
El ajedrecista y disidente Garry Kasparov fue señalado como blanco de un plan de eliminación orquestado por el Kremlin en suelo estadounidense, según reveló este miércoles El Mundo.
Las autoridades de EE.UU. le comunicaron este verano que era «objetivo» de la operación y le asignaron protección especial por primera vez desde que se exilió en Nueva York en 2013.
La novedad amplía lo que ya se sabía sobre la llamada «Red RIS», la red vinculada a los servicios de inteligencia rusos cuyos cinco integrantes fueron acusados formalmente por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York el 16 de septiembre de 2026.
Entre esos cinco figuran dos cubanos: Oemis Romagoza Durruthy y Yaidel Delgado Suárez, alias «Vikingo».
Kasparov no era el único objetivo en suelo norteamericano. Más avanzados estaban los planes para eliminar a Ilya Ponomarev, el único diputado de la Duma rusa que votó contra la anexión de Crimea en 2014 y que desde el exilio ha apoyado la defensa armada de Ucrania.
El asesinato de Ponomarev —identificado en el sumario como «Víctima Número 1»— tenía un precio de 40,000 dólares. Una persona reclutada por la red realizó vigilancia de dos emplazamientos vinculados a él en Washington, fue detectada por cámaras de seguridad y finalmente se echó atrás.
El papel de los cubanos en la trama es central. Romagoza Durruthy, profesor de baile que coordinó ataques de sabotaje en Europa desde Rusia al servicio del GRU, ya era conocido por las autoridades lituanas por haber inducido a dos españoles a incendiar una empresa vinculada al suministro militar a Ucrania en 2024, por un pago de 4,000 euros.
Delgado Suárez, de 35 años, actuó como reclutador para los atentados planeados en territorio estadounidense junto al venezolano Ángel Eduardo Castro, de 22 años.
Fue precisamente Castro quien contactó este verano a un compatriota residente en Brooklyn con una pregunta directa: «¿Tienes a alguien de confianza en Washington?».
Las instrucciones que siguieron eran detalladas: borrar la conversación, acudir al barrio de la víctima con el teléfono en modo avión, grabar desde lejos con la mano izquierda. El objetivo final era «liquidar a uno o dos disidentes y de paso enviar un duro mensaje al resto».
También figura como posible objetivo el opositor Vladimir Kara-Murza, envenenado dos veces por Rusia y liberado en 2024 en un intercambio de presos. En Lituania, la red tenía en el punto de mira a Ivan Tyutrin, cofundador del Foro de la Rusia Libre junto a Kasparov, con un precio de 25,000 dólares por su eliminación.
La acusación penal no atribuye responsabilidad al Estado cubano. El régimen cubano negó cualquier vínculo con la red: la viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal Ferreiro, calificó las acusaciones de «una acusación velada más, y sin evidencias contra Cuba».
Kasparov, por su parte, no ha sido ajeno a la causa cubana. En marzo de 2026 arremetió contra la flotilla «Nuestra América» con destino a la isla escribiendo en X: «¿Qué tal si intercambiamos a estos idiotas por igual número de cubanos que quieran vivir en el mundo libre?»
El fiscal general adjunto para Seguridad Nacional, John A. Eisenberg, resumió el alcance de la operación: «Estos acusados supuestamente operaron como parte de una red global de crímenes que llegó hasta Estados Unidos, intentando reclutar a ciudadanos estadounidenses y extranjeros para cometer crímenes por orden del Kremlin».
Todos los acusados permanecen prófugos en Rusia y enfrentan hasta 20 años de prisión por conspiración para financiar terrorismo.
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