Miles de venezolanos se lanzaron a las calles de Caracas la noche del domingo para recibir a María Corina Machado, en una multitudinaria demostración de apoyo que marcó el regreso de la líder opositora a la capital tras casi diez meses fuera de su país y que plantea un nuevo desafío político al gobierno interino de Delcy Rodríguez.
Banderas venezolanas, luces de teléfonos móviles, gritos de «¡Libertad!» y una caravana de automóviles y motocicletas acompañaron la entrada de Machado a Caracas, después de una jornada de casi doce horas que comenzó en Barquisimeto y atravesó los estados de Lara, Yaracuy, Carabobo y Aragua.
Las imágenes difundidas por su partido, Vente Venezuela, y captadas por agencias internacionales muestran a la Premio Nobel de la Paz de 2025 asomada por el techo de un vehículo, saludando a sus seguidores y estrechando las manos de quienes se agolpaban a su paso. En algunos momentos, simpatizantes levantaron a sus hijos para que pudieran abrazarla.
En un reportaje que documentó la jornada, Bloomberg destacó que la recepción constituye una contundente demostración de la capacidad de convocatoria que conserva Machado, pese a su prolongada ausencia del país.
La movilización recordó las concentraciones que protagonizó la oposición durante la campaña presidencial de 2024, cuando Machado recorrió Venezuela en apoyo de Edmundo González Urrutia, después de que el régimen chavista le impidiera presentar su candidatura.
En Guacara, estado Carabobo, miles de personas se congregaron para recibirla y cantar el himno nacional, según constató la agencia AFP. A lo largo del recorrido, el tráfico quedó prácticamente paralizado en distintos tramos de las principales autopistas.
«Noche de reencuentro en nuestra Caracas. Por el reencuentro de cada familia, por la Libertad de cada preso político, por la Libertad de Venezuela», escribió Machado tras llegar a la capital.
La dirigente no pronunció un discurso político formal durante la jornada, aunque se espera que comparezca públicamente esta semana.
El regreso de una líder que amenaza con alterar el equilibrio político
Más allá del recibimiento multitudinario, el retorno de Machado introduce un elemento de presión sobre el proceso de transición que impulsan Estados Unidos y el gobierno de Delcy Rodríguez desde la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026.
Hasta ahora, Washington ha negociado principalmente con las autoridades chavistas que permanecen en el poder y con un sector opositor encabezado por Dinorah Figuera, mientras Machado y su movimiento político han quedado fuera de la mesa de conversaciones.
La líder denunció esa exclusión, aunque el Departamento de Estado aseguró que su partido había recibido una invitación para participar.
La demostración de fuerza popular del domingo podría modificar esa situación.
Según Bloomberg, Steven Levitsky, director del Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, considera que la presencia física de Machado en Venezuela tendrá importantes consecuencias para el equilibrio político.
El académico anticipó una considerable movilización popular en torno a la dirigente, capaz de modificar la correlación de fuerzas a favor de la oposición.
En una valoración coincidente, Risa Grais-Targow, directora para América Latina de Eurasia Group, sostuvo que el regreso aumenta la presión para establecer un calendario electoral y avanzar hacia unas elecciones presidenciales.
Sin embargo, la analista prevé que tanto Machado como Rodríguez eviten inicialmente una confrontación abierta, dado que ambas necesitan el respaldo de Washington.
El desafío para la presidenta encargada es evidente: la dirigente opositora a la que se había mantenido al margen de las decisiones sobre el futuro político venezolano vuelve a ocupar las calles con una capacidad de movilización que el gobierno no puede ignorar fácilmente.
El dilema de Trump y Delcy Rodríguez
El regreso de Machado ocurre cuando la administración de Donald Trump ha profundizado su cooperación económica con el gobierno interino chavista, especialmente mediante acuerdos petroleros, mientras mantiene como objetivo declarado una futura transición democrática.
La contradicción entre ambos planos ha alimentado las críticas de sectores opositores que temen que la estabilización económica y la continuidad de las actuales estructuras de poder terminen desplazando la celebración de elecciones.
La semana pasada, Trump calificó de «interesante» la posibilidad de que Delcy Rodríguez y Machado compitieran en unas presidenciales, aunque no anunció un calendario electoral ni expresó apoyo formal a ninguna de las dos.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, atribuyó el regreso de Machado a las conversaciones de reconciliación respaldadas por Estados Unidos, que, según afirmó, han permitido liberar presos políticos y facilitar el retorno de opositores exiliados.
La principal coalición opositora, la Plataforma Unitaria Democrática, presentó recientemente una hoja de ruta para la transición que reivindica expresamente el liderazgo de Machado y González Urrutia y exige elecciones libres, garantías constitucionales y el levantamiento de las inhabilitaciones políticas.
El gobierno de Rodríguez ha prometido elecciones, pero todavía no existe una fecha oficial acordada.
De la esperanza popular a las decisiones políticas
Las escenas del domingo también pusieron de relieve una dimensión humana que va más allá de la disputa por el poder.
Durante el recorrido, numerosos venezolanos expresaron a Machado su deseo de reunirse con familiares que emigraron durante los años de crisis económica y represión política.
En Barquisimeto, una madre le gritó «¡Tráeme a mis hijos!», una súplica que resume el drama de millones de familias separadas por el éxodo venezolano.
La expectativa de un cambio político convive, sin embargo, con dificultades económicas persistentes. Bloomberg citó una reciente encuesta de AtlasIntel según la cual el 84% de los consultados considera mala la situación económica nacional y el 82% mantiene esa percepción sobre el mercado laboral.
La consultora venezolana Polis advirtió a la agencia que el retorno de Machado puede alterar el equilibrio de poder entre el gobierno, la oposición y Estados Unidos, pero no significa que la transición democrática sea irreversible.
Su desenlace dependerá de las decisiones que adopten esos actores en los próximos días.
Por ahora, la llegada a Caracas ha devuelto a Machado algo que ninguna negociación diplomática podía garantizarle desde el extranjero: una presencia directa en las calles y una multitud dispuesta a respaldar sus exigencias de cambio político y elecciones libres.
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