesos».
Otra recordó el patrón habitual de estas distribuciones: «Ahora empiezan a inventar y las llevan para las dulcerías por la tarjeta, un paquete por núcleo, aunque sean 15 personas».
El escepticismo generalizado no es gratuito. «Cuando había corriente jamás el pueblo vio esas galletas o sea por venta normal, ahora muchísimo menos, aquí todo está dolarizado», escribió una internauta.
Un comentario se refirió a la habitual propaganda vacía del gobierno, con metas que nunca se cumplen. «No se trata de consignas. Se trata de que se oferten en todos los mercados de Matanzas a precios que un salario mínimo pueda pagarlo. Porque se trata de simples galletas, no de una propiedad costosa».
Otra usuaria cuestionó celebrar la simple producción de galletas en medio de la crisis alimentaria actual. «El pan, ¿dónde está para darle a la población? Los niños no tienen merienda».
Aunque el gobierno asegura que la fábrica podrá mantener su producción gracias a la instalación de paneles solares, la realidad es que los apagones no son el único obstáculo de la industria alimentaria cubana.
Además de que los molinos de trigo llevan años sin mantenimiento profundo, la producción de pan, galletas y dulces es víctima de la escasez crónica de harina de trigo. Durante el primer semestre de 2025, el Ministerio de la Industria Alimentaria (MINAL) recibió solo el 55 % del trigo previsto, y 17 empresas del sector cerraron ese período con pérdidas.
En Cienfuegos, en diciembre de 2025, el Grupo Empresarial de Comercio de la provincia distribuyó apenas 1 kg de galletas de sal por núcleo familiar como producto adicional a la canasta normada.
Ante la imposibilidad de obtener dicha harina, varias empresas estatales han recurrido a sustitutos. La empresa alimentaria de Ciego de Ávila produce galletas con harina de yuca desde 2022, y Camagüey también apuesta por la harina de yuca para embutidos y croquetas.
Incluso el polvo de moringa se utiliza para elaborar galletas y otros productos en La Sierpe, Sancti Spíritus.
Preguntas frecuentes sobre la venta de galletas en Matanzas y la crisis alimentaria en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué se han reanudado las operaciones en la fábrica de galletas de Matanzas?
La producción de galletas en el Combinado Yumurí de Matanzas se reanudó gracias a la instalación de un sistema de energía solar fotovoltaica. Esta medida permitió superar la crisis energética que había paralizado la fábrica durante nueve meses.
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¿Cuál es el precio actual de las galletas en Matanzas y a qué se debe?
Los paquetes de galletas de 500 gramos y un kilogramo se venden a 500 y 1,000 pesos, respectivamente. Este aumento en los precios se debe al encarecimiento de las materias primas en el mercado mundial, lo que ha elevado el costo de producción.
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¿Cómo planea el gobierno distribuir las galletas en Matanzas?
El gobierno ha prometido una distribución ordenada de las galletas a través de los consejos populares en Matanzas. Se busca que cada núcleo familiar reciba su parte y que la venta se realice en los puntos habituales de pan.
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¿Cuáles son las expectativas de producción de galletas en el futuro cercano?
El objetivo es alcanzar una producción de dos toneladas diarias de galletas. La instalación de paneles solares permitirá un ahorro significativo de petróleo, contribuyendo a mantener la producción.
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¿Por qué hay escepticismo sobre la disponibilidad de galletas para la población?
Muchos ciudadanos dudan que las galletas lleguen realmente a la población debido a experiencias pasadas y la actual crisis económica. La escasez de productos básicos y el aumento de precios han generado desconfianza entre los habitantes de Matanzas.
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