Cuba: la tragedia de Aniari Barrientos y el colapso del sistema de salud

Aniari Barrientos, fallecida en Cuba presuntamente por negligencia médica. © José Daniel Ferrer
Aniari Barrientos, fallecida en Cuba presuntamente por negligencia médica. Foto © José Daniel Ferrer

La muerte de Aniari Barrientos Vázquez, una joven madre de apenas 26 años, vuelve a poner sobre la mesa la profunda crisis que atraviesa el sistema de salud cubano.

Aniari ingresó el 23 de septiembre de 2026 en el Hospital General Clínico Quirúrgico Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, en Santiago de Cuba. Según sus familiares, al día siguiente fue trasladada a una sala donde le inducirían el parto. Comenzaron a administrarle sueros y posteriormente su estado de salud se agravó.

La familia denuncia que durante aproximadamente dos días recibió información insuficiente y contradictoria, sin poder verla. El domingo 27 de septiembre, por la tarde, le comunicaron que había fallecido y le entregaron el cadáver.

Estremecedor resulta la denuncia familiar de que encontraron gusanos entre los cabellos de la fallecida. Esta acusación exige una investigación rigurosa. La directora del Hospital, la Dra Tamara Hodelín, en vez de disculparse por el mal trabajo y la muerte de Aniari, califica a los familiares de ingratos, por no reconocer los “esfuerzos” que dice hizo el hospital por la vida de la joven.

Aniari deja cuatro hijos: tres de 9, 7 y 5 años y una niña recién nacida que, afortunadamente, sobrevivió. Sus familiares reclaman conocer las circunstancias exactas de su muerte, los tratamientos recibidos y las razones por las que no tuvieron información clara y oportuna.

No corresponde establecer aún responsabilidades médicas sin conocer la historia clínica, el tratamiento y los resultados de la autopsia. Pero la familia tiene derecho a conocer toda la verdad.

Esta tragedia ocurre en medio de una crisis sanitaria nacional que durante 2026 ha adquirido dimensiones extraordinariamente preocupantes.

La falta de medicamentos, el deterioro de las instalaciones, los equipos averiados, los apagones y la emigración de profesionales han debilitado seriamente los servicios hospitalarios.

En marzo, una investigación de Reuters describió las difíciles condiciones laborales del personal sanitario y recogió testimonios de médicos cuyos salarios equivalían aproximadamente a 14 o 16 dólares mensuales. También informó que más de 96.000 pacientes aguardaban intervenciones quirúrgicas, incluidos unos 11.000 niños.

En julio, otra investigación periodística reveló que más de la mitad de la capacidad tecnológica utilizada en el programa nacional de atención al cáncer estaba afectada. Las dificultades alcanzaban también especialidades como cardiología, nefrología y neonatología.

La escasez de antibióticos, analgésicos, medicamentos para enfermedades crónicas y materiales quirúrgicos obliga frecuentemente a los pacientes a conseguir por sus propios medios los recursos necesarios para recibir atención.

Numerosas denuncias difundidas en redes sociales describen hospitales con problemas de higiene, baños deteriorados, falta de agua, equipos inutilizados y alimentación insuficiente.

En septiembre, el Hospital General Docente Guillermo Domínguez López, de Puerto Padre, reconoció la reaparición de una plaga de chinches en su servicio de Psiquiatría.

Los apagones agravan considerablemente esta situación. Aunque numerosos hospitales disponen de generadores eléctricos, necesitan combustible, mantenimiento y piezas de repuesto. Las interrupciones energéticas dificultan los diagnósticos, la conservación de medicamentos, la esterilización y el funcionamiento de equipos indispensables.

Otro problema es la pérdida de profesionales sanitarios. Durante décadas, Cuba formó numerosos médicos, enfermeros y especialistas. Sin embargo, muchos han emigrado al extranjero o abandonado instituciones públicas para trabajar en negocios privados, donde pueden obtener remuneraciones superiores.

Un médico cubano puede recibir un salario que no alcanza para garantizar adecuadamente la alimentación familiar. A ello se suman las dificultades de transporte, las guardias agotadoras y la angustia de atender enfermos sin disponer de suficientes recursos.

No puede responsabilizarse a quienes buscan mejores condiciones para sus familias. La responsabilidad principal de garantizar remuneraciones dignas y condiciones laborales adecuadas corresponde a las autoridades.

La propia Organización Panamericana de la Salud ha reconocido que la escasez de suministros, la emergencia energética y la emigración del personal sanitario afectan gravemente la capacidad de respuesta del sistema cubano.

También resulta necesario examinar la evolución histórica de su infraestructura. En 1958, Cuba contaba, según determinadas estadísticas históricas, con 87 hospitales públicos, 250 privados y mutualistas: 347 instituciones entre ambas categorías.

Después de 1959 se construyeron unos pocos hospitales y se ampliaron servicios hacia zonas rurales. Sin embargo, desapareció el sistema privado y mutualista, mientras la atención sanitaria quedó concentrada bajo administración estatal, cada vez más ineficiente.

El Anuario Estadístico de Salud de 2023 registraba 149 hospitales y 451 policlínicos. Estas cifras no permiten determinar cuántos hospitales fueron construidos durante los últimos 67 años, pues incluyen instalaciones anteriores a 1959 y establecimientos posteriormente reorganizados.

Lo importante es cuántos hospitales funcionan adecuadamente, cuántas camas están disponibles y qué recursos poseen para salvar vidas. Cuba necesita hospitales seguros, medicamentos accesibles, instalaciones higiénicas y profesionales capaces y justamente remunerados.

La tragedia de Aniari Barrientos exige respuestas. Sus familiares merecen conocer la verdad sobre lo ocurrido. Mientras tanto, millones de cubanos contemplan con creciente preocupación el deterioro de un sistema sanitario que debería protegerlos.

Detrás de las estadísticas hay niños esperando operaciones, ancianos sin medicamentos, embarazadas necesitadas de atención y familias que temen que un ingreso hospitalario termine en tragedia.

La crisis sanitaria cubana no puede continuar agravándose ante la mirada de un pueblo cada vez más empobrecido y vulnerable. La salud de los cubanos no puede seguir esperando, pero solo tendremos buena atención médica cuando democraticemos nuestra patria.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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