
La psicóloga y académica cubana Carolina Luz de la Torre Molina murió este viernes a los 79 años, al parecer a causa de un ataque cardíaco ocurrido en las primeras horas de la mañana. La noticia, confirmada por la Sociedad Cubana de Psicología, desató una ola de condolencias entre intelectuales, artistas, exalumnos y amigos de diversas generaciones, tanto dentro como fuera de Cuba.
Nacida en Matanzas en 1947, De la Torre se graduó de Psicología en la Universidad de La Habana en 1971 y obtuvo el doctorado en Ciencias Psicológicas en la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú en 1982. Desde 1983 ejerció como profesora titular en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, donde impartió durante más de cuatro décadas materias como Historia de la Psicología, Psicología Social y Psicología Política. Fue presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología y, al momento de su muerte, ostentaba la condición de Miembro de Honor de esa institución.
Entre sus obras más reconocidas figuran Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad (1996) —Premio de la Academia de Ciencias de Cuba, reeditado en Puerto Rico y Argentina— y Las identidades: una mirada desde la psicología (2002), galardonado con el Premio Nacional de la Crítica Científica y el Premio Catauro Cubano de la Fundación Fernando Ortiz. También dirigió el documental El accidente (2009), premiado en el Festival Nacional de Video de 2011.
Uno de sus trabajos más personales fue Benjamín. Cuando morir es más sensato que esperar, publicado en España en 2018. En él reconstruyó la historia de su hermano, un joven artista homosexual internado en las UMAP —campos de trabajo forzado creados por el régimen de Fidel Castro que funcionaron entre 1965 y 1968—, quien murió por su propia mano en 1968 tras sufrir discriminación y estigma. Carolina nunca logró publicar ese libro en Cuba.
Más allá de su trayectoria académica, De la Torre fue una voz crítica ante el régimen cubano. En agosto de este año escribió en Facebook que «ningún poder, por mantenerse, tiene derecho a dejar morir» a quienes debe servir, en alusión, al parecer, al gobierno de la isla. Y, en el mismo mensaje, con visos de apuntar al gobierno de Estados Unidos, dijo que «ningún poder, por derrocar a otro, tiene derecho a asfixiar a aquellos que dice querer salvar».
En marzo de este año también había respaldado a su hijo Abel Tablada, arquitecto y profesor de la CUJAE, tras la no renovación de su contrato docente por publicaciones críticas al gobierno.
Las reacciones de dolor ante su muerte se multiplicaron en las redes sociales. El periodista Wilfredo Cancio Isla, quien compartió el claustro con ella en la Universidad de La Habana entre 1983 y 1994, la describió como «intelectual lúcida, pensadora aguda en torno a la realidad de su país, y admirada por discípulos y amigos por su entrañable bondad y condición humana».
La académica e historiadora Alina Bárbara López Hernández escribió que «Carolina de la Torre, Carola, fue, ante todo, una buena persona. Justa, ética, con una actitud cívica que le ocasionó no pocos contratiempos en un escenario polarizado», y destacó que «siempre levantó su voz por causas justas, a contracorriente de conveniencias y de lo 'políticamente correcto'».
Desde La Habana, el realizador audiovisual Yasmani Castro Caballero señaló que con ella moría «una gran parte del legado pedagógico de la psicología cubana [...]. Lo más importante fue su condición de ciudadana cubana que siempre apostó por una idea de nación para todos».
El actor Luis Alberto García Novoa le dedicó palabras que condensan el sentir de muchos: «¡Cómo y cuánto nos duele […] no volver a escuchar tus consejos y tus piropos! ¡Tus clases de ética y cubanía! […] Adiós, Profe de tantos, Carolina de la Torre. Madraza. Alma Mater».
Por su parte, el economista Mauricio de Miranda Parrondo, apuntó que «Carola fue una mujer brillante y también de su tiempo. Contribuyó a la formación de varias generaciones de psicólogos en Cuba y deja un importante legado profesional y humano».
Para el actor Héctor Noas, con la profesora se va «una mujer y una amiga como pocas». Dirigiéndose a ella, directamente, Noas afirmó: «Sembraste amor, lealtad y sabiduría en cada uno de tus actos».
La Sociedad Cubana de Psicología destacó en su nota obituario que junto a la figura pública «habitaba una mujer de hondos sentimientos y una madre dedicada, que dedicó lo mejor de su vida a la educación y al bienestar de sus hijos». De la Torre deja cuatro hijos —Abel, Johana, José y Claudia— y varios nietos.
En una sociedad polarizada, destruida por años de dictadura y con hondas fracturas que van desde lo social a lo familiar, la imagen de la profesora Carolina de la Torre, madraza laboriosa, intelectual justa y sin extremismos, capaz incluso de hacer ciencia y pensar la sociedad mientras protegía y educaba a su numerosa prole, en la cual tenía, como Cuba misma, distintas tendencias políticas y orientaciones de vida; sea acaso un símbolo al que debamos acudir muchas veces.
En noviembre de 2025, desde Miami, había declarado a OnCuba, refiriéndose al legado a sus hijos cuando ya no estuviera: «Que, si alguna vez sienten que se alejan entre sí, recuerden a su madre y, en nombre de mi memoria, no se dejen de amar, como se aman ahora, por encima de lo diversos que son. Que nunca olviden que la familia no es solo la nueva que construyen, sino la que los formó dejando para ellos el orgullo de pertenecer».
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