El hambre obliga a cubanos a cazar palomas para poder comer

Cubanos cazan palomas para comer © Collage Food Monitor Program y EcuRed
Cubanos cazan palomas para comer Foto © Collage Food Monitor Program y EcuRed

La escasez de alimentos y los bajos ingresos han llevado a algunos cubanos a recurrir a una práctica de supervivencia que recuerda los años más difíciles del Período Especial: cazar palomas silvestres para llevar algo de carne a la mesa.

Con trampas artesanales colocadas en azoteas, balcones y patios, personas sin experiencia en la caza intentan conseguir alimentos que no pueden comprar con sus salarios o pensiones.

Un reportaje publicado por Food Monitor Program (FMP), titulado «La caza de palomas silvestres en Cuba. Crónica de una hambruna anunciada», documenta cómo la crisis alimentaria ha llevado a recuperar métodos rudimentarios de captura de aves, incluso en zonas urbanas donde tradicionalmente no formaban parte de la vida cotidiana.

Uno de los testimonios más reveladores es el de Arquímedes, un jubilado de 71 años residente en la ciudad de Guantánamo, quien trabajó durante toda su vida para el sector estatal y ahora se ve obligado a buscar alternativas para alimentarse.

«Inevitablemente terminé haciendo esto porque no tenía nada que comer», contó al medio independiente.

El hombre explicó que su pensión mensual es una cantidad que considera insuficiente para comprar productos básicos y, mucho menos, carne.

«Yo cobro una pensión de 5000 pesos cubanos y eso no me alcanza para nada», lamentó, al explicar las dificultades para conseguir arroz, azúcar y otros alimentos esenciales.

Arquímedes vive solo y reconoce que su hija le envía ocasionalmente algo de comida, pero no quiere depender completamente de ella porque también enfrenta dificultades económicas.

Por eso decidió comenzar a capturar palomas, aunque nunca imaginó que tendría que dedicarse a esa actividad después de toda una vida de trabajo.

Su objetivo no es conseguir grandes cantidades de carne, sino disponer de alguna proteína para preparar sus comidas. 

«Con dos o tres palomas se puede hacer una sopita muy buena», relató.

El testimonio muestra hasta qué punto la falta de recursos puede transformar la rutina de una persona mayor, que pasó de depender de su pensión a buscar alimentos mediante la captura de animales silvestres.

El reportaje describe el uso de trampas conocidas popularmente como «cimbras» o «caravanas», fabricadas con materiales sencillos como palos, alambres e hilos.

Estas estructuras se colocan en patios, balcones y azoteas, con pequeños cebos de pan o arroz para atraer a las aves.

FMP recordó que estas técnicas no son nuevas en Cuba: durante la crisis económica de la década de 1990 ya se utilizaron métodos similares, especialmente en zonas rurales, pero ahora el fenómeno aparece también en espacios urbanos y entre personas que anteriormente no practicaban la caza.

La organización relaciona esta situación con la pérdida del poder adquisitivo, el encarecimiento de los alimentos y las dificultades del sistema de distribución estatal para garantizar productos básicos.

El problema afecta particularmente a los adultos mayores que dependen de pensiones en moneda nacional y carecen de recursos suficientes para adquirir alimentos en el mercado privado.

El FMP advierte además sobre las consecuencias sanitarias de capturar y consumir aves silvestres sin controles veterinarios ni condiciones adecuadas de manipulación.

El contacto con excrementos de palomas puede representar un riesgo para la salud, entre otras razones por la posible presencia de hongos asociados a enfermedades como la criptococosis.

La manipulación y preparación inadecuadas de animales silvestres también pueden favorecer la exposición a otros agentes infecciosos.

La captura de palomas se suma a otras prácticas de obtención de carne mediante la caza de animales que han sido documentadas anteriormente en Cuba.

En noviembre de 2025, FMP denunció la captura de aves, gatos e iguanas, así como la pesca con sustancias químicas peligrosas, entre las estrategias utilizadas por algunas personas para obtener alimentos.

El informe advertió que la escasez de proteínas y las dificultades económicas estaban contribuyendo a la aparición de prácticas que también representan riesgos para el bienestar animal, la conservación de especies y la salud humana.

Otro antecedente se registró en Camagüey. En mayo de 2020, se conoció que campesinos del municipio Céspedes habían retomado la caza y el consumo del majá de Santamaría, una boa endémica de Cuba, ante la escasez de productos alimenticios.

La práctica, que había formado parte de antiguas costumbres rurales, reaparecía entonces como alternativa para conseguir carne en medio de la crisis económica.

En julio de 2024, protectores de animales denunciaron el aumento de la captura de gatos destinados al consumo humano en Guantánamo, una situación que generó preocupación entre propietarios de mascotas y organizaciones defensoras del bienestar animal.

Las denuncias recogidas entonces por medios independientes describían cómo la escasez de alimentos había llevado a algunas personas a recurrir a estos animales, pese a los riesgos sanitarios y los conflictos éticos que implica su sacrificio.

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