Díaz-Canel insiste: No habrá pluripartidismo y el Partido Comunista controlará el giro al capitalismo en Cuba

Miguel Díaz-Canel durante su discurso de clausura Foto © Facebook / Presidencia Cuba

Miguel Díaz-Canel volvió a dejar claro que la apertura económica emprendida por el régimen cubano no vendrá acompañada de una apertura política: habrá más mercado, mayor protagonismo de la empresa privada y nuevas formas de propiedad y gestión, pero el Partido Comunista pretende conservar intacto el monopolio del poder y dirigir el proceso.

En un discurso ante representantes de partidos comunistas y obreros, el gobernante dedicó varios pasajes a explicar los límites políticos de las transformaciones económicas en marcha.

«Sé que el tema de las transformaciones económicas y sociales fue objeto de información y debate. Sin embargo, quiero enfatizar en conceptos claves: es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar el capitalismo», afirmó.

Díaz-Canel agregó que «no habrá privatización a ultranza» y que «los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo».

La elección de las palabras resulta significativa. El gobernante no dijo que no habrá privatización, sino que no habrá privatización «a ultranza”, mientras su gobierno intenta sacar a la economía cubana de una crisis profunda mediante 176 medidas que amplían considerablemente el espacio reservado durante décadas al mercado y al capital privado.

Entre las reformas anunciadas aparecen instrumentos característicos de las economías de mercado, como sociedades por acciones, mayor autonomía empresarial, inversión extranjera vinculada al sector no estatal, banca y casas de cambio privadas y nuevos mecanismos para la formación de precios, salarios y relaciones entre diferentes actores económicos.

El régimen rechaza, sin embargo, que ese viraje pueda interpretarse como una renuncia al socialismo.

Mercado sí; alternancia política, no

Si las reformas económicas abren puertas que durante décadas permanecieron cerradas por considerarse incompatibles con el modelo socialista cubano, Díaz-Canel dejó claro que existe otra puerta que el régimen no piensa abrir: la del pluralismo político.

«El Partido seguirá como celoso guardián de los intereses del pueblo, de la clase obrera, de las conquistas sociales y de la justicia social que ha movido a la Revolución desde sus inicios», afirmó.

Y fue todavía más explícito:

«No es ni será un partido de élites, ni de lobbies. Su rol de Partido único le impone ser cada vez más democrático y representativo [...] sin perder jamás la brújula en el pueblo, la Revolución y el socialismo».

La contradicción está en el centro del nuevo experimento económico cubano.

El régimen parece dispuesto a aceptar cada vez más instituciones asociadas al capitalismo cuando necesita que produzcan riqueza, atraigan capital o hagan funcionar actividades que el Estado no ha conseguido sostener eficientemente. Pero esa flexibilización termina allí donde comienza el poder político.

No habrá competencia entre partidos. No habrá alternancia entre proyectos de gobierno. Y el Partido Comunista seguirá arrogándose la condición de «guardián» de los intereses de una sociedad que no puede escoger libremente a otra fuerza política para que la gobierne.

Díaz-Canel llega incluso a presentar el monopolio político como una exigencia democrática: según su razonamiento, precisamente porque el PCC es el partido único debe ser «cada vez más democrático y representativo».

Pero un partido que no necesita competir con ningún otro tampoco tiene que someter su programa a la posibilidad real de ser desalojado del poder por los electores.

Capital privado para «construir el socialismo»

Otro fragmento del discurso revela hasta dónde llega la paradoja. Díaz-Canel reconoció expresamente que el futuro económico cubano incluye empresas estatales y privadas trabajando simultáneamente.

«Hacerlo será tarea de todos, de la empresa estatal y la no estatal, junto a otras formas de gestión de la economía que en su conjunto conforman el entramado empresarial cubano», dijo.

Pero inmediatamente fijó el objetivo político al que, según él, deberán quedar subordinados todos esos actores: «Enfocados en un fin único: construir el socialismo próspero y sostenible que merece el heroico pueblo cubano».

Díaz-Canel volvió a insistir en esa subordinación al describir la transformación económica como una «actualización» dirigida políticamente por el PCC.

«La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización de su modelo económico y social, sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes», sostuvo.

Las palabras clave son difíciles de pasar por alto: “bajo la conducción del Partido Comunista”.

Un giro económico para que nada cambie en el poder

Las 176 medidas representan uno de los reconocimientos más evidentes de que el modelo económico centralizado necesita mecanismos que el discurso oficial demonizó durante décadas.

El gobierno necesita inversión, capital privado, autonomía empresarial, incentivos económicos y mecanismos de mercado. Pero intenta incorporarlos sin aceptar la consecuencia política que más teme: perder el control sobre el proceso.

Ese modelo tiene antecedentes en otros regímenes comunistas que abrieron amplios espacios al mercado y al capital privado sin permitir una democratización equivalente del sistema político. El régimen cubano parece buscar ahora su propia fórmula: aprovechar mecanismos capitalistas para intentar rescatar la economía mientras conserva la estructura política que garantiza el monopolio del Partido Comunista.

Díaz-Canel no oculta esa intención. Al contrario, la formula abiertamente: transformación económica «bajo la conducción del Partido Comunista», reconocimiento de la empresa estatal y no estatal, rechazo a «instaurar el capitalismo» y defensa explícita del «rol de Partido único».

Después de décadas presentando mercado, propiedad privada y capitalismo como amenazas a las conquistas revolucionarias, el régimen necesita ahora buena parte de sus mecanismos para intentar salir de la crisis.

Lo único que, según el discurso de Díaz-Canel, permanece fuera de negociación es el poder.

El mercado puede abrirse. El capital privado puede crecer. Las reglas económicas pueden cambiar. Pero el Partido Comunista pretende seguir siendo el único autorizado a decidir hasta dónde, cómo y para qué.

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