
Un operativo policial desplegado en varias zonas de La Habana terminó con la ocupación de casi 1,5 millones de pesos en efectivo y la imposición de 22 multas a conductores que operaban al margen de la ley, según publicó en Facebook «Héroes de Azul en Cuba», perfil oficialista próximo al Ministerio del Interior (MININT).
La publicación se volvió viral de inmediato y desató un amplio debate que, lejos de celebrar el operativo, expuso la frustración acumulada de numerosos habaneros ante el deterioro del transporte público.
El operativo: ¿qué pasó y dónde?
Oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria de Centro Habana, junto con efectivos del Departamento Técnico de Investigaciones, actuaron primero en la intersección de Industria y Neptuno, donde detuvieron a ciudadanos que portaban el dinero ocupado.
Desde allí, las acciones se extendieron al parque El Curita y sus alrededores, a la llamada Piquera de Guanabacoa y a la avenida Galiano con su bulevar, zonas conocidas por la concentración de transporte informal en la capital.
Fueron detenidos conductores que ejercían el llamado «boteo» ilegal —con cobros por encima de las tarifas autorizadas—, bicitaxistas sin licencia y motociclistas sin la documentación requerida.
También fueron decomisadas tres bocinas con reproductores y un tubo de escape que, según la publicación oficialista, se encontraba bajo vigilancia por contaminación sonora.
Las cifras del operativo
El balance oficial, difundido con tono triunfalista, detalló la imposición de dos multas por el artículo 7, inciso l), por un monto de 8 000 pesos; tres multas por el Decreto 261, artículo 1, inciso k), por 500 pesos; y otras 17 multas por el Decreto 91, inciso c), por un monto de 16 000 pesos.
El jefe de Tránsito, Alain Blanch Aldana, y la viceintendenta de Fiscalización impartieron, además, dos charlas educativas: una dirigida a conductores de automóviles y otra a choferes de triciclos eléctricos.
La reacción: ironía, escepticismo y una pregunta sin respuesta
La publicación generó cientos de comentarios que reflejan tres sentimientos dominantes: frustración, temor y exigencia de soluciones reales.
La corriente mayoritaria fue la del escepticismo irónico.
«Y así mágicamente se resolvió el problema del transporte», escribió una usuaria.
Otros fueron más directos: «¿Y el transporte estatal dónde está?» y «¿Quién garantizará el tan necesario traslado de pasajeros?».
Uno de los temores más repetidos entre los comentaristas es que las sanciones reduzcan todavía más una oferta de movilidad ya insuficiente.
«Resultado final... menos transporte», resumió un usuario.
Varios anticiparon incluso un efecto contrario al buscado: que, al disminuir la cantidad de transportistas disponibles, quienes continúen operando eleven aún más las tarifas.
Una segunda corriente aceptó la necesidad de controlar ilegalidades, pero condicionó ese respaldo a que la fiscalización venga acompañada de alternativas concretas para los pasajeros.
«El problema no es acabar con los transportistas que tanta falta hacen», señaló un comentarista.
Otro formuló la pregunta que mejor resume esa posición: «¿Cuántas rutas estatales de transporte público se sumaron?».
Incluso entre quienes aplaudieron el operativo apareció una exigencia recurrente.
«Que no sea el actuar de un solo día», reclamó una comentarista.
Otra opinión lo sintetizó: «Todo lo que se haga para el bienestar del pueblo está bien hecho. Pero que no sea algo pasajero; en la constancia estará el éxito».
El sarcasmo también funcionó como termómetro del estado de ánimo general.
Frases como «mañana tenemos guagua cada 15 minutos» o «ya vienen pronto las guaguas para suplir el hueco» no celebraban ninguna mejora, sino que ridiculizaban la idea de que las multas puedan sustituir una política de transporte que el Estado cubano lleva años sin conseguir sostener de manera eficiente.
Varios usuarios calificaron el operativo directamente de «circo» o «desvío de atención».
El contexto que el operativo no resuelve
El deterioro del transporte estatal de pasajeros en Cuba ha alcanzado niveles críticos. Según datos divulgados anteriormente, el transporte estatal de pasajeros se desplomó un 93 % entre enero y septiembre de 2025.
La crisis llegó a tal punto que, en febrero de 2026, la página oficialista Transportación Habana informó que ninguna de las rutas urbanas disponibles en la capital prestaba servicio debido al déficit de combustible.
El deterioro ha dejado escenas que ilustran la magnitud del problema. Habaneros llegaron a cruzar a pie el túnel de la bahía, de 733 metros de longitud, después de esperar durante más de siete horas por una guagua que nunca llegó.
En medio de ese vacío, los boteros, bicitaxistas y triciclos eléctricos se han convertido en algunas de las principales alternativas de movilidad para numerosos cubanos, aunque con tarifas cada vez más elevadas.
El encarecimiento del combustible también presiona los costos de los transportistas. En marzo de 2026 se reportaron precios de alrededor de 4 000 pesos por litro de gasolina en el mercado informal de La Habana, una cifra que ayuda a explicar el aumento de los gastos operativos y su impacto en el precio de los pasajes.
Frente a la crisis, las autoridades cubanas han aplicado medidas que combinan la incorporación de nuevos actores con una mayor fiscalización. Por una parte, flexibilizaron requisitos para obtener licencias mediante la Instrucción n.º 1 del Ministerio del Transporte y autorizaron a 1 912 personas con vehículos eléctricos al cierre de julio de 2026. Por otra, han intensificado los operativos, las multas y los decomisos contra quienes trabajan sin licencia o cobran tarifas consideradas abusivas por las autoridades.
El operativo vuelve así a poner sobre la mesa una contradicción que afecta directamente a los ciudadanos: el Estado exige el cumplimiento de las regulaciones a los transportistas privados mientras continúa sin garantizar una oferta pública suficiente para cubrir las necesidades de movilidad de la población.
Un comentarista lo resumió así: «Lo que se ha realizado en este operativo es una cosa razonable; todos debemos cumplir las leyes, solo falta saber quién va a resolver el problema de la transportación de este pueblo cubano».
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