
El medio estatal Cubadebate presentó este sábado como una «innovación» lo que en realidad es una medida de supervivencia ante el colapso energético de Cuba: una panadería del municipio de San Cristóbal, en Artemisa, reemplazó el diesel por marabú —una planta invasora— para poder seguir horneando pan ante la falta total de combustible.
La unidad, ubicada en la comunidad José Martí junto al antiguo central azucarero del mismo nombre, construyó una fragua artesanal exterior que genera vapor conducido al interior del horno mediante un conducto con ventilador, sin alterar la estructura original del equipo.
La administradora, Damarys Trujillo Hernández, explicó la lógica detrás del diseño: «La idea era crear una fragua, que pudiéramos trabajar con ella usando la leña, pero mantener la estructura original del horno, para retomar su uso cuando las condiciones mejoren respecto al combustible, por eso es un sistema rústico que genera vapor al exterior del horno y no le afecta en nada. Lo que hicimos fue retirar el quemador y poner un conducto con un ventilador para llevar el vapor hacia el interior».
Llegar a ese resultado no fue sencillo. Los trabajadores probaron primero con arcilla sola, luego con ladrillos de barro, y ninguno resistió las temperaturas. Finalmente dieron con una mezcla de fibra de vidrio, arcilla y cemento que sí funcionó como material refractario.
Lo que el oficialismo celebra como ingenio es, en realidad, el síntoma de una crisis energética sin precedentes. En mayo de 2026, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió públicamente que Cuba no tenía «absolutamente nada» de diesel ni fuel oil para la generación eléctrica. El país consume entre 90,000 y 110,000 barriles diarios pero solo produce cerca de 40,000, un déficit estructural que se agravó cuando Venezuela interrumpió sus envíos de petróleo a finales de 2025 y México redujo casi por completo sus suministros a comienzos de 2026.
En ese contexto, las panaderías de toda Cuba volvieron a los hornos de leña desde febrero de 2026. En Guantánamo, la harina llegó en mulos y el pan se coció con leña; en Holguín se reactivaron hornos de más de treinta años; en Camagüey, el propio Gobierno inauguró un horno de leña en septiembre de 2025 y lo presentó como «ciencia e innovación». La narrativa es siempre la misma: lo que es una respuesta de emergencia ante el colapso del sistema energético se vende como creatividad revolucionaria.
El marabú —una planta invasora de origen africano que cubre millones de hectáreas en Cuba— tiene un alto poder calorífico de aproximadamente 4,654 kcal/kg, lo que lo convierte en un recurso de emergencia extendido. Sin embargo, su carbón también escasea y se vende en el mercado informal a entre 3,500 y 5,000 pesos el saco de 20 kg, muy por encima del precio oficial.
La panadería de San Cristóbal produce 15,000 panes diarios destinados a la merienda escolar, el hospital, el hogar materno y el hogar de niños sin amparo parental del municipio, además de abastecer a varios consejos populares vecinos. Lleva unos dos años asumiendo la producción de otras panaderías con problemas operativos en la zona. Ante la escasez de harina y azúcar, la administradora confirmó que ya negocia con un cuentapropista y posiblemente una mipyme para garantizar materias primas: «Ya hicimos contrato, tenemos la ficha de costo hecha y por ambas partes está todo bien definido para comenzar con los suministros y las ventas».
Mientras la prensa del régimen celebra el «ingenio» de cocer pan con leña en pleno 2026, en Villa Clara, por ejemplo, el pan subsidiado lleva meses restringido a menores de 13 años y mayores de 65, una señal más de hasta dónde ha llegado el deterioro de un sistema que no puede garantizar ni el alimento más básico de la dieta cubana.
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