El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla concedió una entrevista exclusiva a The New York Times desde la misión cubana ante la ONU en Nueva York, en la que defendió la apertura económica del régimen pero trazó una línea roja: «Abre muchísimas nuevas oportunidades al capital privado, a los inversionistas extranjeros, a compañías de distintos países. Pero la economía cubana seguirá siendo socialista».
La entrevista, realizada el 26 de octubre y publicada el jueves, llega en uno de los momentos de mayor tensión diplomática entre La Habana y Washington en décadas, marcado por sanciones crecientes y una semana de choques directos en la sede de las Naciones Unidas.
Rodríguez, de 68 años y 17 al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, reconoció que nunca había enfrentado una campaña de presión estadounidense tan intensa, pero insistió en que la estrategia del régimen es simplemente resistir: «Por el tiempo que haga falta. La política de los Estados Unidos contra Cuba va a cambiar. Tendrá que cambiar, es inevitable que cambie».
Su argumento central es que seis décadas de presión no han doblegado a La Habana. «En estos 60 años, hasta hoy, la política de Estados Unidos contra Cuba no ha funcionado. Y la política de resistencia y adaptación de Cuba ante esa agresión sí ha funcionado y ha sido exitosa», afirmó.
Sobre las 176 medidas económicas aprobadas en junio —las más radicales desde 1959, que incluyen bancos privados y venta de acciones de empresas estatales—, el canciller rechazó que respondan a presiones de Washington y las presentó como una respuesta a desafíos económicos globales, en línea con lo que Miguel Díaz-Canel sostiene: que no hay reformas capitalistas en Cuba, sino «concesiones necesarias» para proteger el socialismo.
Rodríguez llegó incluso a invitar a empresas estadounidenses a invertir en la isla, aunque con condiciones: «No habría que permitir ni que Estados Unidos controle sectores de la economía cubana. Pero sería bienvenida la presencia de sus compañías que reconocemos como competitivas en la economía cubana».
La entrevista se publica días después de un tenso altercado en la ONU entre Rodríguez y el embajador estadounidense Mike Waltz, cuando miembros de la delegación cubana comenzaron a gritar y golpear la mesa durante el discurso del diplomático norteamericano. Un integrante de la delegación le gritó a Waltz «¡Es usted un mentiroso!», y este respondió: «¡Regrese a su puesto! ¿Entiende con quién está tratando?». Washington expulsó al diplomático cubano Richard Tur de la Concepción tras el incidente.
Ese mismo miércoles, la resolución anual de la ONU contra el embargo obtuvo solo 130 votos a favor —el nivel más bajo desde 1995—, con 17 países en contra y 25 abstenciones, entre ellas la de Alemania por primera vez desde 2002.
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, calificó al gobierno cubano de «fallido régimen» que «sigue culpando a Estados Unidos y a todos los demás de su propia incompetencia y corrupción». El secretario de Estado Marco Rubio, cuyo llamamiento público para reclutar informantes en Cuba Rodríguez tildó de «infantil», fue tajante: «Creemos que Cuba necesita un cambio muy drástico».
Analistas independientes cuestionan la viabilidad de la apuesta del régimen. Ric Herrero, director del Cuba Study Group, resumió el panorama con dureza: «Es fácil para Bruno afirmar que están ahí resistiendo cuando quienes realmente están sufriendo las consecuencias son el pueblo cubano. La cruda realidad es que Cuba está sola. Pueden resistir, pero se trata simplemente de un declive controlado. En última instancia, se dirigen hacia el abismo».
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