Trump tira un vaso de agua al suelo para hablar del petróleo de Venezuela

Donald Trump Foto © X

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arrojó un vaso de agua al suelo durante un acto en la planta de camiones Peterbilt en Denton, Texas, el jueves, para ilustrar su argumento de que ahorrar pequeñas cantidades de combustible es absurdo cuando, según él, su país podría controlar más de la mitad del petróleo mundial sumando las reservas venezolanas.

«Si añadimos a Venezuela, tendremos el 58% del combustible del mundo. Ahorrar un vaso de combustible como este es ridículo», declaró Trump antes de dejar caer el vaso y derramar el agua frente al público congregado en la planta.

El mandatario también criticó los sistemas de control de consumo energético que existían antes de su administración: «Tenían ordenadores por todas partes, y además no funcionó bien. Fue terrible», afirmó, en una referencia implícita a las normas de eficiencia vehicular que su gobierno acaba de desmantelar.

A finales de septiembre, la administración Trump finalizó un recorte de los estándares federales de eficiencia de combustible, reduciendo el objetivo de flota para 2031 de 50,4 millas por galón —la norma de la era Biden— a 34,9 millas por galón, con mejoras anuales de apenas 1% frente al 2% anterior.

El acto en Denton formó parte de una gira de campaña para las elecciones legislativas de noviembre, en la que Trump respaldó candidatos republicanos, entre ellos Ken Paxton para el Senado por Texas. Tras el evento, el presidente viajó a Durant, Oklahoma, para un mitin adicional.

Representantes de Peterbilt y su matriz PACCAR atribuyeron a las políticas arancelarias de Trump la creación de aproximadamente 1,000 empleos y una producción de unos 200 camiones diarios en la planta de Denton.

La cifra del 58% no es nueva en el discurso presidencial. Trump la repitió ante la Asamblea General de la ONU en septiembre, en el marco de una intensa actividad diplomática y energética vinculada a Venezuela.

En agosto, anunció lo que describió como «el mayor acuerdo petrolero de la historia»: un convenio que daría acceso a la empresa privada North American Blue Energy Partners a 17 campos estratégicos en la Faja Petrolífera del Orinoco, con reservas probadas de unos 65,000 millones de barriles y una inversión proyectada superior a los 100,000 millones de dólares.

El contexto diplomático que rodea esas declaraciones es igualmente significativo. El 23 de septiembre, Trump y la presidenta encargada venezolana Delcy Rodríguez se reunieron por primera vez en Nueva York, al margen de la Asamblea General de la ONU.

El secretario de Estado Marco Rubio calificó el encuentro de «corto pero importante», centrado en reestructuración de deuda, estabilización económica y transición política. Rodríguez lo llamó «histórico».

Sin embargo, un sondeo posterior situó en el 91% el rechazo de los venezolanos a ese encuentro, lo que refleja la profunda desconfianza de la población hacia cualquier acuerdo entre Washington y el régimen chavista que encabeza Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro.

Expertos consultados por Bloomberg y otros medios han señalado que la simplificación del «58% del combustible mundial» es técnicamente discutible: el crudo venezolano es predominantemente pesado y ácido, más útil para diésel y asfalto que para gasolina, lo que limita su impacto directo sobre el suministro de combustibles para transporte.

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