
El escritor y crítico de arte cubano Jorge de Mello compartió en redes sociales una escena que observó desde la ventana de su apartamento y que lo llevó a reflexionar sobre la situación de las personas sin hogar en su barrio.
"Mi barrio, al final de El Vedado, también se ha ido convirtiendo en uno de esos lugares por donde deambulan cada vez con más frecuencia personas sin hogar y sin amparo, pobre gente que ha sido desahuciada por la sociedad", escribió De Mello este jueves en su perfil de Facebook.
El hombre, mayor y extremadamente delgado, arrastraba un pesado bulto cuando se detuvo ante un charco de aguas negras. Según el escritor, el agua albañal "se escurre desde hace meses por el parterre y derrama su insalubridad hacia la calle sin que a nadie le importe mucho".
La escena tomó otro sentido cuando el hombre se acomodó la camiseta por dentro de la bermuda raída, rebuscó entre sus pertenencias y sacó un trozo de tela azul oscuro. Con él improvisó una especie de corbata que se ató al cuello por encima de la chaqueta. Después estiró los brazos, balanceó el cuerpo y retomó la marcha con la cabeza erguida.
El gesto conmovió al autor, que reconoció su impotencia ante una realidad que no consigue asumir con indiferencia. "No logro incorporarlos con naturalidad a mi cotidianidad ni desviar la mirada con indiferencia, tampoco puedo hacer algo efectivo por ellos más allá de dejar constancia de la injusticia de estos tiempos brutales que ningún país debería soportar", expresó.
Las respuestas a la publicación mostraron que otros residentes identifican esa situación como parte de una degradación más amplia. Una lectora afirmó que ya es habitual ver a personas sin hogar en distintas ciudades y relató que ha encontrado a algunas lavando su ropa en charcos de agua. "Nuestros paisanos cuentan la verdadera historia de lo que nos acontece", escribió.
Otra persona, que aseguró haber vivido toda su vida en El Vedado, resumió su percepción del deterioro del barrio con una frase tajante. "Al Vedado lo que le queda es el nombre".
Un comentarista contrapuso la situación actual con la promesa de eliminar "hambre, miseria y desolación" tras 1959. "67 años después del 1959 lo que ha ocurrido es involución, todo está peor", escribió.
Las críticas también apuntaron a la respuesta institucional ante el deterioro social y urbano. "Nunca pensé que llegaríamos a este punto de miseria, pero sobre todo de indiferencia, falta de voluntad e incompetencia de las autoridades para no permitir este horror que crece y crece", señaló otro usuario.
Una lectora de la publicación resumió con precisión lo que muchos sienten ante estas escenas: "Documentas, y no es poco, de la manera más honesta y sensible, los costes humanos de una prolongada crisis que quienes detentan el poder se niegan a reconocer y mucho menos solucionar".
La crónica de De Mello reúne en una misma escena la pérdida de amparo de un hombre y un problema sanitario que, según su relato, lleva meses sin solución. En un barrio asociado históricamente con zonas residenciales de La Habana, la imagen expone una realidad que los comentarios describen como cada vez más difícil de ignorar.
El sistema de alcantarillado de La Habana, construido entre 1908 y 1914 para una ciudad de unos 600,000 habitantes, debe atender hoy a más de 1,8 millones de personas y con décadas de mantenimiento insuficiente.
A ello se suma el agravado problema de la acumulación de basura en numerosas calles y avenidas. En septiembre se documentó una gran acumulación de desperdicios en pleno centro del Vedado, en la calle 25, casi esquina con la Avenida de los Presidentes, extendida por aproximadamente una cuadra.
La indigencia tampoco es un fenómeno nuevo en el barrio. A comienzos de 2025 se reportó un anciano que llevaba meses durmiendo en un portal en Línea y 14, en El Vedado.
El cuadro que describe De Mello encaja con los datos más recientes sobre pobreza en Cuba. Tras efectuar 1,318 entrevistas entre el 27 de junio y el 29 de julio en 79 municipios, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) encontró y publicó en agosto que 94 % de la población consultada vivía en pobreza extrema.
Uno de los datos más preocupantes afecta a los adultos mayores, pues las personas de más de 70 años representan 44 % de quienes viven en la calle, según los resultados recogidos por el OCDH.
Días atrás, el primer ministro Manuel Marrero reconoció la existencia de 883,000 personas en situación de vulnerabilidad y anunció una asistencia alimentaria mensual de cinco libras de arroz, una de azúcar y una de granos para ese universo.
Asimismo, un oyente de Santiago de Cuba le dijo al gobernante Miguel Díaz-Canel en el programa radial Criterio Compartido: "A las personas vulnerables las vemos en la calle, en la basura, pidiendo limosna, dinero y comida".
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