El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla publicó este martes en X un video en el que se muestra a sí mismo interrumpiendo al embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, durante el debate anual sobre el embargo a Cuba, y lo presentó como una defensa de la dignidad cubana frente a lo que calificó de «mentiras groseras».
El episodio, uno de los más caóticos en la historia reciente de la Asamblea General, ocurrió cuando Rodríguez y otros miembros de la delegación cubana se levantaron de sus asientos y avanzaron físicamente hacia el estrado donde Waltz intervenía. El presidente de la Asamblea, Khalilur Rahman, se vio obligado a suspender brevemente la sesión y le ordenó al canciller: «Por favor vuelva a su asiento».
La delegación cubana recurrió al menos tres veces a mociones de orden amparadas en el artículo 71 del reglamento, que prohíbe usar ese mecanismo para debatir el contenido sustantivo de un discurso. En todas las ocasiones la presidencia rechazó las objeciones y devolvió la palabra a Waltz.
Desde el micrófono, Rodríguez llamó mentiroso a Waltz: «Señor Waltz, usted miente otra vez. Le deseo un mejor desempeño en sus futuros cargos políticos. En el Consejo de Seguridad Nacional y aquí en Naciones Unidas su desempeño es muy pobre. Infórmese mejor».
El incidente no se limitó al pleno. Un integrante de la delegación cubana intentó arrebatarle el teléfono a J.P. Freire, portavoz de Waltz, mientras este grababa la confrontación desde la sala.
En su intervención, Waltz desplegó una ofensiva sin precedentes ante los embajadores del mundo: exhibió fotografías de relojes Rolex atribuidos a Fidel Castro valorados en 40,000 dólares —equivalentes, según sus palabras, a 55 años de salario promedio cubano—, imágenes de propiedades de la familia Castro e información sobre la isla privada Cayo Piedra.
También citó una investigación del Miami Herald que reveló que GAESA, el conglomerado militar del régimen, acumuló 18,000 millones de dólares en ganancias y 14,000 millones en efectivo en cuentas secretas.
Waltz cerró con un llamado directo a sus colegas: «Estos matones están pidiendo su voto. No le den a La Habana otra victoria de propaganda. No voten por el maltrato del pueblo de Cuba».
Tras el escándalo, Rodríguez publicó en X el video del enfrentamiento enmarcándolo como una victoria diplomática. En su mensaje acusó al gobierno estadounidense de lanzar «un nuevo intento desesperado por justificar la agresión económica contra Cuba» y calificó el discurso de Waltz de «circo mediático».
No hizo ninguna mención al carácter disruptivo de la maniobra ni a la orden de la presidencia de la Asamblea.
Este episodio es el más grave de una escalada sostenida a lo largo de 2026: en julio, Rodríguez ya intentó silenciar al representante estadounidense Jeffrey Bartos con dos mociones de orden; y el 19 de octubre, diplomáticos cubanos protagonizaron un acto de repudio en los pasillos de la ONU contra los ex presos políticos José Daniel Ferrer y Luis Manuel Otero Alcántara durante el foro «Cuba Libre».
La votación sobre la resolución anual —no vinculante y presentada desde 1992— estaba prevista para este miércoles. En 2025 obtuvo 165 votos a favor, el resultado más bajo desde 2010, frente a los 187 de 2024.
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