
El médico cubano Daniel Del Toro González, quien trabaja en el Hospital Pediátrico de Las Tunas, volvió a denunciar las difíciles condiciones en que ejercen los profesionales de la salud en Cuba y explicó por qué muchos de sus colegas han decidido abandonar los hospitales para trabajar en mipymes, comercios y otras actividades que les permiten obtener mejores ingresos.
En una publicación compartida en Facebook, Del Toro respondió a quienes lo critican por quejarse constantemente de las dificultades del sistema sanitario cubano y le sugieren que abandone su profesión si está tan inconforme.
«Últimamente he leído en muchos de mis posts a personas criticándome por quejarme de trabajar en salud. Que si no me gusta, que me vaya; que si tanto me quejo, ¿para qué sigo haciéndolo?», escribió.
El pediatra lamentó que esas opiniones no procedan únicamente de personas afines al régimen cubano, sino también de otros usuarios que, según explicó, cuestionan el derecho de los profesionales sanitarios a denunciar sus condiciones laborales.
«Y, sinceramente, todavía no logro entender esa mentalidad», expresó.
Para Del Toro, el problema no es simplemente que los médicos estén insatisfechos con su trabajo, sino que deben ejercerlo con escasos recursos, dificultades económicas y una plantilla profesional cada vez más reducida.
«Hoy en día trabajar en la salud en Cuba casi se ha convertido en un lujo», afirmó con ironía.
El médico explicó que esa realidad implica atender pacientes «sin apenas insumos, muchas veces sin medicamentos y con un personal cada vez más escaso», condiciones que complican el trabajo cotidiano de quienes permanecen en los hospitales.
En su reflexión, señaló que numerosos profesionales han optado por abandonar el sector sanitario para dedicarse a actividades económicas que, aunque no requieren su formación médica, pueden proporcionarles una remuneración mayor.
Según Del Toro, algunos han dejado la bata blanca para incorporarse a mipymes, trabajar como dependientes o aceptar cualquier otra ocupación que les permita llevar más dinero a sus hogares.
El pediatra aseguró que comprende esas decisiones y manifestó su admiración por los colegas que han buscado otras alternativas laborales.
«Una gran parte de los médicos (y los admiro por haber tomado esa decisión) ha terminado colgando el estetoscopio y la bata para irse a trabajar a una mipyme, como dependiente o en cualquier otra cosa que les permita llevar algo más de dinero a casa», escribió.
La diferencia económica es, a su juicio, uno de los principales incentivos para cambiar de profesión.
Del Toro señaló que fuera de los hospitales es posible obtener mayores ingresos en efectivo, una ventaja importante en un país donde los salarios estatales han perdido considerablemente poder adquisitivo.
Pero el dinero no es la única razón que identifica. El pediatra también se refirió al trato que reciben algunos profesionales por parte de familiares de pacientes, quienes en determinadas circunstancias reaccionan con exigencias desproporcionadas e insultos.
Como ejemplo, mencionó situaciones en las que los acompañantes consideran que un episodio de fiebre infantil de pocas horas constituye una emergencia que exige atención inmediata y llegan a increpar al personal médico.
La observación refleja otro aspecto del desgaste profesional que denuncia: la presión de trabajar con recursos insuficientes y, al mismo tiempo, enfrentar la inconformidad de quienes acuden a los servicios sanitarios.
Del Toro no responsabilizó de manera general a los pacientes o sus familias, sino que utilizó esos episodios para ilustrar algunas de las situaciones conflictivas que viven los médicos durante su trabajo.
Su reflexión plantea entonces una pregunta: ¿por qué algunos profesionales continúan ejerciendo después de tantos años de sacrificios, bajos salarios y escasez de recursos?
«Por eso los que seguimos aquí continuamos al pie del cañón, haciendo lo que podemos con lo que tenemos, intentando ejercer una profesión que merece muchísimo más de lo que recibe», expresó.
El médico reconoció que ni siquiera resulta sencillo explicar las razones por las que permanece en un sistema sanitario cuyas condiciones critica abiertamente.
«Quizás porque estamos locos, porque somos demasiado tercos para aceptar que aquello para lo que estudiamos tantos años, aquello en lo que pusimos tanto esfuerzo y tanta vocación, termine reducido a esto», reflexionó.
El mensaje terminó con una frase cargada de humor e ironía que resume su agotamiento ante las dificultades laborales.
«Porque hoy en día, trabajar como médico en Cuba no sé si sea una cuestión de vocación, de masoquismo o si directamente debería incluirse como criterio diagnóstico de algún trastorno de la personalidad», escribió, acompañando sus palabras con un emoji de risa.
Esta no es la primera vez que Del Toro González explica públicamente por qué sigue ejerciendo la medicina a pesar de las dificultades.
En junio de 2026, el pediatra ya había respondido a quienes le preguntaban por qué continuaba trabajando en Cuba si se quejaba tanto de las condiciones.
En aquella ocasión defendió el compromiso con una profesión a la que dedicó años de formación y esfuerzo, incluso cuando las condiciones económicas del país parecían empujarlo a buscar empleo en el sector privado.
«Trabajamos porque nos gusta. Porque es nuestra vocación, más allá de los problemas económicos y de la realidad del país», expresó entonces.
Su denuncia tiene además un trasfondo económico que el propio médico ha explicado mediante comparaciones con los precios de los alimentos.
En septiembre, Del Toro utilizó el precio de una fritura de maíz para mostrar cuánto había disminuido el poder adquisitivo de su salario desde la implementación de la Tarea Ordenamiento.
Según su comparación, mientras una fritura que antes costaba un peso pasó a venderse por 30, su salario básico aumentó aproximadamente de 1,400 a 8,400 pesos cubanos.
«Las frituras multiplicaron su precio por 30... y mi salario por 6, aproximadamente», resumió en aquella publicación.
Un mes antes, el especialista había denunciado que su salario mensual no alcanzaba para comprar un paquete de pollo de diez libras, un recipiente de aceite y un cartón de huevos.
En esa ocasión tomó como referencia un salario básico de 8,500 pesos para un especialista de primer grado, frente a un costo conjunto de 10,500 pesos por el pollo y el aceite, sin incluir todavía los huevos ni otros alimentos esenciales.
«La utopía siempre fue pensar que íbamos a poder vivir del salario», concluyó entonces.
Del Toro también ha denunciado episodios relacionados con la seguridad de los trabajadores sanitarios.
En julio de este año, relató que un hombre se presentó en su vivienda con la intención de agredirlo, días después de que atendiera a un menor por molestias en un oído.
Según su testimonio, el paciente había sido remitido a una consulta especializada, pero sus familiares no siguieron inicialmente la indicación médica y posteriormente acudieron a su domicilio.
El incidente llevó al pediatra a reclamar mayor respeto y seguridad para quienes trabajan en el sector sanitario.
Vídeos relacionados:
Archivado en: