Cubano: «Aquí no se produce. Aquí se importa, se acapara y se revende»

Aceite vegetal para cocinar (imagen de referencia) © Facebook / Revolico Santiago
Aceite vegetal para cocinar (imagen de referencia) Foto © Facebook / Revolico Santiago

Un cubano identificado como Américo Adolfo Hernandez publicó esta semana en Facebook una reflexión que circula ampliamente sobre la dinámica económica que padece la isla: «Aquí no se produce. Aquí se importa, se acapara y se revende. Y en ese ciclo, alguien siempre gana. Casi siempre el mismo».

El texto, titulado Cuba: el paraíso de los revendedores, parte de una premisa directa: «Hay un negocio que en Cuba nunca quiebra, nunca pierde y nunca se arriesga: revender». A partir de ahí, el autor traza un análisis que va desde el campo hasta las pequeñas y medianas empresas privadas (Mipymes).

Captura de Facebook / Américo Adolfo Hernandez

El primer eslabón es el más visible: un campesino vende aguacates al revendedor a 100 pesos la unidad; el revendedor los coloca en una esquina o carretilla y los cobra a 300 pesos, triplicando el precio sin haber sembrado ni esperado la cosecha, medita Hernández.

El segundo eslabón, dice, son las Mipymes, que justifican sus márgenes con el argumento de los costos de importación, el local y los impuestos. Pone como ejemplo un litro de aceite: antes, una Mipyme obtenía una ganancia neta de 500 pesos por unidad tras descontar todos sus gastos; ahora, sin que hayan subido los costos de origen ni los impuestos ni el transporte, ese mismo litro les reporta 1.500 pesos. El triple.

«Estas son cifras aproximadas. Pero el hecho es real: la subida de precios no responde a costos, responde a la intención de ganar más con menos inversión cada vez», sostiene, aunque muchos foristas le ripostan en comentarios al respecto que sí han tenido cambios las variables que menciona y otras que no, comenzando por el precio del dólar en el país.

A juicio de Hernández, el sistema del país «no es capitalismo. No es socialismo. Es un híbrido perverso donde el Estado permite, el revendedor se aprovecha y el pueblo paga». Y remata: «Eso no es economía. Eso es saqueo con permiso». Con la salvedad —sugieren varios internautas—, de que el primer saqueador es el responsable del bloqueo interno del país, quien lo gobierna.  

El contexto estructural respalda el amargo diagnóstico. El régimen eliminó en junio de 2026 los topes de precios minoristas para el pollo troceado, los aceites comestibles, la leche en polvo, las pastas y las salchichas mediante la Resolución 150/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios.

Antes de esa medida, el tope oficial para el aceite importado era de 990 pesos por litro; en agosto escaló a más de 4.000 pesos, con picos de hasta 7.000 en algunas zonas. El martes, una cubana denunciaba que la libra de pollo costaba 800 pesos y una botella de aceite entre 3.800 y 4.000 pesos en La Habana.

La brecha con los ingresos es abismal. El salario mínimo fue elevado a 3.210 pesos mensuales en julio de 2026, lo que equivale a apenas unos cinco dólares al cambio informal. Un cálculo publicado este mes estimó que una familia pequeña en La Habana necesita alrededor de 205,000 pesos al mes para cubrir alimentos, higiene, medicinas y servicios básicos: unas 64 veces el salario mínimo.

El acaparamiento tampoco es fenómeno nuevo. El pasado día 11, vecinos de Cojímar denunciaron que revendedores acaparaban casi todo el pan de una panadería estatal para revenderlo a precios mucho más altos. Asimismo, esta semana, la prensa oficialista publicó un reportaje preguntándose quién fija realmente los precios en Cuba, citando como ejemplo que en Matanzas una bolsa de leche llegó a costar 6.500 pesos en un punto y 4.500 en otro de la misma ciudad.

Muchos de los internautas que comentaron el post coincidieron en el diagnóstico. Uno señaló que Cuba «es el único país donde no hay competencia en los mercados: aquí uno fija un precio y allá va todo el mundo a venderlo a ese precio». Otro apuntó que la solución es más profunda: «Si el aceite se produjera en Cuba, pudiese competir con el importado y automáticamente el precio se ajusta. Sin embargo, el gobierno no lo hace por 'falta de recursos' y los que tienen el dinero para invertir no lo hacen porque este gobierno o sistema no ofrece ninguna garantía jurídica [...]. Las leyes cubanas cambian todos los días».

Una tercera voz resumió el impacto humano: «Lo que estamos pasando no tiene calificativo y solo lo vemos y lo sufrimos los de a pie».

Preguntas frecuentes sobre la crisis económica y el papel de las Mipymes en Cuba

CiberCuba te lo explica:

¿Por qué se critica al sistema económico cubano actual?

La crítica se centra en que, en Cuba no se produce internamente, sino que se importa, se acapara y se revende, lo que genera un ciclo económico donde siempre hay quienes ganan sin arriesgar, a menudo a expensas del pueblo cubano. Este sistema descripto como un "híbrido perverso" no es ni capitalismo ni socialismo puro, y se caracteriza por permitir prácticas de acaparamiento y reventa que afectan la economía del ciudadano común.

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¿Cuál es el papel de las Mipymes en la economía cubana?

Las Mipymes en Cuba son vistas con ambivalencia. Se consideran una parte necesaria del mercado que ayuda a ofrecer productos y servicios, pero también se les critica por sus altos márgenes de ganancia. Sin embargo, expertos como Elías Amor sostienen que no son las responsables de la crisis económica, sino el régimen comunista, que limita su operatividad y las convierte en chivos expiatorios de los problemas económicos.

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¿Cómo afecta la eliminación de topes de precios en Cuba?

La eliminación de los topes de precios ha llevado a un aumento significativo en el costo de productos básicos, como el aceite y el pollo, que ahora son inasequibles para muchos cubanos. Esta medida, implementada por el gobierno, ha exacerbado la disparidad entre los ingresos y el costo de vida, contribuyendo a una situación económica insostenible para la mayoría de la población.

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¿Qué impactos tiene el acaparamiento en la economía cubana?

El acaparamiento es un fenómeno persistente en Cuba, donde revendedores compran grandes cantidades de productos básicos para revenderlos a precios mucho más altos. Esto no solo afecta la disponibilidad de productos para el consumidor común, sino que también dispara los precios en el mercado, contribuyendo a una inflación galopante y a una creciente desigualdad económica.

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