
Residentes de San Juan y Martínez, en Pinar del Río, y del centro de Songo-La Maya, en Santiago de Cuba, denunciaron esta semana períodos de entre tres y cuatro meses sin acceso al agua por las redes de acueducto, según un reporte de la periodista Ivette Pacheco publicado en Martí Noticias.
En la zona La Estrella, del municipio de San Juan y Martínez, un residente identificado como Michel Valladares aseguró que las familias del área acumulan más de cuatro meses sin suministro en sus viviendas.
Según su testimonio, los vecinos hierven agua de lluvia para beber y cocinar porque no pueden asumir el costo de las pipas privadas, cuyo precio oscila entre 15,000 y 20,000 pesos cubanos, ni el de los tanques de 200 litros, que se venden entre 1,000 y 1,200 pesos.
Valladares señaló además presuntas irregularidades en la gestión local del acueducto y posibles conexiones ilegales a la red central que reducirían la presión del flujo, acusaciones que no han sido verificadas de forma independiente.
Desde el oriente del país, la activista y periodista independiente Yadira Serrano reportó que en el centro de Songo-La Maya el desabastecimiento se extiende entre tres y cuatro meses, con comunidades donde los problemas alcanzan hasta un año sin servicio regular.
Serrano explicó que los habitantes acuden a pozos artesanales o pagan entre 1,000 y 1,500 pesos por tanque a vendedores independientes, mientras que las pipas llegan a costar 15,000 pesos, cifras muy por encima de los salarios estatales promedio.
En la provincia de Granma, el activista Yurisnel Domenech informó desde Media Luna que varias zonas de la localidad acumulan entre cinco y seis días sin acceso al recurso, en sectores que anteriormente contaban con servicio.
La situación en Pinar del Río arrastra un deterioro documentado desde meses atrás. A mediados de octubre, siete equipos de bombeo averiados en las conductoras principales de la capital provincial y apagones de más de 16 horas diarias dejaron a comunidades enteras con entre 67 días y más de tres meses sin suministro.
En Songo-La Maya, el historial es igualmente grave: en mayo de 2026, residentes denunciaron más de 50 horas consecutivas sin electricidad ni agua, y en septiembre las autoridades locales reconocieron que el equipo de bombeo del municipio llevaba averiado desde comienzos de año.
El vínculo entre la crisis hídrica y los apagones es directo: el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos reconoció que más del 85% de las estaciones de bombeo del país dependen del Sistema Eléctrico Nacional para operar, y que los cortes eléctricos y las fallas en equipos explican el 88% de las causas del colapso en el abasto.
Las estaciones requieren entre 10 y 12 horas continuas de electricidad para presurizar la red, condición imposible de cumplir con los esquemas de apagones vigentes.
El organismo estatal admitió que alrededor de 2,5 millones de personas —el 32% de los clientes conectados a redes públicas— presentan afectaciones en el servicio de agua potable en todo el país, cifra que la ONU (OCHA) estimó en septiembre de 2026 podría alcanzar los 3,5 millones de afectados.
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