
La diplomática cubana Johana Tablada de la Torre ha llevado en sus últimas publicaciones la defensa del régimen y de sus principales tesis propagandísticas a un terreno cada vez más personal y excluyente.
En las redes sociales de la funcionaria, determinadas discrepancias políticas ya no aparecen como opiniones que puedan coexistir, sino como incompatibilidades morales capaces de atravesar amistades e incluso relaciones familiares.
El ejemplo más explícito llegó el 31 de julio, cuando Tablada lanzó desde Facebook una suerte de ultimátum a sus propios contactos.
«Solicito respetuosamente que me cancelen nuestra amistad todos los "amigos" que apoyan y/o justifican la política y las medidas inhumanas y de genocidio de cerco económico y energético» contra Cuba, escribió.
La diplomática aclaró inmediatamente que no consideraba esa posición una discrepancia política ordinaria.
«Apoyar ese método para lograr fines políticos es una incompatibilidad de posiciones que no puedo superar. No es una simple diferencia de opinión o preferencia y elección de ideologías o política», afirmó.
Para Tablada, se trata de «un asunto de humanidad, o falta de ella».
También cuestionó a los cubanos que atribuyen responsabilidades al propio régimen por la crisis y cerró su publicación expresando el deseo de compartir su espacio con personas «honestas, con mejor calidad humana y respetuosas, valientes y empáticas».
La «intransigencia revolucionaria» llevada al terreno personal
La postura recuerda un concepto que el propio régimen cubano reivindica históricamente como virtud política: la «intransigencia revolucionaria».
El término continúa plenamente presente en la propaganda oficial. En marzo de 2026, Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, presentó la Protesta de Baraguá como «símbolo eterno de la intransigencia revolucionaria que guía a Cuba», asociándola a la negativa a claudicar o negociar principios considerados esenciales.
En las publicaciones de Tablada de la Torre, esa lógica parece extenderse más allá de la confrontación con Estados Unidos.
La diplomática reproduce la tesis oficial que atribuye fundamentalmente a Washington el deterioro de las condiciones de vida en Cuba, mientras reduce las responsabilidades del régimen a «errores» e «insuficiencias». Pero, además, convierte el desacuerdo con esa interpretación en un problema de humanidad, dignidad y calidad moral.
El resultado es una frontera cada vez más rígida entre quienes aceptan sus tesis y quienes las cuestionan.
Cuatro días después, el choque alcanzó a su madre
El 4 de agosto, esa dinámica adquirió una dimensión familiar.
Carolina de la Torre, madre de Tablada, publicó una reflexión que repartía responsabilidades entre dos poderes.
«Ningún poder, por mantenerse, tiene derecho a dejar morir a aquellos a quienes debe servir y salvar», escribió. Y añadió: «Ningún poder, por derrocar a otro, tiene derecho a asfixiar a aquellos que dice querer salvar».
El mensaje cuestionaba tanto a quienes gobiernan Cuba como a quienes pretenden provocar un cambio mediante la presión exterior.
Poco más de tres horas después, Johana Tablada publicó «Para cubanos y no cubanos», un texto que rechazaba precisamente esa equiparación de responsabilidades.
«Equiparar la responsabilidad del violador, del abusador con errores de la víctima es reprobable», afirmó.
La diplomática habló además de «cobardía» y de «enterrar la dignidad», y sostuvo que asumir esa posición supone «acabar por apoyar el crimen que contra Cuba y mi pueblo se comete».
Tablada de la Torre no mencionó expresamente a su madre, por lo que no puede establecerse como hecho que escribiera el mensaje para responderle. Sin embargo, la proximidad temporal y la correspondencia entre ambos argumentos hicieron de las publicaciones un evidente contrapunto entre madre e hija.
Una defensa del régimen con cada vez menos espacio para el desacuerdo
El tono no es completamente nuevo en Tablada. Durante los últimos meses ha protagonizado numerosas declaraciones en defensa de las tesis oficiales de La Habana y ha empleado fuertes descalificaciones contra quienes identifica como adversarios.
Ha llamado «cobarde y mentiroso» al secretario de Estado Marco Rubio, ha hablado de «matones» y ha descrito al funcionario estadounidense como «enfermo de ambición, complejo y odio». También afirmó que millones de cubanos estarían dispuestos a entregar sus vidas en defensa del sistema.
Pero sus publicaciones más recientes introducen un elemento diferente: esa lógica de confrontación ya no se dirige únicamente contra Washington, opositores o exiliados.
El 31 de julio alcanzó expresamente a sus amigos. Cuatro días después, una posición política muy similar a la que Tablada de la Torre acababa de declarar incompatible con sus relaciones personales fue defendida públicamente por su propia madre.
El contraste resulta especialmente significativo porque Carolina de la Torre ha realizado durante años críticas públicas al régimen, al igual que Abel Tablada, hermano de la diplomática, quien ha cuestionado el periodismo oficial, las instituciones y las prioridades económicas del gobierno cubano.
La «intransigencia revolucionaria» que el castrismo ha exaltado durante décadas como una virtud adquiere así en las redes sociales de una de sus representantes diplomáticas una dimensión mucho más íntima.
En el discurso reciente de Tablada de la Torre, defender a ultranza la llamada "revolución" parece dejar cada vez menos espacio para los matices, incluso cuando el desacuerdo aparece entre amigos o dentro de su propia familia.
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