Lejos de sus familias y sin protección: El angustioso testimonio de cubanas deportadas a África

Mujeres deportadas a África Foto © Instagram/Yasmany Moreno

Mujeres cubanas, peruanas y venezolanas recién llegadas a Bangui, capital de la República Centroafricana, viven en una situación de desamparo total tras ser deportadas desde Estados Unidos sin documentos, sin teléfonos y sin ningún tipo de protección legal, según videos publicados en Instagram por Yasmany Moreno de Armas, el migrante cubano que se ha convertido en el principal referente de apoyo humanitario para los deportados varados en ese país africano.

Las imágenes y testimonios, difundidos el domingo y este lunes, muestran a un grupo de mujeres de distintas nacionalidades, varias de ellas cubanas, que llegaron en vuelos de deportación recientes sin saber cuál sería su destino real.«Nos dijeron que íbamos para Miami, después que íbamos para México, y al final llegamos aquí, quedamos en África», relató una de las deportadas ante la cámara de Moreno.

Las deportaciones desde Estados Unidos continúan generando situaciones de vulnerabilidad extrema. Sigue toda la actualidad sobre este y otros casos en nuestra sección de Inmigración en EE.UU.

Otra mujer del grupo fue aún más directa: «Nos dijeron que para Miami y míranos aquí en África central, caballero. Esto aquí está del carajo. Esto es un secuestro».

Los testimonios describen un patrón sistemático durante los traslados: confiscación de pasaportes y teléfonos por parte de los agentes, violencia física y horas de viaje encadenadas. Una de las deportadas, identificada como «Yari», quien residía en Las Vegas desde hacía cuatro años, narró que fue golpeada por varios agentes masculinos cuando intentó resistirse.

«Me dieron golpes, me cogieron entre tres, me jalaron el pelo, me pusieron contra las ventanas del avión, horrible, me bajaron a la fuerza entre hombres», declaró.

Moreno mostró en sus videos los pies hinchados de algunas de las mujeres, que no podían caminar al llegar tras permanecer esposadas de manos y pies durante más de 25 horas. Entre las deportadas figura también una mujer venezolana de casi 70 años.

La situación de vulnerabilidad es extrema. Sin documentos de identidad, las mujeres quedan expuestas a detención arbitraria, secuestro o agresión sexual por parte de la policía local. El propio Moreno ha sido secuestrado en varias ocasiones desde que llegó a Bangui en agosto de 2026.

«Yo soy hombre, pero ella mujeres y las pueden agredir, hacerles mil cosas. Ella no tiene teléfono para poder hablar con su familia y con sus hijos», advirtió Moreno en uno de los videos.

El Departamento de Estado de EE.UU. mantiene para la República Centroafricana el nivel máximo de alerta —Nivel 4: «No viajar»— por conflicto armado activo, presencia de milicias, secuestros y terrorismo. Moreno reportó además un tiroteo ocurrido la noche anterior a la llegada del último grupo, cerca del edificio donde él mismo se aloja.

Ante la inacción institucional, Moreno ha asumido un rol de liderazgo que va mucho más allá de su propia situación de desamparo. Comparte su dinero y alimentos, recauda fondos en línea, visita centros de detención para monitorear el estado de los migrantes y gestiona visas humanitarias para reubicar a los deportados en países latinoamericanos. Este lunes publicó un video mostrando cinco teléfonos que compró para las mujeres del grupo gracias a donaciones de sus seguidores.

«Aquí estoy con las muchachas, cinco teléfonos les compré, miren, cada una con su teléfono. Muchas gracias, caballeros, muchas gracias por el apoyo», dijo Moreno en la grabación.

La llegada de nuevos grupos no se detiene. Entre el 21 y el 24 de octubre llegaron a Bangui vuelos masivos de deportados, incluyendo un vuelo procedente de Alexandria, Luisiana, con 90 migrantes, entre ellos 69 cubanos. Según datos de Human Rights Watch, entre enero de 2025 y agosto de 2026, EE.UU. expulsó a más de 500 personas a países africanos que no eran sus países de origen, en el marco de la política de deportaciones a «terceros países» de la administración Trump.

Moreno permanece en el continente apoyando a los nuevos grupos que siguen llegando, mientras su propio caso sigue sin resolverse: en septiembre le comunicaron que su expediente podría contener errores y que podría regresar a EE.UU. en un plazo de 30 a 60 días, pero ese retorno no se había confirmado al cierre de esta nota.

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