
El presidente ruso, Vladimir Putin, habría llegado a admitir ante personas de su círculo cercano que teme por su propia vida si pone fin a la guerra en Ucrania sin alcanzar los objetivos mínimos fijados por el Kremlin.
«Me colgarán», habría dicho Putin en algún momento de la guerra a varios de sus allegados, según aseguró una fuente interna citada por The Economist en un análisis publicado a finales de agosto.
La supuesta confesión aparece en un artículo de la revista británica que analiza las razones por las que el mandatario ruso podría optar por una nueva escalada del conflicto, pese al enorme coste humano, económico y político que la invasión está teniendo para Rusia.
El temor de Putin a mostrar debilidad
Según The Economist, uno de los principales factores que explicarían la negativa de Putin a retroceder no estaría únicamente relacionado con sus objetivos geopolíticos, sino con la propia naturaleza del sistema de poder construido en Rusia.
La publicación sostiene que el Kremlin funciona bajo una lógica en la que mostrar debilidad puede resultar extremadamente peligroso para quien ocupa la cúspide del poder. Aunque el sistema ruso tendría una elevada tolerancia a la violencia, sería mucho menos indulgente con el fracaso.
En ese contexto, Putin probablemente considera que terminar la guerra sin conseguir siquiera su objetivo mínimo —controlar completamente la región oriental ucraniana del Donbás— podría poner en riesgo no solo su permanencia en el Kremlin, sino también su integridad física, según el análisis.
Es precisamente al explicar ese temor cuando The Economist recoge la contundente frase atribuida al gobernante ruso: «Me colgarán».
La revista no identifica al informante que atribuye esas palabras a Putin ni precisa cuándo o ante quiénes exactamente habría realizado el comentario, por lo que la declaración no puede ser verificada de manera independiente.
Crece el desgaste dentro de Rusia
El análisis señala además un deterioro del respaldo pasivo que durante años permitió al Kremlin mantener la guerra relativamente alejada de la vida cotidiana de buena parte de los rusos.
Los ataques ucranianos con drones contra refinerías, centros logísticos y otras instalaciones dentro de territorio ruso, unidos a las restricciones de internet impuestas por las autoridades, estarían debilitando esa sensación de normalidad.
Según datos del centro independiente Levada citados por la revista, el 57 % de los rusos describe actualmente la situación del país como «tensa». Entre las preocupaciones mencionadas aparecen la guerra, las muertes, la movilización, los ataques con drones y la incertidumbre sobre el futuro.
El malestar también estaría aumentando entre sectores de la élite rusa. Una de las fuentes consultadas por The Economist sostiene que el problema no es únicamente el comportamiento de la economía o la ausencia de una victoria militar decisiva, sino el tiempo consumido por una guerra que se aproxima a los cinco años.
Otra fuente describe una creciente percepción entre las élites de que el liderazgo de Putin está perdiendo parte de la imagen de fortaleza que lo ha sostenido durante décadas.
Una posible escalada como salida
Ante ese escenario, fuentes cercanas al Kremlin citadas por la publicación aseguran que Putin habría decidido durante el verano apostar por una escalada.
Entre las posibilidades mencionadas están intensificar las operaciones híbridas y los sabotajes contra países aliados de Ucrania, atacar las rutas utilizadas para trasladar suministros europeos y aumentar la presión sobre instalaciones vinculadas a la producción de material militar.
Las agencias occidentales de inteligencia, sin embargo, consideran que el Kremlin no buscaría deliberadamente una confrontación militar directa con la OTAN, según la revista.
Dentro de Ucrania, la escalada podría traducirse principalmente en una intensificación de tácticas ya utilizadas por Rusia. El Ministerio de Defensa ruso anunció el 30 de agosto que preparaba un ataque masivo contra la infraestructura energética ucraniana.
Fuentes rusas citadas por The Economist aseguran además que Putin estaría dispuesto a enviar entre 300.000 y 400.000 hombres adicionales al frente. El Kremlin podría evitar anunciar una nueva movilización nacional y recurrir, en cambio, a mecanismos regionales de reclutamiento y presión.
El análisis concluye que ninguna de esas medidas resolvería los problemas estructurales que enfrenta Rusia. Por el contrario, una nueva escalada podría aumentar el sufrimiento de la población y alimentar una mayor inestabilidad tanto dentro como fuera del país.
Vídeos relacionados:
Archivado en: