El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías publicó este viernes su columna semanal «He estado pensando» (entrega 177) con una reflexión titulada «La bendición de la persecución», en la que argumenta que la condena contra Anna Bensi y su madre ha generado exactamente lo contrario de lo que el régimen pretendía: unidad, solidaridad y una creciente pérdida del miedo entre los cubanos.
La reflexión llega un día después de que un tribunal de La Habana del Este declarara culpables a Anna Bensi y su madre y las condenara a dos años de limitación de libertad cada una, por haber grabado y difundido la imagen de un agente del MININT durante la entrega de una citación policial en su vivienda.
Reyes parte de una cita bíblica para construir su argumento central: «Dice la Biblia, el libro más sabio de cuantos se han escrito, que Dios ciega al soberbio. Y las dictaduras, en su soberbia ilimitada, se vuelven ciegas, no para ver el sufrimiento que provocan, ni para comprender cuánto son rechazadas y odiadas, sino para comprender que el tiempo se les acaba».
El párroco de Esmeralda, Camagüey, reconoce el daño personal que la persecución ha causado, pero insiste en sus consecuencias más amplias: «Me duele el sufrimiento psicológico de Anna Bensi y de su madre, pero cuando miro todo lo que su persecución está provocando, no puedo dejar de alegrarme por los frutos que está dando».
Enumera esos frutos uno a uno. El primero, la visibilidad del Estado totalitario. «El fruto de ver con claridad cómo somos prisioneros de un Estado totalitario, donde el individuo sólo vale si se somete, si sirve con docilidad al poder, si acepta ser un esclavo».
El segundo, la solidaridad pública creciente. «El fruto de un pueblo que empieza a perder el miedo a ser solidario públicamente y a dar la cara, poniéndose al lado del que es injustamente agredido».
Uno de los frutos que Reyes destaca con más énfasis es la unidad interconfesional que el caso ha propiciado. «El fruto de la unidad de las iglesias, todos a una, pasando por encima de viejas diferencias que durante tantos momentos nos han desviado de lo esencial», escribe. Esa unidad se materializó en días recientes, cuando la Convención Bautista de Cuba Occidental, la Iglesia Metodista y las Asambleas de Dios cerraron filas con Anna Bensi y su madre en vísperas del juicio.
El sacerdote también señala el paso de lo que llama «prudencia calculada» a «la libertad del Espíritu» como un cambio de fondo en la actitud de las iglesias cubanas, que recuperan así su función profética de proclamar «desde las azoteas» la justicia y la verdad.
Para el padre Alberto Reyes, Anna Bensi y su madre han trascendido su caso individual. «Han hecho algo más que decir en voz alta lo que todos pensamos: se han convertido en símbolo, y en un símbolo que hemos aprendido a amar». Esa conversión en símbolo, sostiene, ha encendido una «sana rabia» que empuja a quienes antes permanecían indiferentes. «Se está agrediendo a aquellas que hoy simbolizan la libertad, la justicia, la decencia, la determinación. Y eso produce rabia, mucha rabia contra el agresor, y eso hace que muchos corazones tibios digan: '¡Hasta aquí!'».
La columna se inscribe en una semana de intensa actividad pública del sacerdote. El 27 de septiembre publicó una reflexión sobre el primer paso como acción concreta, y el jueves publicó otra nota sobre la esperanza de cambio en Cuba, mientras EE.UU. condenaba la sentencia contra Anna Bensi calificándola de «cobardía».
El padre Alberto Reyes cierra su reflexión con una esperanza dirigida a los propios agentes del régimen: «El fruto de sentir asco hacia uno mismo, que es, muchas veces, el primer paso para unirse a los que ya han descubierto el sabor de la libertad».
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