La democracia que Díaz-Canel desprecia en Cuba y aplaude en Washington

Miguel Díaz-Canel y la congresista Maxine Waters © Facebook / Presidencia Cuba - X / @RepMaxineWaters
Miguel Díaz-Canel y la congresista Maxine Waters Foto © Facebook / Presidencia Cuba - X / @RepMaxineWaters

Miguel Díaz-Canel acaba de protagonizar una paradoja política difícil de ignorar.

El mismo dirigente que ha relativizado el multipartidismo, defendido el partido único y reivindicado la llamada «unidad de poderes» en Cuba celebró con entusiasmo una escena que solo es posible dentro de una democracia pluralista.

La protagonista fue la congresista demócrata Maxine Waters, veterana adversaria de la política de sanciones contra Cuba, quien durante una audiencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes arremetió contra la política de la administración de Donald Trump hacia la isla.

Waters responsabilizó a esa política de agravar las dificultades de los cubanos, preguntó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, por qué estaba siendo «tan cruel», calificó también de «cruel» a Trump y llegó a preguntarle al secretario si tenía que comportarse como un «títere» del presidente. Advirtió además que la historia no trataría bien a la administración por su actuación hacia Cuba.

Díaz-Canel quedó encantado.

«Con la dignidad que la distingue, la representante demócrata Maxine Waters ha emplazado al Secretario del Tesoro por la criminal política de #Bloqueo», escribió en sus redes sociales.

Y añadió: «Gracias Maxine, como bien dices, la historia no los perdonará. Y reconocerá a los norteamericanos dignos que denuncian el crimen».

Más allá de la posición de Waters sobre las sanciones, el episodio plantea una cuestión que el mensaje de Díaz-Canel evita: las condiciones políticas que hicieron posible aquella intervención.

Una opositora frente al Gobierno

Waters pertenece al Partido Demócrata; Trump, al Republicano. Ella forma parte de la oposición y puede utilizar su posición institucional para fiscalizar al Ejecutivo.

Bessent, pese a ser secretario del Tesoro del presidente, debe comparecer ante un Congreso donde también tienen voz quienes rechazan frontalmente las políticas de la administración.

Por eso Waters puede acusar al Gobierno de crueldad, cuestionar directamente al presidente y continuar ejerciendo como congresista. Su desacuerdo con el Ejecutivo no cuestiona su legitimidad como representante ni la convierte en adversaria de Estados Unidos.

Detrás de aquella escena hay partidos que compiten por el poder, oposición institucional, fiscalización parlamentaria y libertad para confrontar públicamente al Gobierno.

¿Dónde está la Maxine Waters cubana?

Díaz-Canel ha insistido en que el multipartidismo no constituye una medida de la democracia. También ha defendido la «unidad de poderes» y presentado la habitual unanimidad de la Asamblea Nacional como expresión del consenso político cubano.

Su elogio a Waters permite trasladar esa discusión de la teoría a un ejemplo concreto: ¿dónde está su equivalente institucional en Cuba?

No se trata de encontrar a alguien que piense como ella. La comparación exige una diputada perteneciente a un partido opositor que pueda interpelar públicamente a un ministro, responsabilizar al Gobierno de una crisis, atacar las políticas de Díaz-Canel y defender ante los ciudadanos una alternativa para sustituir al partido gobernante.

Esa figura no existe en la estructura política cubana.

La Constitución establece que el Partido Comunista es único y constituye la «fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado». La discrepancia puede existir entre ciudadanos, pero no transformarse en una competencia entre partidos por el control del gobierno.

Ahí reside una diferencia esencial. Waters puede estar contra Trump sin estar contra Estados Unidos y su partido puede aspirar abiertamente a derrotar al partido del presidente.

En Cuba no existe un mecanismo equivalente mediante el cual una oposición partidista pueda intentar sustituir al PCC.

El problema no es lo que dijo Waters

Waters puede tener razón, estar equivocada o acertar parcialmente en su diagnóstico sobre las sanciones. Esa discusión es independiente del asunto que revela el agradecimiento de Díaz-Canel.

Lo significativo es la posición desde la que pudo pronunciar aquellas palabras.

Díaz-Canel no elogió simplemente a una ciudadana estadounidense solidaria con La Habana. Elogió a una integrante de la oposición actuando desde una institución del Estado y utilizando su autoridad parlamentaria para enfrentarse al Ejecutivo.

Por eso el episodio resulta incómodo para la retórica oficial cubana. Mientras el gobierno de La Habana suele presentar el pluralismo partidista como un elemento prescindible para medir la democracia, aquí uno de sus adversarios internacionales es cuestionado precisamente mediante ese pluralismo.

La comparación tampoco requiere idealizar el sistema estadounidense. Sus defectos, desigualdades y conflictos políticos pueden analizarse por separado. El punto es mucho más concreto: Waters dispone de un espacio institucional para confrontar al Gobierno porque el desacuerdo político organizado forma parte del sistema.

La pregunta que deja el agradecimiento

El mensaje de agradecimiento de Miguel Díaz-Canel pretendía reforzar su denuncia contra la política de Washington, pero terminó ofreciendo además una curiosa demostración práctica del valor de instituciones que su discurso político suele relativizar.

Puede utilizar las palabras de Waters contra Trump. Más difícil resulta explicar por qué los cubanos no disponen de una oposición parlamentaria capaz de ejercer frente a su gobierno una función semejante.

Ese es el punto que su agradecimiento deja abierto: si el pluralismo político y la oposición organizada son prescindibles para la democracia, ¿por qué resultan tan valiosos cuando producen desde Washington una crítica favorable a La Habana?

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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