La historia del comunismo

Vocacional Karl Marx, en Matanzas. © Cubadebate
Vocacional Karl Marx, en Matanzas. Foto © Cubadebate

La historia del comunismo es la historia de una de las ideas más influyentes, controvertidas y trágicas de la humanidad. Nació de aspiraciones de igualdad y justicia social, prometió acabar con la explotación, las clases sociales y la pobreza, pero sus principales experiencias de gobierno terminaron construyendo sistemas de partido único, represión política, concentración extraordinaria del poder y muchos crímenes.

Sus antecedentes se remontan a la Antigüedad. Platón, en La República, imaginó una sociedad ideal que contenía elementos que hoy podemos considerar antecedentes del pensamiento comunista. Siglos después, Tomás Moro describió en "Utopía" (1516) una sociedad sin propiedad privada. Tommaso Campanella, en "La ciudad del Sol" (1602), defendió una organización comunitaria de la existencia. Durante la Revolución francesa, Graco Babeuf propuso una transformación radical de las relaciones de propiedad. Más tarde, Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen desarrollaron distintas formas de socialismo utópico.

Sin embargo, el comunismo moderno nació verdaderamente con Karl Marx y Friedrich Engels, autores del "Manifiesto del Partido Comunista", publicado en 1848. Sostenían que la historia era fundamentalmente una lucha de clases, que el capitalismo sería superado por una revolución proletaria y que, después de una etapa de transición, surgiría una sociedad sin clases y sin Estado coercitivo. 

José Martí demostró ser mucho más agudo que Marx cuando en su artículo “La futura esclavitud” advirtió sobre los peligros del socialismo burocrático y autoritario, resultado de las tesis del autor de “El Capital”.

Marx imaginó una sociedad regida por el principio: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades». Su gran error, según sus críticos, consistió en subestimar la complejidad económica, los incentivos individuales y la dificultad de concentrar las decisiones productivas sin destruir la libertad. “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado”, concluyó el Apóstol de nuestra independencia.

La primera experiencia duradera de gobierno comunista comenzó con la Revolución bolchevique de octubre de 1917. Vladímir Lenin transformó el marxismo mediante la teoría del partido de vanguardia: una organización disciplinada que, afirmando representar al proletariado, concentraría el poder político. Surgieron la policía política, la censura, la persecución de adversarios y la prohibición del pluralismo político.

Con Iósif Stalin, aquella dictadura alcanzó dimensiones aterradoras. La colectivización forzosa, las deportaciones, las purgas, las ejecuciones y los campos de trabajo del Gulag provocaron millones de víctimas. La hambruna de 1932-1933, particularmente devastadora en Ucrania, figura entre los grandes crímenes y catástrofes del estalinismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el comunismo se extendió por Europa oriental, donde Moscú impuso o sostuvo regímenes subordinados a su influencia. Alemania Oriental, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria, conocieron diversas formas de sistemas de partido único, vigilancia política y restricciones a las libertades fundamentales.

En China, Mao Zedong estableció en 1949 otra gran dictadura comunista. Su variante maoísta exaltaba al campesinado revolucionario, la movilización permanente y la obediencia ideológica. El Gran Salto Adelante, iniciado en 1958, desembocó en una hambruna que costó decenas de millones de vidas. La Revolución Cultural, desde 1966, desencadenó persecuciones, humillaciones públicas, violencia, destrucción cultural y más de 30 millones de muertos.

El comunismo adquirió diferentes variantes: marxismo-leninismo soviético, estalinismo, maoísmo, trotskismo, titoísmo yugoslavo, eurocomunismo, comunismo libertario, castrismo cubano y juche norcoreano. Algunas corrientes defendieron mayor autonomía, pluralismo o democracia; otras llevaron la concentración del poder hasta extremos totalitarios. Ninguna se puede considerar democrática.

En Camboya, los Jemeres Rojos de Pol Pot protagonizaron entre 1975 y 1979 uno de los experimentos más criminales del siglo XX. La evacuación de ciudades, el trabajo forzoso, las ejecuciones y las hambrunas provocaron aproximadamente entre 1,5 y 2 millones de muertes.

En Cuba, Fidel Castro estableció un sistema comunista de partido único que suprimió la competencia política, subordinó la economía al Estado, persigue a opositores y disidentes y restringió libertades básicas. La Isla experimentó y sigue sufriendo dependencia exterior, emigración masiva, crisis productivas y profundas privaciones. Actualmente Cuba atraviesa la peor crisis de su historia. Sus defensores destacan avances iniciales en educación y salud, que hoy son cosa del pasado; sus críticos señalamos el elevado costo humano, político y económico del sistema.

¿Por qué fracasaron tantos experimentos comunistas? Ludwig von Mises identificó el problema del cálculo económico sin precios de mercado; Friedrich Hayek explicó que ningún organismo central podía reunir el conocimiento disperso entre millones de personas. Ambos advirtieron contra la planificación integral. Los regímenes comunistas que han logrado avanzar en lo económico (China, Vietnam), tuvieron que recurrir a métodos de economía de mercado, totalmente contrarios a la propuesta marxista.

Otro problema reside en pretender construir una sociedad perfecta ignorando aspectos persistentes de la conducta humana: diversidad de aspiraciones, ambición, interés personal, necesidad de autonomía y deseo de mejorar las condiciones propias y familiares. La cooperación es también profundamente humana, pero imponerla universalmente mediante la coerción puede producir desmotivación, simulación, corrupción y privilegios burocráticos. “El funcionariado autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre”. Afirmó José Martí.

Además, la proclamada dictadura del proletariado terminó convertida en dictadura sobre el proletariado. La prometida desaparición del Estado dio paso a Estados omnipresentes y flagrantes violadores de los derechos humanos. La igualdad proclamada coexistió con nuevas élites políticas, policiales y militares.

Entre sus críticos más incisivos destacan Mises, Hayek, Hannah Arendt, Raymond Aron, Aleksandr Solzhenitsyn, Václav Havel, Milovan Djilas, Leszek Kołakowski y George Orwell. Sus obras denunciaron, desde perspectivas diferentes, la planificación coercitiva, el terror, la mentira institucionalizada y la creación de clases privilegiadas. 

Orwell condensó magistralmente aquella contradicción en "Rebelión en la granja": «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros».

Hayek advirtió que el camino presentado como liberación podía conducir a la servidumbre. Solzhenitsyn, superviviente del Gulag, desnudó el universo concentracionario soviético. Havel explicó cómo los ciudadanos eran obligados a vivir dentro de la mentira. Djilas describió el surgimiento de una nueva clase dominante (y privilegiada), comunista.

El fracaso quedó simbolizado por la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991. 

En 2026, China, Vietnam, Laos, Cuba y Corea del Norte continúan gobernados por partidos comunistas o sistemas políticos derivados de esa tradición. China y Vietnam han incorporado amplios mecanismos de mercado, mientras mantienen el monopolio político de sus respectivos partidos. 

Otros movimientos comunistas subsisten en democracias, donde participan legalmente en la competencia política, pero no dejan de ser un peligro para la libertad.

Entre los numerosos chistes nacidos del comunismo soviético, uno resume brillantemente la contradicción entre propaganda y realidad: «¿Cuál es la diferencia entre el capitalismo y el comunismo? En el capitalismo, el hombre explota al hombre. En el comunismo ocurre exactamente lo contrario».

Detrás de aquella ironía permanece una lección histórica: ninguna promesa de igualdad justifica la abolición de las libertades y derechos fundamentales del ser humano, la persecución de los disidentes ni la entrega del poder absoluto a una élite que pretende gobernar eternamente en nombre del pueblo.

Los cubanos no tendremos una patria libre y próspera hasta que no erradiquemos el cáncer del comunismo.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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