
Una niña de 12 años recorre las calles de La Habana vendiendo galletas y chicles para ayudar a su madre y a sus hermanitas, mientras su familia sobrevive en un consultorio médico abandonado porque un ciclón derrumbó completamente su hogar.
Su historia fue documentada por el creador de contenido David, de la cuenta @david_vela_ayuda_humanitaria en Instagram, quien le compró toda la mercancía a la pequeña y la acompañó hasta donde vive.
«La casa se nos cayó. Ya no tenemos casa, pero yo vivo en un consultorio abandonado que ocupamos», relató la niña. En el interior del local no hay electrodomésticos. Cocinan con carbón porque no tienen fogón de gas. La única olla eléctrica que poseen rara vez funciona.
«No hay nada de nada. No tenemos frío (refrigerador), ni lavadora, ni televisor, ni nada. No hacemos casi nada», describió la pequeña.
Las noches tampoco son un descanso. «Por la noche cada vez que me acuesto no puedo dormir por la calor y por los mosquitos», confesó.
La niña también reveló que su asistencia a la escuela es irregular por una razón que resume la precariedad extrema en que vive: «A veces no voy a la escuela porque los zapatos se me rompieron».
Cuando el creador de contenido le preguntó qué necesitaba, respondió sin rodeos: «Si me pueden ayudar, cómprame ropa, zapatos y comida, porque no tengo».
La madre de la niña fue entrevistada por el creador de contenido. La mujer recordó el momento en que perdieron su hogar. «Cuando vino el ciclón tuve miedo porque la casa estaba ya a punto del derrumbe y nos metimos aquí. A los pocos días de eso, la casa se cayó completamente».
La protagonista de esta historia «tiene apenas 12 años y, en una etapa en la que debería estar jugando, estudiando y disfrutando de su infancia, tiene que salir a las calles a vender dulces para ayudar a su mamá y a sus hermanitas», dijo David.
Otros casos de menores que venden alimentos en Cuba
Durante 2026 se han multiplicado los reportes de menores que venden alimentos en las calles de La Habana, Santiago de Cuba, Camagüey, Las Tunas, Sancti Spíritus y otras provincias del país.
En septiembre, dos niñas vendían dulces en Camagüey para ayudar a su mamá y su historia generó una ola de solidaridad en redes.
Ese mismo mes se conoció el caso de un niño de 10 años que vendía ajos y pan en la calle. El pequeño no había comido cuando fue encontrado.
En agosto, dos niños de 13 y 11 años vendían pan en la calle para ayudar a sus familias, y en julio se documentó el drama de menores que trabajan porque sus madres están enfermas.
Las autoridades de Santiago de Cuba reconocieron en septiembre un aumento de casos de denuncias de trabajo y mendicidad infantil en su territorio.
Pese a que la Ley 178 de 2025, conocida como Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, prohíbe expresamente el trabajo infantil y califica la mendicidad como una forma de explotación, la crisis económica empuja a familias enteras a situaciones límite.
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