Ucrania destruye los supercomputadores de Yandex y lleva la guerra al corazón digital de Rusia

Vladimir Putin e Incendio de centro logístico de Moscú (imagen de referencia) © TASS - X/@bayraktar_1love
Vladimir Putin e Incendio de centro logístico de Moscú (imagen de referencia) Foto © TASS - X/@bayraktar_1love

Drones ucranianos atacaron esta semana dos centros de datos de Yandex —el mayor proveedor tecnológico de Rusia— en una escalada que Kiev describe como una estrategia deliberada para desmantelar la infraestructura de inteligencia artificial rusa y elevar el costo económico de la guerra.

Los ataques del miércoles y el jueves, confirmados por la propia empresa, dejaron inoperativos dos de sus tres supercomputadores y desencadenaron fallos en cascada en buena parte de la economía digital rusa, según reporte de The Kyiv Independent.

El primer golpe alcanzó el centro de datos de Sásovo, en la región de Riazán, dejándolo completamente fuera de servicio. Al día siguiente, una segunda instalación en Kaluga sufrió daños graves con varios módulos inutilizados; el gobernador regional reportó nueve heridos y 26 drones derribados.

Ambas instalaciones albergaban los supercomputadores «Chervonenkis» y «Lyapunov», donde se entrenaba el modelo de inteligencia artificial YandexGPT con cerca de 2,700 aceleradores Nvidia A100.

Cuando los servidores colapsaron, los primeros sistemas en reportar fallos fueron los de Wildberries, Ozon, T-Bank, los Ferrocarriles Rusos y el portal inmobiliario Cian, todos dependientes de la nube de Yandex para operar.

Los ataques no son un episodio aislado, sino el último eslabón de una campaña ucraniana de largo alcance contra la economía rusa que comenzó a mediados de julio con una ofensiva sistemática contra los almacenes de Wildberries, el gigante del comercio electrónico conocido como el «Amazon ruso».

Según The Guardian y Reuters, alrededor de una quinta parte de la capacidad de almacenamiento de la compañía resultó dañada o destruida, con pérdidas estimadas en hasta 1,180 millones de dólares.

El Ministerio de Defensa ucraniano justifica los ataques a Yandex argumentando que sus servicios no son exclusivamente civiles. Según el análisis del experto Konstantin Tarasov publicado por OBOZ.UA, «los servicios de Yandex Cloud y sus sistemas cartográficos procesan datos geoespaciales de alta precisión, y los algoritmos de inteligencia artificial de la compañía analizan imágenes satelitales, corrigen rutas de logística militar y ayudan a reconocer objetivos».

Además, el centro de datos de Sásovo compartía complejo industrial con la fábrica «Sasta», que produce componentes para el sistema de misiles balísticos tácticos Iskander.

La dimensión propagandística de Yandex también pesa en la decisión ucraniana. Una auditoría financiada por la Unión Europea, conocida como Weaponised Algorithms y realizada por el investigador Ihor Samokhodskyi, documentó que el asistente Alice respaldó narrativas del Kremlin en el 86 % de sus respuestas en ruso.

El informe concluyó que «el hallazgo no constituye una simple limitación del entrenamiento, sino una supresión deliberada de información en tiempo real»: Alice afirmaba que la masacre de Bucha había sido «una puesta en escena».

Los ataques a Yandex son también una respuesta directa a la campaña rusa de finales de septiembre, cuando Moscú bombardeó al menos ocho centros de datos en Kiev, dejó a 100,000 hogares sin internet y causó cuatro muertos en el ataque al proveedor Datagroup.

El contexto político añade tensión al escenario. El sábado, el presidente Donald Trump arremetió públicamente contra Volodímir Zelenski, afirmó que «es hora» de que Ucrania tenga otro presidente y lo acusó de «crear problemas para el mundo» por continuar los ataques contra refinerías rusas.

Negociadores estadounidenses habrían advertido a Kiev que Washington podía suspender el intercambio de inteligencia si Ucrania no frenaba esa estrategia energética.

Zelenski rechazó el acuerdo de diésel que Trump respaldó con Moscú calificándolo de «absolutamente terrible» y advirtió que permitiría a Rusia financiar la continuación de la guerra. Lejos de frenar la ofensiva, Kiev la amplió hacia el sector tecnológico, sumando los centros de datos a una lista que ya incluía refinerías, almacenes logísticos y plataformas de comercio electrónico.

El impacto acumulado de esta estrategia se refleja en las cuentas rusas: el presupuesto federal acumulaba un déficit de unos 67,000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, y un informante próximo al Kremlin advirtió a Reuters que se avecinaba «una ola de quiebras» en el sector comercial que nadie tenía recursos para contener.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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