El escritor, poeta y babalawo cubano Axel Presas admite que el régimen castrista utilizó la apertura religiosa —incluida la religión yoruba— como una «válvula de escape» tras el derrumbe del bloque soviético en 1989. Así lo explicó en una entrevista con Tania Costa sobre el papel de la religión en una futura transición cubana.
Cuando la periodista le preguntó si la asociación entre el castrismo y la religión yoruba había perjudicado a los practicantes de esa tradición, Presas admitió que la pregunta lo tomó por sorpresa. «Wow, ahora me has puesto, como decimos nosotros, entre la espada y la pared, porque es una excelente pregunta y yo nunca había pensado en eso».
Su respuesta, sin embargo, fue matizada. Presas argumentó que la apropiación de una cultura ajena no daña necesariamente a quien es apropiado, sino que revela la falta de integridad de quien se apropia. «Cada cual puede apropiarse bienintencionada y malintencionadamente de las cosas de los otros. El problema está en no reconocer con fundamento propio y con integridad la verdadera cultura y el verdadero valor que tienen estas culturas africanas».
Pero el punto central de su análisis apunta directamente al cálculo político del régimen. «Yo pienso que fue muy importante ese cambio que quizás puede ser entendido como una válvula de escape. Desde que en 1989 cambia Europa del Este», afirmó Presas, señalando que una de las respuestas del castrismo al colapso soviético fue abrir el espacio para las religiones en plural, no solo para la yoruba.
Esa apertura tuvo hitos concretos. El IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en Santiago de Cuba en octubre de 1991, eliminó la prohibición de que los creyentes ingresaran al partido. Meses después, la reforma constitucional del 12 de julio de 1992 sustituyó la definición de Cuba como Estado ateo —vigente desde la Constitución de 1976— por la de Estado laico. Ese mismo año se legalizó la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, considerada la primera organización formal representante de las religiones afrocubanas reconocida en ese proceso.
Presas también mencionó el libro "Fidel y la religión", del fraile dominico brasileño Frei Betto, publicado en 1985 a partir de 23 horas de conversaciones con Fidel Castro, como una señal temprana de ese giro paulatino en la política religiosa del régimen.
La apertura, no obstante, fue pragmática. El Estado mantuvo el control sobre las asociaciones religiosas, sus espacios de culto y sus contactos internacionales. Las religiones afrocubanas resultaban políticamente convenientes porque tenían fuerte arraigo popular, no dependían de una jerarquía extranjera comparable a la Iglesia católica y podían integrarse en discursos de identidad nacional.
Ese contexto histórico explica también un fenómeno que un espectador del programa, Laureano Couso, resumió con una pregunta irónica: «¿Cómo es posible que hayamos pasado de menos de 60 babalawos en 1959 a 60 por CDR en 2025?»
Presas pidió no juzgar ese crecimiento con «un sentido de bipolaridad, bueno, esto es malo, esto es bueno», sino entenderlo como un fenómeno cultural complejo ligado a las circunstancias históricas que vivieron los cubanos, incluida la búsqueda masiva de refugio espiritual durante el Período Especial.
Más allá del diagnóstico histórico, Presas defiende que la religión yoruba puede aportar algo valioso a cualquier futura reconstrucción nacional: el principio de la «comunalidad», que describe como la disposición a recibir al extraño y participar colectivamente.
«Tiene que haber un buen comportamiento, una buena naturaleza, que todo proceso sea justo y determinado por otro factor muy importante que tiene nuestra religión, que es la comunalidad», concluyó.
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