
El régimen cubano calcula que puede aguantar la presión de la administración Trump y espera que un eventual revés republicano en las elecciones de medio término del 3 de noviembre reduzca la prioridad de Cuba en la agenda de Washington, mientras la población de la isla vive una crisis que no admite esperas.
Así lo describe el corresponsal de CNN en La Habana, Patrick Oppmann, en un análisis publicado este miércoles.
La estrategia de La Habana es la misma de siempre: resistir y esperar al siguiente gobierno. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla lo dejó dicho sin ambigüedades: «Estoy convencido de que las políticas del Gobierno de Estados Unidos tienen que cambiar. Con este Gobierno, con el siguiente o con el que venga después».
Funcionarios cubanos citados de forma privada por Oppmann confían en que si Trump sigue empantanado en la guerra con Irán y los republicanos pierden los comicios del martes próximo, el cambio de régimen en Cuba podría descender en su lista de prioridades.
La apuesta del régimen se produce en medio de una semana de escalada diplomática sin precedentes. Trump amenazó en un mitin en Fort Myers, Florida, con detener un buque de guerra frente a las costas cubanas al regresar de Irán.
Rodríguez protagonizó un enfrentamiento con el embajador Mike Waltz en la ONU el martes, cuando intentó interrumpir su discurso y Waltz le respondió desde el podio: «Aléjese, esto no es La Habana». Al día siguiente, EE.UU. expulsó al diplomático cubano Richard Tur de la Concepción, acusado de agredir a un funcionario estadounidense durante el altercado.
Washington exige que La Habana abra su sistema político y su economía, permita el retorno e inversión de exiliados y rompa sus alianzas con Rusia y China.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio publicó un llamado directo en X para reclutar colaboradores dentro del régimen: «A quienes buscan generar un cambio positivo en Cuba: este es el momento. Aprovechen esta oportunidad para generar el cambio que desean mediante una colaboración discreta con la CIA».
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, respondió con sarcasmo: «Ahora EE.UU. recurre a anuncios públicos de reclutamiento. Debe haber mucho desespero y pobreza en las filas de la agencia cuando tiene que vender sus ofertas como pasta de dientes».
Mientras la dictadura maniobra en los foros internacionales, el contraste dentro de la isla es brutal. Oppmann describe una tienda gourmet en La Habana, abierta para las élites, donde se venden cortes de carne wagyu, caviar ruso y aceite de oliva español a precios equivalentes a unas 10 veces el salario mensual promedio.
Un cubano que entró al local miró el precio de un trozo de carne congelada y preguntó al dependiente: «Ese precio no puede ser correcto, ¿verdad?».
En la otra orilla, jubilados como Armando Ruiz hacen cola tres horas antes de que abra el banco para cobrar una pensión de 3.900 pesos mensuales, menos de cinco dólares al cambio informal, que este miércoles alcanzó un récord histórico de 850 pesos por dólar. «Solo alcanza para comer un poco», dijo Ruiz a CNN. «A veces uno se pregunta: ¿hasta cuándo puede seguir esto?».
El régimen ha anunciado reformas y ha reconocido por primera vez que los cubanos pueden acumular riqueza, pero la mayoría de la población denuncia que solo quienes tienen los contactos adecuados dentro del sistema logran beneficiarse.
Ya no es extraño ver mujeres con niños en brazos pidiendo limosna en semáforos mientras pasan Audis y Teslas nuevos, una imagen impensable hace apenas unos años.
Según la FIU Cuba Poll 2026, publicada el martes, el 77% de los cubanoamericanos de Miami-Dade apoya la política de máxima presión sobre La Habana y el 68% votará republicano el próximo martes, lo que sugiere que la base de apoyo a esa estrategia se mantiene sólida de cara a los comicios que el propio régimen cubano observa con atención.
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