
El nuevo memorando del Departamento de Guerra de Estados Unidos para acelerar el empleo de sistemas antidrones contiene un detalle de alto valor estratégico: la defensa de una instalación militar no tiene por qué limitarse al perímetro físico de la base.
El documento, firmado por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ordena eliminar trabas burocráticas que retrasan el despliegue de capacidades contra aeronaves no tripuladas, conocidas como c-UAS. Su objetivo formal es proteger fuerzas, instalaciones, activos y el espacio aéreo estadounidense frente a una amenaza que Washington considera cada vez más rápida, barata y extendida.
En ese marco, Hegseth menciona una guía previa, fechada el 8 de diciembre de 2025, que aclaró que la «línea de la cerca» no tenía por qué ser una limitación y amplió el margen de decisión de los comandantes para proteger instalaciones y activos cubiertos.
El memorando no menciona a Cuba ni a Guantánamo en ese pasaje. Sin embargo, la referencia adquiere una lectura particular en el caso de la Base Naval de Guantánamo, situada en territorio cubano, rodeada por áreas bajo control del régimen de La Habana y convertida recientemente en una pieza clave de la estrategia estadounidense de drones y guerra autónoma en el Caribe.
Defender antes de que el dron llegue
La lógica del documento es sencilla: una amenaza no tripulada puede originarse fuera de una base, aproximarse desde zonas civiles, costeras o marítimas, y exigir una respuesta antes de cruzar la cerca. En la guerra de drones, esperar al contacto directo con el perímetro puede ser demasiado tarde.
Por eso, el Departamento de Guerra ordena tratar las demoras en la aprobación de sistemas antidrones como un riesgo operacional. Hegseth resume esa idea con una frase central: una solución contra drones que no puede emplearse no es una capacidad.
La directiva busca reducir de meses a días o semanas los plazos para autorizar sistemas c-UAS ya probados y validados. También exige que cualquier negativa a emplear una capacidad antidrones quede documentada y sea elevada a la Joint Interagency Task Force-401 (JIATF-401), que actuará como punto central de coordinación.
Cada obstáculo deberá tener un responsable, un plazo y una vía de escalamiento. Si una autoridad no responde en 30 días, el solicitante deberá notificar a la oficina del secretario de Guerra.
Láseres, frecuencias y revisiones rápidas
El memorando identifica cuatro cuellos de botella: autorizaciones para operar y conectar sistemas, certificación de espectro y frecuencias, revisiones de seguridad de armas y análisis legales.
En el plano jurídico, ordena acelerar las revisiones requeridas para armas y sistemas antidrones, generalmente en un plazo de 10 días tras recibir la información necesaria. El texto aclara que la medida no cambia las normas existentes sobre el uso operacional de c-UAS ni autoriza violaciones de la ley o compromisos a la seguridad pública y militar.
El documento también menciona pruebas conjuntas entre la Administración Federal de Aviación y el Departamento de Guerra que validaron el empleo seguro de determinados sistemas láser de alta energía en el espacio aéreo nacional.
Además, respalda el Project Spectrum Strike, una herramienta automatizada con inteligencia artificial impulsada por la Defense Innovation Unit para coordinar, autorizar y evitar interferencias en el uso del espectro radioeléctrico por parte de sistemas antidrones.
Guantánamo en el centro de la lectura cubana
El detalle sobre el perímetro cobra relevancia porque Guantánamo aparece cada vez más conectada con la nueva doctrina militar estadounidense.
SOUTHCOM anunció recientemente que la base albergará el primer sitio de entrenamiento y apoyo a misiones del SOUTHCOM Autonomous Warfare Command (SAWC), estructura regional dedicada a integrar drones, sistemas autónomos, datos y comunicaciones.
La instalación, arrendada a Cuba desde 1903 y denunciada por el régimen cubano como una ocupación ilegal, ya había sido definida por el Comando Sur como un «centro operacional y logístico vital» para las operaciones estadounidenses en el hemisferio. Con el SAWC, adquiere además una dimensión tecnológica vinculada a la guerra autónoma.
El nuevo memorando la coloca, indirectamente, en otra discusión: cómo defender bases sensibles frente a drones que podrían aproximarse desde fuera de su perímetro físico.
Reportes sobre drones desde Cuba
La lectura cubana del documento viene marcada por antecedentes recientes. CiberCuba reportó en mayo, citando información de Axios basada en inteligencia clasificada estadounidense, que el régimen cubano habría adquirido más de 300 drones militares de ataque procedentes de Rusia e Irán desde 2023.
Según esos reportes, funcionarios militares cubanos habrían discutido escenarios para emplear drones contra la Base Naval de Guantánamo, buques de guerra estadounidenses e incluso Cayo Hueso, Florida. La Habana rechazó las acusaciones y las presentó como parte de un supuesto expediente fabricado para justificar una agresión.
No existe evidencia pública de que Cuba posea drones Shahed o Geran operativos, ni de que haya una orden de ataque contra instalaciones estadounidenses. Pero la combinación de reportes de inteligencia, cooperación militar con Rusia e Irán, cercanía a Florida y nuevo protagonismo de Guantánamo ha elevado la sensibilidad del tema en Washington.
Ese contexto se suma a otros movimientos recientes, como el ejercicio FLEX2026 en Cayo Hueso, que integró inteligencia artificial, drones de larga autonomía y vehículos marítimos no tripulados a unas 90 millas de Cuba, y el experimento DASH, en cuyas pantallas oficiales apareció la isla como escenario visible de aplicaciones de gestión de batalla con inteligencia artificial.
Un detalle técnico con implicaciones estratégicas
El memorando no acusa a Cuba, no anuncia una operación contra la isla y no establece reglas específicas para Guantánamo. Su propósito declarado es acelerar el empleo legal, seguro y eficaz de sistemas antidrones para proteger instalaciones, fuerzas, activos y espacio aéreo estadounidense.
Pero la referencia a que la cerca de una base no debe limitar la defensa cambia la lectura en escenarios como Guantánamo.
En una instalación rodeada por territorio cubano, cualquier discusión sobre drones, perímetros y margen de decisión de los comandantes adquiere una dimensión política y militar particular.
Para el régimen cubano, el mensaje de fondo es incómodo: Washington no solo está reforzando el papel de Guantánamo en la guerra autónoma regional, también está acelerando los mecanismos para defenderla frente a amenazas no tripuladas antes de que lleguen a su perímetro.
En la guerra de drones, la cerca ya no marca necesariamente el inicio de la defensa. Y en Guantánamo, esa idea tiene implicaciones directas.
Vídeos relacionados:
Archivado en: