Songo-La Maya: de los cañaverales al silencio

Central Baltonley, de Songo La Maya. © Cafetales e Ingenios de Cuba / Facebook
Central Baltonley, de Songo La Maya. Foto © Cafetales e Ingenios de Cuba / Facebook

Hablar de la industria azucarera en Santiago de Cuba y, en particular, en el municipio de Songo-La Maya, es desempolvar el recuerdo de una época donde el pitazo de las sirenas marcaba el ritmo de la vida económica y social.

Songo-La Maya, un territorio con una profunda vocación agrícola, fue orgullo de sus pobladores gracias a dos colosos que sostuvieron su florecimiento: el Central Los Reynaldos (fundado en el siglo XIX como San Manuel y vinculado a banqueros criollos y firmas azucareras hispano-cubanas) y el Central Salvador Rosales (creado a principios del siglo XX como Baltonley, bajo la estructura de la Baltonley Sugar Company y la Compañía Azucarera Maya S.A., (expropiado en 1960 sin indemnización para sus dueños).

​Durante más de un siglo, ambos ingenios pautaron el progreso de la región. Sin embargo, la "reestructuración" azucarera del año 2002 paralizó y desmanteló ambas plantas, reduciendo a Songo-La Maya a un mero territorio proveedor de caña y sumiendo a sus bateyes en la nostalgia y el estancamiento.

​Un análisis provincial revela las consecuencias de aquel desmantelamiento. De los antiguos centrales que operaban en Santiago de Cuba, la capacidad productiva actual ha colapsado a mínimos históricos. En la contienda 2024-2025, el Central Dos Ríos (en Palma Soriano) quedó como el único ingenio activo en toda la provincia. Su desempeño refleja la gravedad del colapso: de un plan proyectado de 20 811 toneladas de azúcar, el coloso apenas logró procesar cerca de 2 700 toneladas, un exiguo 13 % de cumplimiento, según recogió en su momento la agencia EFE. La poca caña que hoy se cosecha en los empobrecidos campos de Songo-La Maya debe ser traslada en largos y costosos trayectos hacia el central de Mella o Palma Soriano.

​Este desplome provincial se inserta en una catástrofe macroeconómica nacional. En la zafra 2024-2025, Cuba produjo por debajo de las 150 000 toneladas de azúcar, la cifra más baja registrada en más de un siglo. La gravedad del deterioro ha obligado al país a importar azúcar para intentar cubrir la cuota mínima de la canasta de racionamiento.

​El origen de esta parálisis es estructural. El principal cuello de botella no es solo la obsolescencia tecnológica de las instalaciones restantes, sino la drástica caída en el rendimiento agrícola. La carencia de fertilizantes, herbicidas y maquinaria, combinada con la migración masiva de la fuerza laboral del campo. 

En bateyes como Los Reynaldos y Salvador Rosales, la desaparición de los centrales cortó de raíz el tejido económico local, acelerando el despoblamiento rural y despojando a sus habitantes del orgullo laboral que definió a varias generaciones.

​La promocionada reconversión hacia cultivos varios, los encadenamientos productivos no han logrado la estabilidad que otorgaba la zafra.

La situación de la agroindustria azucarera en Songo-La Maya y en toda Santiago de Cuba es el reflejo nítido de un modelo agotado. Mientras las bateas continúen vacías y las chimeneas apagadas, el impacto en la riqueza del municipio y en la calidad de vida de sus ciudadanos seguirá siendo crítico.

Revertir este colapso implicaría una restructuración integral de la industria que combine inversiones profundas, modernización tecnológica, la rehabilitación sistemática de la masa cañera, una autonomía real para los productores y una reconversión urgente que devuelva la dignidad a quienes viven de la tierra y con la aspiración de que el silbato de Los Reynaldos y Salvador Rosales vuelvan a sonar. 

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Yusmila Reyna Ferrera

(1976) Cubana. Filóloga de profesión y activista de Derechos Humanos. Ejerció durante varios años el periodismo independiente e hizo labor de oposición dentro de UNPACU. Actualmente vive en Miami.






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