El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el canciller ruso Serguéi Lavrov mantuvieron una conversación breve e informal durante la recepción de bienvenida de la reunión ministerial del G20, celebrada la noche del viernes en el Acuario de Georgia, en Atlanta, según recogieron el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y la agencia Russia Today (RT).
Rubio se apresuró a aclarar el alcance del intercambio en la rueda de prensa final del encuentro, celebrada este sábado. «Con Lavrov no tuvimos una reunión; hablamos», dijo el jefe de la diplomacia estadounidense, quien precisó que entre los temas abordados estuvo la posibilidad de que el presidente Donald Trump y el mandatario ruso Vladímir Putin coincidan en la cumbre de la APEC el mes próximo.
«Hablamos brevemente sobre la oportunidad de que nuestros líderes potencialmente interactúen en APEC el próximo mes», precisó.
El canciller ruso viaja con escasa frecuencia a países de la OTAN desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Rubio defendió su invitación con un argumento directo: «¿Cómo va a haber un acuerdo negociado si no puedes hablar con las dos partes?»
Esa misma presencia desató una crisis diplomática desde el primer día. Más de un tercio de los participantes amenazó con no aparecer junto al canciller ruso en la fotografía de grupo tradicional, lo que llevó a Rubio a cancelar la instantánea para evitar que el incidente ceremonial opacara las conversaciones de fondo.
El ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, fue categórico: «No hay normalidad con Rusia». El polaco Radosław Sikorski, presente por primera vez como invitado al G20, respaldó la cancelación y reconoció que no era el único que se negaba a fotografiarse con Lavrov.
«Tenemos guerras en curso y participantes en esas guerras sentados a la mesa, así que es muy difícil acordar una línea común», señaló.
Lavrov, por su parte, restó importancia al episodio y valoró positivamente el enfoque de la presidencia estadounidense.
«Apoyamos el principio de despolitizar los debates y concentrarse en los temas acordados para la agenda del G20», declaró el canciller ruso ante la prensa, según recoge el comunicado oficial del Ministerio de Exteriores de Rusia. Sin embargo, su postura sobre Ucrania no cedió un milímetro: «Rusia no permitirá una situación en la que Ucrania suponga una amenaza militar para los legítimos intereses de seguridad de la Federación Rusa».
La reunión de dos días concluyó sin comunicado conjunto, sustituido por una declaración de la presidencia que enumeró prioridades —seguridad energética y alimentaria, libertad de navegación, cadenas de suministro— pero no recogió acuerdos concretos, según recogió la agencia AP.
Las divisiones sobre la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio y los aranceles estadounidenses pesaron sobre cada sesión.
Rubio fue sobrio al valorar el resultado. «No pretenderé hoy que estamos cerca de encontrar soluciones universalmente aceptadas a estos problemas», admitió.
Sobre Ucrania fue aún más directo: «No sé si una paz negociada es alcanzable. Eso es lo que estamos intentando averiguar, pero no creo que nadie aquí afirme que estamos al borde de un acuerdo negociado».
Paralelamente a las tensiones diplomáticas, el Departamento de Estado aprobó el viernes una posible venta de 500 interceptores Patriot a Ucrania valorada en aproximadamente 2,100 millones de dólares, señal de que Washington mantiene cierto respaldo a Kiev pese a los canales abiertos con Moscú.
Atlanta fue, en definitiva, un ensayo general para la cumbre de líderes del G20 que Trump tiene previsto organizar en diciembre en el complejo Trump National Doral, en Miami, donde EE.UU. espera que Putin acepte la invitación y se siente a negociar. Rubio reconoció este sábado que aún no sabe si el presidente ruso asistirá.
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