
Mientras economistas y funcionarios debaten en la televisión estatal cubana cuánto espacio debe ganar el mercado dentro del modelo socialista, varios ciudadanos respondieron con una pregunta mucho más elemental: «¿Pero qué se prevé planificar si no se produce nada?».
La reacción surgió a propósito de una reciente emisión del programa Cuadrando la Caja, de Cubadebate, dedicada al tema «Mercado en el socialismo cubano: ¿Adiós a la planificación?», en momentos en que el propio gobierno reconoce la necesidad de introducir cambios en un modelo marcado durante décadas por la centralización.
El espacio, conducido por Marxlenin Pérez Valdés, reunió a Adriano García Hernández, del Ministerio de Economía y Planificación; Rafael Montejo Véliz, director del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección de la Universidad de La Habana; y Ayuban Gutiérrez Quintanilla, profesor de la Facultad de Economía de esa institución.
Durante el debate, los panelistas reconocieron problemas asociados al «exceso de centralización» y a la reducción del papel del mercado en la economía cubana, y defendieron una mayor utilización de mecanismos mercantiles dentro de la planificación socialista.
García Hernández admitió incluso que algunas aperturas al sector privado responden más a la necesidad que a una preferencia del gobierno.
«Hay determinados sectores que nosotros no quisiéramos que el sector privado tuviera tanta [presencia] como la va a tener ahora, pero tenemos que hacerlo, si no nos salvamos la Revolución», afirmó.
Montejo Véliz anticipó también un cambio significativo en la asignación de recursos: «El mercado va a comenzar a tener un papel que antes no tenía y va a tener un papel mucho más activo que el que ha tenido hasta ahora».
Por su parte, Gutiérrez Quintanilla planteó pasar de «planificar a espaldas del mercado» a «planificar a través del mercado», con mayor peso de los precios y de los mecanismos financieros frente a la tradicional planificación material.
Las explicaciones provocaron numerosas respuestas críticas entre usuarios cubanos en redes sociales, muchos de ellos más preocupados por la escasez, los salarios y los precios que por las definiciones teóricas del modelo económico.
«Lo único que les puedo decir es que no sé cómo quieren ustedes el mercado. Pero ahora mismo un pomo de aceite es el salario mínimo en Cuba», comentó un usuario.
Otro resumió su cuestionamiento de manera aún más directa: «¿Pero qué se prevé planificar si no se produce nada?».
Una cubana escribió: «Si ya estamos viviendo el capitalismo, deberían pagarnos como tal», en referencia a unos precios que han aumentado con mucha mayor rapidez que los ingresos de buena parte de la población.
El debate llega en medio de un deterioro considerable de los principales indicadores económicos. La inflación oficial interanual alcanzó el 25,19% en agosto, mientras los alimentos y bebidas no alcohólicas acumularon un aumento de 36,01%.
El salario mínimo se mantiene en 3,210 pesos cubanos, una cantidad inferior incluso al precio que alcanzan algunos productos básicos en el mercado privado.
A la discusión se sumaron referencias al exministro de Economía y Planificación Alejandro Gil, quien durante años defendió la planificación centralizada y posteriormente fue condenado en dos procesos judiciales: a cadena perpetua por espionaje y a 20 años de prisión por delitos económicos y de corrupción.
El debate sobre mercado y planificación coincide además con la aplicación de las llamadas Transformaciones Económicas y Sociales aprobadas en junio. A finales de septiembre, el gobierno aseguró haber implementado 158 de las 176 medidas previstas.
Entre ellas aparecen una mayor participación del sector privado, cambios en el comercio exterior, modificaciones empresariales y nuevos mecanismos de formación de precios, aunque el propio primer ministro Manuel Marrero reconoció entonces que faltaba «lo más importante»: que los resultados pudieran percibirse en la economía cotidiana.
Una décima del poeta popular El Gurú de Jatibonico, leída durante Cuadrando la Caja, resumió la dimensión que los propios participantes atribuyen al cambio:
«De los planes materiales, a los planes financieros: parecen cambios ligeros, más son cambios radicales».
Para muchos de quienes comentaron el debate, sin embargo, la preocupación inmediata sigue siendo menos teórica: qué producir, cómo aumentar la oferta y de qué manera podrán los salarios alcanzar para pagar los precios actuales.
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