
El medio estatal Radio Guamá celebró esta semana como un hito de modernización agrícola el uso de un dron para fumigar plantaciones de arroz en el municipio pinareño de Los Palacios. La respuesta de los cubanos en redes sociales fue inmediata: una mezcla de ironía, indignación y una pregunta que el reportaje oficial no se molestó en responder: «pero ¿dónde está el arroz?».
Según el reportaje del medio oficialista, una aeronave de la Empresa de Alta Tecnología Geo-Cuba —de fabricación china, con capacidad para 55 litros y régimen autónomo— ha fumigado con agroquímicos más de 250 hectáreas de arroz pertenecientes a la Unidad Empresarial de Base Semillas Cubanacán.
El usufructuario Dagoberto Remigio Echevarría describió la experiencia con entusiasmo: «Tuvimos la oportunidad de aplicar herbicidas primeramente en 200 hectáreas, ya hoy estamos en otra etapa con fungicida, plaguicida… Las ventajas son de todo tipo. Ya esto es una agricultura de precisión y agilizamos el trabajo, porque si hubiésemos tenido que hacerlo manualmente, hubiéramos demorado muchos días».
El productor añadió que el aparato fumigó 62 hectáreas en una sola jornada y que, además, suple la falta de boquillas, mochilas y otros implementos que escasean en el campo cubano. Un detalle que el reportaje oficial deslizó casi de pasada: la cosecha de esta campaña no irá a las bodegas ni al mercado popular, sino al proceso industrial para producir semillas destinadas a futuras siembras.
La nota fue compartida en Facebook por el periódico Guerrillero y desató una avalancha de comentarios que el oficialismo no anticipó. «En poco tiempo va a ser menos difícil comprar un dron que un saco de arroz», escribió un cibernauta. Otro fue más directo: «Y seguimos comiendo arroz importado. Ustedes no paran de hacer el ridículo».
Las críticas apuntaron también a un patrón que los cubanos conocen de memoria. «Esto me recuerda las máquinas que presentaron para cortar el Marabú; nunca más se supo de ellas […]. O el camión última tecnología para reparar los baches, nunca más se supo de él. Ustedes son vendedores de humo», resumió un comentarista.
Desde Pinar del Río, una residente fue más concreta: «Todavía de bodega nada, y el último que recibimos […] dijeron de Los Palacios, pero de malísima calidad, escogerlo daba horror». Otro cibernauta denunció que sus dos secaderos de arroz en la zona están paralizados —«uno a la mitad y otro al 95%»— y exigió que se atendieran antes de celebrar drones. «No les da pena publicar esto y el arroz está a 370 pesos», señaló un forista.
El contraste entre el anuncio y la realidad no podría ser más brutal. La producción nacional de arroz se desplomó de 304.000 toneladas en 2018 a apenas 79.000 en 2025, según cifras oficiales recogidas por la prensa. Cuba necesita unas 700.000 toneladas anuales de este cereal, por lo que la producción propia apenas cubre el 11,3 % de la demanda estimada. Mientras tanto, el arroz ha llegado a comercializarse a 400 pesos por libra, e incluso más en determinadas ofertas, frente a un salario medio mensual de 7.354 pesos cubanos en agosto de 2026, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
El vicepresidente Salvador Valdés Mesa prometió en noviembre de 2025 que Pinar del Río alcanzaría el autoabastecimiento de arroz en 2026. Esa promesa no se cumplió. «Muy bonito, mucha tecnología, y nada de arroz para el pueblo. […] Lo realmente visible y palpable es el precio súper elevado y el hambre que recorre las calles», escribió una cibernauta, con una precisión que ningún dron de última generación podrá desmentir.
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