
Las parejas que deseen casarse en Manzanillo, Granma, deberán hacerlo a partir del próximo martes en un local de informática estatal: el Joven Club de Computación «Manzanillo 1».
El local, ubicado en la calle Villuendas esquina a Batería, será la nueva sede para formalizar matrimonios civiles en esa ciudad, en sustitución del tradicional Palacio de Matrimonios.
La abogada del Palacio, Estela Mompié Ramírez, confirmó el cambio a la prensa oficial local sin explicar las causas del traslado ni ofrecer un plazo concreto de regreso. Se limitó a calificar la medida de «temporal» y a precisar que el Joven Club atenderá a los interesados de martes a viernes, entre las 8:00 a.m. y la 1:00 p.m.
La registradora principal del Palacio, con más de 30 años en el cargo, señaló la dimensión simbólica de lo que se pierde con el traslado: «He casado a varias generaciones de abuelos, padres e hijos. Los manzanilleros poseen una cultura de casarse por el Palacio por lo cual me 'persiguen'. En la institución efectuamos medio centenar de uniones oficiales al mes», reveló al periodista oficialista Roberto Mesa Matos Manzanillo.
Esa tradición de décadas quedará interrumpida —sin fecha de retorno— en un local de computación, mientras el gobierno no ofrece explicación pública sobre la sotuación del edificio original.
Varios internautas en la publicación lamentaron el cambio de sede y señalaron como posible causa de la medida el deterioro del Palacio de Matrimonios, aunque esto no ha podido ser confirmado.
El deterioro de estas instalaciones es un fenómeno extendido en toda Cuba, reflejo de la incapacidad del Estado para mantener su patrimonio institucional.
En Sancti Spíritus, el Palacio permaneció cerrado cerca de dos años por deterioro severo y en septiembre fue entregado a una mipyme privada para su rehabilitación. En Holguín, la Empresa Provincial de Gestión de Inmuebles convocó una licitación para ceder la gestión del Palacio de la calle Maceo a actores privados.
En La Habana, el Palacio de El Vedado llegó a estar en ruinas por los años de abandono, hasta que un empresario italiano arrendó la mansión arrendada e impulsó la restauración con fondos propios. Una sección del inmueble continúa dando servicio público de casamientos.
La ironía del caso manzanillero es que la solución provisional tampoco es precisamente un espacio en condiciones: los Joven Club de Computación atraviesan su propia crisis de obsolescencia, con mantenimiento insuficiente y frecuentes interrupciones eléctricas.
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